Caminaba por Santa Rosa y no podía avanzar una cuadra sin que alguien lo saludara. Años después, ya en el Hogar de Don Bosco, un cronista se lo cruzó en la calle y él soltó una pregunta que todavía incomoda. Así se despide Cachito Otero.
Abel Ramón "Cachito" Otero murió este sábado en Santa Rosa a los 91 años. El velatorio se lleva a cabo este domingo desde las 9 en la Cooperativa Popular de Electricidad (1 de Mayo 860) y el sepelio está previsto para las 15.
Pocas personas caminaban la capital pampeana con tanta familiaridad como él. "Cachito" no podía avanzar una cuadra sin que alguien lo frenara para saludarlo. Su vida estuvo llena de anécdotas: algunas ciertas, otras que le endilgaban solo para fastidiarlo un rato.
De General Pico a Santa Rosa
Había nacido el 31 de agosto de 1935 en General Pico. Sus padres fueron Juan, sargento de Policía de la época del Territorio que recorrió varios pueblos hasta instalarse en Santa Rosa, y Juana, una trabajadora incansable que atendió "La pensión de la abuela" en la misma casa donde vivía la familia, en González casi Juan B. Justo. Juana también tuvo un kiosco y preparaba viandas para afuera.
Tuvo una hermana mayor, Dora, maestra, y un hermano menor, conocido como Yaya, que se dedicó a la actividad bancaria. Se casó con Nélida Moldovan y tuvieron dos hijos, Claudio y Jesús. Disfrutó además del cariño de tres nietos.
Una vida en la administración y en los clubes
Tras terminar la primaria en la Escuela Nº 38 "Enriqueta Schmidt", Otero arrancó como cadete en el Molino Werner. A los 18 años entró a Casa de Gobierno: su primera área fue Registro de la Propiedad y cerró su paso por la administración pública en Comunicaciones, donde llegó a ser subjefe de la Red de Presidencia.
Junto a su hermano Yaya tuvo a cargo la cantina del Club El Círculo, lugar donde toda la vida se timbeó, y también una parrilla en Martín Fierro 1060, donde sabían parar los colectivos de Chevallier.
Más allá de la milonga y las juntadas con amigos, Abel era un fanático del deporte. Fue arquero del Club Atlético Santa Rosa y del Club Argentino, donde su padre era dirigente.
El boxeador y el formador
También hizo boxeo a las órdenes de Walter Nieto Duplaint, un pugilista exquisito que llegó a Santa Rosa y marcó un hito en la actividad. "Boxeaba muy bien Cachito, y sabía muchísimo", lo definió su ex entrenador en una nota publicada por LA ARENA en marzo de 2015.
Disputó varias peleas y sembró decenas de anécdotas que sus amigos recordaron siempre. Después se dedicó a entrenar y, junto a Chito Tevez y Walter Nieto, llegaron a tener a los mejores boxeadores locales de la época, como Golepa Cabral, El Indio Paladino y Miguel Ángel Campanino. También incursionó como árbitro dentro del cuadrilátero y como masajista en algunos clubes capitalinos.
La pregunta que quedó flotando
Sus últimos años los pasó en el Hogar de Adultos Mayores de la calle Don Bosco. En ese tiempo, un cronista de LA ARENA se lo cruzó en la calle y mantuvieron un breve diálogo. "¿Se puede saber qué hice mal para merecer esto?", se preguntó dolido Otero, tal vez en referencia a la discapacidad que sufrió un hijo suyo a partir de una mala praxis y a su esposa, que estaba internada en otro lugar.
Todas las tardes, una cuidadora lo acompañaba a visitar a su pareja. Se sentaba al lado de ella, sin hablar, hasta que llegaba la hora de volver.
En el Hogar compartió la bondad y la sencillez que siempre lo caracterizaron. Allí habrá visto los partidos más recientes de su querido Boca Juniors. Desde allí dio su último suspiro este campeón de la vida, conocido y apreciado por todos los que lo trataron.
Foto: Facebook JuanCa Carassay.