El dólar que le llega a Milei ahora pasa por revisión: quién frenó la ayuda clave
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El dólar que le llega a Milei ahora pasa por revisión: quién frenó la ayuda clave

927 puntos de riesgo país, la inversión privada en caída y los aliados de Milei en el mundo perdiendo elecciones uno tras otro. La semana que encendió las alarmas y el nombre que ya se usa para nombrar el problema.

La semana dejó al gobierno libertario con una certeza incómoda: los aliados internacionales que sostenían a Javier Milei empiezan a caerse uno por uno, y el impacto ya se siente en los números de la economía argentina.

El detonante más visible fue la crisis financiera en Paraguay, con la intervención del Ueno Bank por parte del Banco Central de ese país. La entidad arrastraba un deterioro severo de solvencia e inconsistencias, y administraba cuantiosos recursos del Estado. La decisión derivó en el congelamiento temporal de operaciones y en la activación del fondo de garantía.

Los afectados rondan los 3 millones de clientes. El terremoto salió del terreno financiero y aterrizó en la política: el presidente Santiago Peña presentó su renuncia alegando que buscaba preservar la estabilidad, la paz social y las instituciones democráticas. La Cámara de Diputados votó por unanimidad el juicio político pese a la dimisión, una sanción política que también pasó por el Senado.

El modelo que Milei elogiaba

El caso paraguayo pone a prueba un sistema financiero que el propio Milei presentaba como ejemplo de estabilidad macroeconómica, orden fiscal y libertad de inversión. Sobre esa relación había construido una alianza con Peña, hoy caído en desgracia.

La secuencia no es aislada. El presidente argentino apoyó a Donald Trump y a Jair Bolsonaro, y ambos sufrieron derrotas contundentes. Abrazó a Benjamín Netanyahu y este ganó sin mayoría para formar gobierno. Ponderó a Paraguay y Peña renunció. El patrón se repite: toda proximidad del mandatario argentino parece traducirse en un resultado negativo para sus socios.

La extrema derecha pierde terreno

En el mundo se registra una frustración creciente de la ciudadanía hacia la derecha más extrema, la misma bandera que levanta Milei, y eso impacta de lleno en las urnas. La derrota de Trump en Estados Unidos llegó después de la remontada electoral de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil.

El consultor Gustavo Córdoba anticipó desde Estados Unidos, horas antes del resultado, lo que llamó “el principio del fin de cierta extrema derecha en el mundo”. Nadie imaginaba una paliza tan contundente. El repaso incluyó a figuras de ideología similar.

Hay otro factor que se repite en las principales ciudades brasileñas: el progresismo y los independientes volvieron a copar las calles, como hicieron los seguidores de Lula. La movilización es algo que a la derecha nunca le cayó bien, y en la Argentina de Milei se instaló un sistema para reprimir cualquier manifestación popular.

El control también se les escapa en las redes. La campaña del reelecto presidente brasileño tuvo como motor al diputado izquierdista André Janones, que convirtió un canal abierto de WhatsApp en un verdadero “Ejército de Lula”. Por eso lo rebautizaron como el “general”.

Janones es la estrella del momento y esta semana fue recibido en Argentina por Cristina Kirchner y Sergio Massa. Para ambos dirigentes significó volver a compartir agenda después del reencuentro del 17 de octubre. Según afirman, el “general” les detalló cómo avanzar en la construcción de un frente nacional anti-Milei de cara al próximo proceso electoral.

Riesgo país en 927 puntos

El martes 3 de noviembre, mientras Estados Unidos votaba, el riesgo país argentino se disparaba y los bonos y acciones caían en la City. Al conocerse los resultados, se confirmó que los demócratas ganaron con contundencia ambas cámaras. El jueves el riesgo país trepó a los 927 puntos básicos y los bonos y acciones volvieron a caer.

La paliza electoral contra los republicanos es multicausal. Los problemas económicos derivados de la guerra con Irán impulsada por Trump tuvieron consecuencias: el aumento histórico del combustible que usan las familias para moverse y el diésel para el agro, la inflación que golpea el costo de vida y la política agresiva contra los inmigrantes. Los jóvenes, que habían sido su fuerte hace dos años, lo abandonaron mayoritariamente.

No fue un hecho aislado. En diez días, Lula ganó en Brasil por más de cuatro millones de votos, Flávio Bolsonaro terminó fugado en Miami y Netanyahu ganó en Israel sin mayoría para formar gobierno, un triunfo pírrico. Los referentes del mundo ideológico de Milei cayeron casi todos a la vez.

Milei ató su política exterior a esos nombres: alineamiento automático con Trump y Netanyahu, apuesta a Bolsonaro y silencio ante el triunfo de Lula. La subordinación con Trump le sirvió para los rescates de última instancia: Scott Bessent le dio, a días de las elecciones del año pasado, un swap de 20.000 millones de dólares y 7.000 millones del Exim Bank. Ahora esos rescates se complicarán, porque cada dólar para los libertarios será revisado por legisladores que ya anunciaron investigaciones a Trump.

Un plan que no cierra en la calle

El problema no es solo geopolítico. Los inversores miran un plan económico que no cierra: falta trabajo, hay pérdida de empleo, salarios y jubilaciones por debajo de la inflación, empresas que cierran, familias endeudadas para pagar comida y tarjetas, y tarifas que suben todos los meses.

La inversión real privada cae 7,6% en el año, según Orlando Ferreres. Los asalariados del Banco Provincia de Buenos Aires se quedan sin dinero, en promedio, el día 10. Se ajusta el consumo y nadie invierte porque no hay quien compre. A eso se suma un Banco Central que no acumula reservas.

El gobierno dirá que la volatilidad es externa y pasajera, y que el orden fiscal y la baja de la inflación son logros genuinos. Lo llamativo es que solo en Argentina sube tanto el riesgo país. El modelo beneficia a pocos sectores, mientras el bolsillo, el comercio, la producción, el empleo y la industria no mejoran. El país no tiene solo riesgo país: tiene riesgo Milei.

La llegada del Papa

El papa León XIV arribará al país el 8 de noviembre, una visita histórica que pondrá fin a 39 años de ausencia papal en la Argentina, incluida la esperada y frustrada llegada de Francisco. La visita cobra una magnitud institucional, social y política extraordinaria y se espera que refleje las demandas más urgentes de la sociedad.

El pontífice estará palpando la realidad frente a una visión oficial que recorta la intervención del Estado y cuestiona la justicia social, mientras el mensaje del pontificado sostiene que no puede haber paz sin equidad, educación, desarrollo ni trabajo.

Los movimientos sociales y sectores vulnerables esperan que la presencia del Papa funcione como amplificador de la crisis alimentaria y el sufrimiento que padecen millones de argentinos, y que visibilice el costo de las políticas implementadas por el gobierno libertario.

En el plano institucional está confirmada la presencia de la totalidad de los gobernadores provinciales, como lo ha hecho el misionero Hugo Passalacqua. Entienden que se abre un canal de diálogo interinstitucional sólido en medio de un escenario fiscal y político nacional asfixiante.

Misiones sostiene las obras con fondos propios

Mientras el gobierno de Milei acumula recortes y paralizaciones de obras, en Misiones la administración de Passalacqua decidió sostener el ritmo de construcciones que mejora el nivel de vida de los vecinos. Lo hace con fondos provinciales y marca una línea diferencial con la gestión nacional, gracias a capacidad administrativa y previsibilidad fiscal.

Esta semana, durante uno de los recorridos del mandatario provincial y tras entregar viviendas, se conocieron los resultados de los planes habitacionales en marcha: 431 viviendas entregadas en lo que va del año y otras 350 proyectadas hacia fin de año.

La reactivación de la construcción en el barrio Itaembé Guazú da trabajo a unos 450 operarios y se proyecta que podría alcanzar los 1.000 puestos de trabajo directo. Las grandes obras vuelven a mostrarse como dinamizadoras de la economía, en un contexto de enfriamiento de la construcción a nivel nacional.

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