El día que Posadas eligió a sus primeras autoridades y un motín terminó en la nada
Ganaron la elección, asumieron el 18 de octubre y hasta parecía que todo quedaba resuelto. Pero los perdedores no se resignaron: armaron un plan que incluyó tomar la guardia del Juzgado y liberar a un ladrón. Lo que pasó esa noche en Trinchera de San José.
La jornada del 13 de octubre de 1872 quedó marcada a fuego en la historia de Misiones. Aquel domingo, los vecinos de Trinchera de San José —el poblado que siete años después pasaría a llamarse Posadas— fueron convocados a las urnas para designar a los integrantes del primer Consejo Municipal. Era nada menos que el estreno de la autonomía comunal en un pueblo que recién empezaba a tomar forma.
La expectativa venía creciendo desde el 20 de septiembre, cuando el Gobierno de Corrientes —jurisdicción a la que entonces pertenecía el territorio misionero— oficializó el llamado a elecciones. La mensura del pueblo había sido realizada apenas un año antes por el agrimensor Francisco Lezcano, pero el caserío todavía se repartía en dos núcleos de viviendas levantados de manera espontánea dentro del perímetro amurallado que le había dado parte de su nombre.
Un pueblo en plena construcción
Proveedores del ejército de la Triple Alianza durante la guerra con el Paraguay (1865-1870), sus familias, excombatientes, trabajadores y algunos aventureros habían sido los primeros en asentarse en Trinchera. Por eso, en 1872 se trataba de una comunidad en formación, y el acto electoral tenía un significado especial: por primera vez los vecinos elegirían gobierno local propio.
Hasta entonces, los asuntos institucionales estaban en manos de la Comisión Departamental, creada a partir de la ley del 8 de noviembre de 1870, que dio origen al departamento Candelaria. Su cabecera se fijó justamente en Trinchera de San José.
La pulseada con la Comisión Departamental
Los integrantes de esa Comisión se opusieron de manera cerrada a que el comicio se celebrara en la fecha prevista y presentaron una queja formal ante el juez de Paz, Pedro Morcillo. Sostenían que el tiempo entre la convocatoria y la votación era demasiado corto para ilustrar a los votantes sobre las normas vigentes, y que el decreto citatorio no había tenido suficiente difusión.
Morcillo rechazó el planteo sin vueltas y ratificó el 13 de octubre de 1872. Con dos listas anotadas, la compulsa cívica siguió su curso y la expectación no dejó de crecer. Tanto que pasó casi desapercibida la elección simultánea de un diputado para representar al departamento en la Legislatura correntina.
Una jornada histórica con voto cantado
El historiador correntino Federico Palma describió que el pueblo de Trinchera "con gran entusiasmo" asistió a votar la elección de municipales, mientras la del diputado le resultaba "poco menos que indiferente" porque desde Corrientes ya llegaba señalado el nombre que debía votarse.
Ese domingo sufragaron 334 vecinos, una cifra notable para una población tan reducida. El voto era "cantado": cada votante debía anunciar en voz alta ante la mesa electoral el nombre de sus candidatos o la lista de su preferencia. Con público presente, más de uno cambió su pronunciamiento en el momento decisivo, en muchos casos por temor.
Faltaban todavía cuarenta años para que el presidente Roque Sáenz Peña impulsara, en 1912, la ley de voto universal, secreto y obligatorio.
Los resultados y la reacción de los perdedores
Con 179 sufragios se impuso la lista encabezada por Eugenio Ramírez, Alfonso de Arrechea (hijo), Francisco Lezcano, Leonardo Troissi y Ramón García como concejales titulares, con Guillermo Echenique y Tiburcio González como suplentes. La otra nómina, que postulaba a Jorge Fitz Maurice, Juan Fernández Olmos, Juan G. Aguirre, Pedro Schneider y Andrés Marcenaro, obtuvo 155 votos.
Los derrotados no aceptaron el veredicto. Al día siguiente se presentaron ante el Gobierno provincial para denunciar once "vicios" que, según ellos, habían empañado el acto. El juez Morcillo, sin embargo, apuró los tiempos y convocó a sesión constitutiva para cinco días después.
El 18 de octubre de 1872 quedó instalado el flamante Consejo Municipal, presidido por Francisco Lezcano, electo por sus pares pese a estar ausente. Por eso, el vicepresidente Alfonso de Arrechea asumió la titularidad hasta su regreso. En esa reunión también se designó a Ramón García como síndico procurador, a Leonardo Troissi (apellido que derivó en Troazzi) en la comisión de higiene, a Eugenio Ramírez en instrucción pública y a De Arrechea como tesorero.
El plan sedicioso que no llegó a concretarse
Los vencidos redoblaron la apuesta: desconocieron al Consejo Municipal y se negaron a entregar los archivos que les reclamaba Alfonso de Arrechea. Fitz Maurice argumentó que "todos sus actos (de los miembros del Consejo) han sido y son ilegales y continuarán siendo mientras el Gobierno no les ponga en posesión de sus puestos".
Fitz Maurice, inglés, personaje pintoresco que se decía ingeniero con despachos "firmados por la reina Victoria", llegó a planear un motín para deponer al Consejo. La intentona debía estallar la noche del 9 de noviembre de 1872, aprovechando que el juez Morcillo había viajado a Ituzaingó por razones de salud.
El plan proponía tomar la guardia del Juzgado de Paz, liberar a un ladrón y designar juez a Juan Fernández Olmos. Primero se fijó la platería de Pedro Schneider como punto de reunión, pero luego se optó por el comercio de Pedro Marcenaro, quien al enterarse del propósito se negó a participar.
Entre discusiones sobre la oportunidad del golpe pasó la noche. Con la luz del día 10, la mayoría reflexionó y se alejó, lo que hizo fracasar el motín. Según constancias de un sumario judicial, además de los cabecillas participaron Adán Alves da Silva (brasileño, "albañil, personaje popular entonces", según Palma), Eufracio Dutil, Víctor García, Máximo Bargas, Ángel Silva, Claudio Vergara y otros. El grupo llegaba a la veintena.
La investigación estuvo a cargo de José M. Navarro, fiscal de Santo Tomé, quien citó sin éxito a Delfino José Pereira, capataz del campo de Resoagli, en San Cristóbal.
El intento produjo el efecto contrario al buscado: el Gobierno de Corrientes, que al principio se había abstenido de relacionarse con la Municipalidad de Trinchera, reconoció plenamente a sus autoridades el 6 de diciembre de 1872. Quince días después, Lezcano asumió formalmente la presidencia.
Cómo era Trinchera de San José
El recinto amurallado que le dio nombre al pueblo había sido reconquistado para la Argentina el 3 de octubre de 1865, al inicio de la Guerra de la Triple Alianza. Antes se lo conocía como Trinchera de los Paraguayos y su construcción databa de tres décadas atrás, cuando lo mandó levantar el doctor Gaspar Rodríguez de Francia, supremo gobernante del Paraguay.
Tras el retiro de las tropas, algunos proveedores del ejército prefirieron quedarse dentro de la trinchera con sus familias. Hacia 1871 había dos grupos de casas: uno cerca del puerto y otro a tres o cuatro cuadras del río. El primero ocupaba una cuadra y media; el segundo, menos de media. Solo existían dos callejones, uno asomado al Paraná.
Ese mismo año, Lezcano concretó "la delineación y amojonamiento" del caserío. El resultado aún se aprecia en el damero urbano de Posadas, con sus chacras para abastecer a la ciudad y avenidas de acceso cada 400 varas.
El primer Censo Nacional de 1869 había contado 3.000 habitantes en toda Misiones, la mayoría en el Sur. Y hasta junio de 1873, el cementerio de Trinchera de San José ocupaba el predio de la actual plaza 9 de Julio.
(Publicado por PRIMERA EDICIÓN el domingo 13 de octubre de 1996)
