Frenó una ventaja en el Seven de Reñaca y faltó a un examen final por la camiseta del seleccionado. Las anécdotas del «Yope» Torcivia que explican por qué es emblema del rugby sanjuanino.
Hay nombres que en el rugby sanjuanino funcionan como contraseña: decir Fernando «Yope» Torcivia es hablar de una vida entera dedicada a la ovalada. Hoy, lejos de haberse alejado de la cancha, el histórico referente de Universitario sigue en el ruedo como entrenador del plantel superior, formando a las camadas que vienen.
El exjugador se sentó frente a las cámaras del ciclo No Toques Nada, que se emite por Canal 13 los martes y jueves de 19 a 20 con la conducción de Mariano Olguín, y abrió el baúl de los recuerdos. Lo acompañaron amigos de toda la vida, como Aníbal Arabel y Santi Olguín, y entre risas fueron reconstruyendo episodios que explican mejor que cualquier estadística de qué está hecha su relación con el deporte.
Reñaca, el día que paró el partido
Uno de los pasajes más celebrados de la charla fue el del Seven de Reñaca. Allí, Torcivia frenó una ventaja reglamentaria que un combinado rival pretendía cobrar. La jugada quedó en la memoria colectiva del grupo: sus propios compañeros respiraron aliviados y la anécdota todavía se cuenta con complicidad.
No fue el único recuerdo de esas giras que marcaron época. La trastienda de aquellos viajes mezclaba pasión deportiva con compromisos personales, y en ese cruce aparecieron historias que hoy suenan casi increíbles.
Mar del Plata: la camiseta antes que la facultad
El repaso también se metió en terrenos más extremos. Está aquel viaje a Mar del Plata en el que el «Yope» puso por delante su compromiso con el seleccionado provincial y dejó para después su examen final universitario. El saldo no fue el soñado: derrota agónica en la cancha, lesiones físicas y una noche de boliche rengueando junto al plantel, según reconstruyó en la entrevista.
Pero si hay un episodio que roza el límite de lo insólito, es el del nacimiento de su hijo Lauti, en marzo de 2007. Su esposa tuvo que coordinar los tiempos médicos para que él pudiera cumplir con los compromisos competitivos de ese fin de semana. Una muestra de hasta dónde llegaba la entrega por los colores.
Del banco de suplentes a la conducción técnica
Hoy el rol es otro, pero la llama es la misma. Desde la conducción técnica, Torcivia mantiene intacta esa impronta de liderazgo positivo, marcada por la humildad y la fidelidad a sus colores, y la vuelca en los jóvenes talentos del rugby local.
La charla dejó en claro que, más allá de los resultados, la verdadera victoria está en los lazos de amistad que se forjan en el tercer tiempo. Un legado que, como su historia, trasciende largamente las líneas de cal.