El dólar que todos miran: la pelea silenciosa que define el año electoral
¿Quién se queda con los dólares que la economía genera pero no derrama? La fuga mensual ya ronda los 3.000 millones y los vencimientos de deuda de 2027 suman casi 25.000 millones. La pelea silenciosa que define el año electoral.
Mientras el gobierno se aferra al ancla cambiaria para domar la inflación, los dólares que genera la economía se escapan por otro lado. La "formación de activos externos" —esa fuga que no se detiene— ya ronda los 3.000 millones de dólares mensuales, y con un dólar barato y la incertidumbre electoral en el aire, la dolarización de carteras amenaza con profundizarse.
El dato no es menor: los vencimientos de deuda de 2027 suman casi 25.000 millones de dólares. Más precisamente, 24.900: 15.700 de capital y 9.200 de intereses. La pregunta que sobrevuela los mercados es cómo se resuelve esa demanda de divisas. O, dicho de otro modo, quién se queda con el excedente.
El concepto de "excedente" no es nuevo. Nació con la agricultura, cuando las sociedades empezaron a producir más de lo que necesitaban para subsistir. Ese plus permitió sostener burocracias, milicias y élites sacerdotales. El poder, desde entonces, se disputa en torno a su reparto. Trasladado al presente argentino, la historia se repite: lo que está detrás de cada pulseada política es la pelea por los dólares que genera la economía.
A casi tres años de la experiencia libertaria, los dólares no derraman. Los tres sectores dinámicos —agro, minería e hidrocarburos— ya no alcanzan para sostener el crecimiento del PIB, que coquetea con la recesión técnica. Al mismo tiempo, las actividades vinculadas al mercado interno —industria, construcción y comercio— no dejan de achicarse. El resultado: caída de la demanda agregada, cierre de empresas, aumento del desempleo y un desánimo social que crece.
Mientras tanto, el gobierno repite cifras que la calle ya no escucha. La credibilidad se resquebraja. Hay un mundo de funcionarios y voceros, y otro muy distinto en la vereda de enfrente.
El riesgo país y la sombra de Trump
Los precios internacionales de las exportaciones vuelan y los términos del intercambio nunca fueron tan favorables. El viejo problema de la restricción externa parece conjurado. Sin embargo, los dólares pasan de largo.
El gobierno no acumula reservas porque sabe que su demanda de divisas compite con la de los privados. Y los mercados empezaron a reaccionar: el riesgo país sube, un círculo vicioso que retroalimenta la incertidumbre. Bonos como los Globales 2030 ya pagan tasas de dos dígitos. Los bancos de inversión, como JP Morgan, comenzaron a aconsejar bajar la exposición a la deuda argentina.
El contexto global agrega otro condimento. Si Donald Trump pierde las elecciones intermedias —como indican las encuestas y la tendencia de las apuestas—, los mercados financieros dejarán de ver a Estados Unidos como garante de última instancia de la deuda argentina. Sin el apoyo de Trump no habrá red de contención. La fecha clave es el martes 3 de noviembre, pasado mañana. Por eso ya hay capitales que buscan ponerse a resguardo.
El problema es que esa necesidad de divisas contrasta con las urgencias locales: sostener un tipo de cambio sobrevaluado, la fuga preelectoral y los vencimientos de deuda.
Economistas nerviosos y pescadores de río revuelto
La inestabilidad mantiene muy nerviosa a la casta de economistas ortodoxos que hasta ayer festejaban el programa libertario. Hoy, al igual que los acreedores, buscan refugio. En el establishment ya se preguntan cómo continuar el modelo de Milei sin Milei. Pelearse con Rocca o Madanes Quintanilla, "chatarrín y gomito", puede ser una anécdota, pero juega en contra cuando las papas queman.
La historia es conocida: cuando los ajustes ortodoxos fracasan, conducen a la recesión y solo dejan como saldo el aumento del endeudamiento, la culpa se desvía a la ejecución defectuosa. El discurso sigue siendo persistir porque, contra viento y marea, "los votantes ya entendieron que hay que mantener la disciplina fiscal", aunque se excluya de la ecuación fiscal la variable ingresos y su relación con el PIB.
Por otro lado, en los momentos críticos reaparecen los pescadores de río revuelto. Son los Cavallo de la vida que sostienen que la solución es seguir liberalizando, incluso las restricciones a la compra de divisas para las empresas. Se prevé que esta liberalización disparará el tipo de cambio y, con ello, la inflación. Pero como el nuevo tipo de cambio será, ahora sí, el verdadero, generará certidumbre. Un salto por única vez que luego llevaría a una estabilización vía nuevo ingreso de capitales e inversiones.
Sin debatir aquí los supuestos y efectos macroeconómicos de profundizar la liberalización, la conclusión preliminar es que toda la profesión de economistas, ortodoxos y heterodoxos, ya asumió que el modelo del oficialismo fracasó y que, más temprano que tarde, será necesario un reseteo.
La alternativa es la de siempre cuando, en el año tres, los modelos no funcionan: prolongar el statu quo de la agonía a la espera de un resultado electoral milagroso que permita continuar el modelo por otros medios.