El día que el pequeño Grégory desapareció y lo que encontraron en el río heló la sangre de Francia
El 16 de octubre de 1984, el pequeño Grégory Villemin desapareció en Lépanges-sur-Vologne, Francia. Su cuerpo apareció atado en el río Vologne. El caso, marcado por amenazas anónimas, sospechosos familiares y la venganza del padre, sigue sin resolverse tras más de 40 años.
La tarde del 16 de octubre de 1984, el pequeño Grégory Villemin, de solo cuatro años, desapareció del patio de su casa en Lépanges-sur-Vologne, Francia. Su madre lo buscó desesperadamente, pero media hora después, una llamada anónima heló a la familia: “Me vengué. Tiré al chico al río”.
El cuerpo del nene apareció horas más tarde en las aguas heladas del río Vologne, con las manos y los pies atados con cuerdas y un gorro cubriéndole parcialmente la cara. La autopsia reveló que murió por hidrocución, un shock térmico que provoca un paro cardíaco. Sin embargo, un detalle llamó la atención de los investigadores: las cuerdas no habían dejado marcas profundas, lo que sugiere que el niño conocía a su captor.
¿Quién era “Le Corbeau”?
Desde 1981, la familia Villemin recibía llamadas y cartas anónimas firmadas por “Le Corbeau” (El Cuervo). El acosador conocía detalles íntimos de la familia y amenazaba a Jean-Marie Villemin, padre de Grégory, quien había ascendido laboralmente y despertaba resentimientos. El día del crimen, la voz anónima llamó para reclamar la autoría del secuestro.
Al día siguiente, los padres recibieron otra carta: “Me he vengado”. Las amenazas habían escalado a un asesinato.
El primer sospechoso y la venganza del padre
La policía apuntó a Bernard Laroche, primo de Jean-Marie. Los peritos caligráficos encontraron similitudes entre su escritura y las cartas anónimas. Además, Murielle Bolle, cuñada de Laroche, declaró inicialmente que lo vio con Grégory en su auto el día del crimen. Pero luego se retractó, diciendo que la policía la presionó. Sin pruebas concluyentes, Laroche fue liberado.
Enfurecido, Jean-Marie Villemin juró vengarse. El 29 de marzo de 1985, esperó a su primo cuando salía a trabajar y le disparó con un rifle, matándolo frente a su casa. Fue condenado por homicidio y pasó dos años y medio en prisión.
La madre acusada y absuelta
En otro giro, expertos en caligrafía señalaron a Christine Villemin, la madre de Grégory, como posible autora de las cartas anónimas. En julio de 1985 fue acusada formalmente por el asesinato de su hijo, pero la acusación se derrumbó por falta de pruebas. Christine fue absuelta en 1993.
El caso sigue abierto
Más de 40 años después, el asesinato de Grégory Villemin sigue sin resolverse. La principal hipótesis apunta a Bernard Laroche, actuando por odio hacia Jean-Marie. Otra línea sugiere que el crimen fue cometido por más de una persona dentro del círculo familiar. En 2017, fueron arrestados una tía y un tío abuelo de Grégory, pero quedaron en libertad. Ese mismo año, el juez que investigó el caso en los 80 se suicidó, dejando una carta sobre la presión que sufría.
En octubre del año pasado, la Justicia francesa imputó a Jacqueline Jacob, la tía abuela de 81 años, por “asociación de malhechores”, acusada de ser la autora de las amenazas anónimas. El caso, que conmocionó a Francia, sigue siendo uno de los crímenes más enigmáticos de Europa.




