El dolor de los ricoteros en la Plaza de Mayo: “Transmitía valores, era más que música”
¿Qué llevó a cientos de ricoteros a reunirse en Plaza de Mayo? Entre lágrimas y canciones, los fanáticos del Indio Solari compartieron testimonios que revelan un legado que va más allá de la música.
Cientos de fanáticos del Indio Solari colmaron la Plaza de Mayo para despedirlo en una “misa ricotera” espontánea. Entre lágrimas y canciones, los seguidores de distintas generaciones compartieron su amor por el ídolo que marcó la cultura argentina.
La convocatoria, que surgió de manera natural en redes sociales, reunió a personas de todas las edades que llegaron con banderas, bombos y remeras al centro porteño. El motivo: rendir homenaje al líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, fallecido a los 77 años en su casa de Parque Leloir.
“Venir acá es duelar en comunidad, es honrarlo, es abrazarlo y abrazarnos”, dijo una seguidora con la voz quebrada. Otra fanática agregó: “Estamos acá para agradecerle por todo lo que significa en nuestra vida desde siempre”.
¿Cómo fue la despedida?
Desde las 18, los fanáticos comenzaron a llegar a la plaza. Pronto, parlantes distribuidos por el lugar empezaron a sonar con clásicos como “Ji Ji Ji”, “Juguetes perdidos”, “Un ángel para tu soledad” y “La bestia pop”. Cada estribillo se convertía en un coro espontáneo que unía a los presentes.
Muchos cerraban los ojos y se dejaban llevar por la música, reviviendo recitales pasados. “Tengo mucha tristeza y esa sensación fea de que se van los buenos artistas”, expresó una mujer mientras las lágrimas recorrían su rostro.
El legado que trasciende generaciones
Entre la multitud, las historias de padres e hijos eran recurrentes. Una mujer recordó que el último show al que asistió fue en Tandil, en 2011, y que aquel día le compró una remera ricotera a su hija, que entonces tenía menos de cinco años. “Va más allá de la música, el Indio transmitía valores”, afirmó mientras abrazaba a la nena.
Otra familia, con un bebé de apenas dos años en brazos, contó: “Se sabe las canciones y tiene una remera con la cara del Indio”. Explicaron que las canciones del músico forman parte de su vida cotidiana y que esperan transmitir ese cariño de generación en generación.
Pero también hubo casos inversos: una mujer llegó a la obra del Indio gracias a sus hijos. Lo que empezó como curiosidad se convirtió en admiración profunda. Al enterarse de la convocatoria, no dudó en acercarse para formar parte de una despedida que definió como “necesaria”.
Una comunidad que no se rinde
La tarde noche avanzó entre emociones contrapuestas. Mientras algunos permanecían abrazados en silencio, otros elegían celebrar: cantaban, levantaban banderas y compartían anécdotas de recitales pasados. “Fue una sorpresa porque sentí que es el fin de una era, porque es de esos artistas que son irrepetibles”, manifestó una fanática con nostalgia. “Adonde quiera que esté, el Indio vive en nuestras almas”, dijo otra entre lágrimas.
El adiós al Indio no fue una despedida convencional: fue el encuentro de una comunidad masiva e irrepetible que encontró refugio en sus canciones. Aun atravesada por la ausencia, decidió recordarlo con su obra inigualable para la cultura argentina.