El drama de la deuda en barrios populares: cuando el ajuste no alcanza y el crédito informal se vuelve la única salida

Mientras Milei insiste en que nadie puso una pistola en la cabeza, un informe revela que 6 de cada 10 hogares de barrios populares se endeudan para comer. ¿Qué hay detrás del récord de mora?

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El drama de la deuda en barrios populares: cuando el ajuste no alcanza y el crédito informal se vuelve la única salida
El drama de la deuda en barrios populares: cuando el ajuste no alcanza y el crédito informal se vuelve la única salida

La frase del presidente Javier Milei, “nadie les puso una pistola en la cabeza”, contrasta con una realidad cada vez más cruda para miles de familias argentinas. Según un informe del Instituto Universitario CIAS, 6 de cada 10 hogares de barrios populares del AMBA tuvieron que pedir dinero prestado para cubrir gastos básicos como comida, remedios o servicios, incluso después de haber recortado consumos esenciales.

La deuda dejó de ser una herramienta para adquirir un electrodoméstico o afrontar un imprevisto y se convirtió en el único mecanismo para llegar a fin de mes. El endeudamiento, que antes era excepcional, ahora se ha vuelto estructural: los ingresos no alcanzan y el ajuste ya no da para más.

¿Qué revela el informe sobre el ajuste y el endeudamiento?

El relevamiento, realizado entre mayo y junio de este año, consultó a jóvenes de 16 a 24 años de barrios populares del Área Metropolitana de Buenos Aires. Los resultados son contundentes: el 75% de los jóvenes consideró que la situación económica empeoró en los últimos doce meses. Además, seis de cada diez señaló que su hogar tuvo que reducir el consumo o el gasto en algún rubro corriente.

El ajuste golpea directamente las necesidades básicas: el 40% de los hogares redujo el gasto en alimentos, el 18% en ropa o calzado, el 17% en recreación y el 14% en servicios como luz, gas, garrafa o telefonía. Antes de recurrir al crédito, las familias recortan todo lo que pueden, incluso lo más esencial para subsistir. Pero cuando esos recortes no alcanzan, aparece la deuda.

En este contexto, el 57% de los jóvenes afirmó que su hogar tuvo que pedir plata prestada o tomar un crédito para afrontar gastos cotidianos. La relación entre ajuste y endeudamiento es directa: entre los hogares que redujeron su consumo, el 66% también se endeudó.

¿Cómo se financia la vida cotidiana en los barrios populares?

Cuando el crédito formal no es accesible o suficiente, la deuda no desaparece, cambia de lugar. El informe del CIAS evidenció que, entre los hogares que tomaron deuda, el 68% recurrió a familiares o amigos, el 39% a prestamistas del barrio, el 21% a billeteras virtuales y el 18% a tarjetas de crédito. Un circuito financiero paralelo, sostenido por vínculos familiares, relaciones de cercanía y plataformas digitales, se ha vuelto el principal sostén de la vida cotidiana.

En ese entramado, la frontera entre “crédito” y “ayuda” se vuelve difusa. Pedirle dinero a un familiar, comprar fiado o recurrir a un prestamista cumplen la misma función: conseguir liquidez cuando el ingreso mensual ya fue absorbido por los gastos básicos. Los canales informales son utilizados con mucha mayor frecuencia que las tarjetas, lo que refleja la magnitud del fenómeno.

¿Qué dicen los números del Mapa de la Deuda?

El Mapa de la Deuda, elaborado por el Centro de Estudios para la Ciudad y la Fundación Friedrich Ebert, graficó la realidad argentina: entre julio de 2024 y junio de 2026, la deuda real creció 85,6%, mientras que la deuda en mora aumentó 793,8%. La tasa de mora pasó de 3,6% a 17,5%. En junio de 2026, 19.661.610 personas tenían deuda y 4.907.603 estaban en mora. El stock real alcanzó los $52 mil millones y la deuda real en mora los $9,1 mil millones.

El problema es que la deuda tomada para financiar una compra excepcional puede cancelarse con ingresos futuros, pero la utilizada para comprar alimentos, pagar servicios o llegar a fin de mes necesita renovarse una y otra vez. El resultado es un circuito que se retroalimenta: ingresos insuficientes, ajuste del consumo, deuda para cubrir gastos básicos, acumulación de obligaciones y, finalmente, mora.

La discusión, entonces, no pasa solamente por cuánto deben los sectores populares, sino por qué necesitan endeudarse para vivir. El dato más contundente del relevamiento es que más de la mitad de los hogares consultados tuvo que recurrir al préstamo o al crédito para comer, comprar un remedio o pagar el transporte.

En definitiva, la situación de los barrios populares evidencia que las familias se ven obligadas a tomar deuda por las consecuencias de un modelo económico que genera empleos cada vez más precarios, peor remunerados e inestables, ingresos estancados y trabajadores que, aun duplicando su jornada laboral, no llegan a comprar lo básico para subsistir.

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