El día que Borges nos enseñó a leer: 127 años del nacimiento del escritor que convirtió la biblioteca paterna en su patria
¿Sabías que Borges fue un lector libre antes que un escritor genial? Descubrí cómo su biblioteca paterna y sus primeras lecturas pueden inspirar a la escuela de hoy. El Día del Lector, una fecha para reflexionar.
Este 24 de agosto, Argentina celebra el Día del Lector en homenaje al nacimiento de Jorge Luis Borges, hace 127 años. Pero más que recordar al autor de 'Ficciones' o 'El Aleph', la fecha invita a reflexionar sobre su faceta menos conocida: la de lector incansable y libre, una lección que sigue vigente para la escuela y para la vida.
Borges solía decir que todo artista crea dos obras: sus libros y su propia imagen, y que esta última puede opacar a la primera. Su figura de erudito inaccesible y escritor 'difícil' ha pesado tanto que muchas veces aleja a los lectores. Sin embargo, esa imagen no resiste la lectura: su complejidad no es un muro, sino una cuesta que se puede subir con las herramientas adecuadas y el tiempo necesario.
El origen de un lector universal
Para entender cómo se formó ese lector excepcional hay que remontarse a su infancia. Borges afirmaba que el hecho capital de su vida fue la biblioteca de su padre, y que jamás había salido de allí. No era una exageración: toda su literatura nace de ese espacio y de la figura que se lo ofreció. La lectura, entonces, casi nunca nace sola: necesita un facilitador, alguien que ponga los libros al alcance y muestre el camino.
Pero no todos los niños tienen esa biblioteca paterna. Y es ahí donde la escuela se vuelve fundamental: puede ser la única biblioteca paterna que muchos tendrán. No alcanza con poner libros delante de alguien, también importa cómo se los ofrece. El padre de Borges le dio una instrucción clave: elegir cualquier libro que lo entusiasmara, abandonar sin culpa el que lo aburriera y nunca leer por obligación.
¿Libertad o esfuerzo? El dilema de la escuela
Esa instrucción sigue siendo un ejemplo para la escuela y la vida adulta, en un tiempo que convierte la lectura en una obligación culposa cuando un libro no 'engancha'. Pero surge una pregunta inevitable: ¿la escuela debe limitarse a enseñar a leer lo que gusta o debe ampliar aquello que podemos llegar a disfrutar? Formar lectores no es solo dejar que elijan; también es ofrecerles el encuentro con libros que todavía no saben si les gustan, con autores desconocidos y textos que exigen esfuerzo. La tarea está en esa tensión: no obligar a amar un libro, pero sí crear las condiciones para descubrir que algo que parecía ajeno puede abrir una puerta.
Borges encontró en esa biblioteca paterna una mezcla heterogénea: 'Las mil y una noches', la Biblia, 'El Quijote', 'Martín Fierro', 'Fausto', 'Facundo' y buena parte de la literatura inglesa. De ese cruce nació su modo único de leer, que lo convertiría en uno de los grandes lectores y escritores del siglo XX. Y ese modo tuvo su origen en la infancia, que Rilke llamó 'la verdadera patria del hombre'. Borges nunca dejó esa patria, simplemente aprendió a recorrerla con una biblioteca entera como territorio.
En este Día del Lector, además de homenajear al autor de 'Ficciones' o 'El Aleph', podemos recordar lo que hizo mejor que nadie: leer sin culpa y por placer, cualquier texto que nos entusiasme. Y quizás sea una buena ocasión para volver a sus libros o descubrirlos por primera vez.