El día que Añatuya se quedó sin agua, las calles hicieron algo que nadie esperaba
Cada vez que llueve o se rompe un caño, los vecinos de Añatuya saben que las calles se convierten en ríos y las veredas desaparecen bajo el agua. Pero hubo un episodio reciente que, según ellos, dejó al descubierto algo que la empresa nunca quiso reconocer. ¿Qué pasó cuando el suministro se cortó por completo?
Los vecinos de Añatuya conviven desde hace meses con un problema que no se detiene: pérdidas de agua que mantienen calles anegadas, veredas destruidas y una sensación de abandono que crece. En distintos barrios, el líquido corre sobre el pavimento, se acumula en charcos permanentes y termina rompiendo calzadas y espacios públicos. El malestar ya no es de unos pocos: atraviesa a toda la ciudad.
La situación del servicio de agua potable se volvió uno de los principales dolores de cabeza para los habitantes. Y la gota que rebalsó el vaso llegó con una prueba que, según los propios vecinos, no deja lugar a dudas.
La prueba que cambió todo
Durante una interrupción general del suministro que se extendió por aproximadamente dos días, los sectores que habitualmente amanecen inundados aparecieron secos. Ni un charco, ni una calle anegada. Esa postal, que los vecinos esperan todos los días, se convirtió en el argumento más fuerte para sostener que el agua que inunda las calles proviene de la red y no de las napas subterráneas ni de pérdidas domiciliarias.
Según los informes municipales, no quedarían dudas de que el agua es de red. Sin embargo, determinar técnicamente el origen de cada filtración requiere inspecciones y estudios de la empresa prestadora y de los organismos competentes.
Calles que se hunden y veredas que desaparecen
El problema no se limita al desperdicio de agua potable. La presencia constante de líquido deteriora la infraestructura urbana: el agua corre debajo o sobre el pavimento, afecta la base de las calles y provoca hundimientos, baches y roturas. También hay veredas y frentes de viviendas, comercios e instituciones donde transitar se vuelve una odisea por el barro y los charcos permanentes.
Particular preocupación generan las pérdidas ubicadas cerca de establecimientos educativos y otros lugares de circulación cotidiana. Mientras tanto, miles de litros de agua potable se pierden a diario cuando una rotura permanece semanas o meses sin reparación definitiva.
Reclamos que nadie responde
Los vecinos aseguran que hicieron reiteradas presentaciones con fotografías, videos y pedidos de intervención. También reclaman instituciones y distintos sectores de la comunidad. Pero del otro lado, según denuncian, solo hay silencio por parte de Aguas de Santiago, la prestadora del servicio, y una ausencia total del ERSAC, el Ente Regulador de los Servicios de Agua y Cloacas, que debería controlar y hacer cumplir los pedidos.
El planteo ya no pasa solo por reparar una pérdida puntual. Lo que Añatuya reclama es una evaluación integral del estado de la red, la identificación de los sectores más comprometidos, un cronograma de reparaciones y, fundamentalmente, inversiones que eviten que los mismos problemas vuelvan a aparecer semanas después.
En ese escenario, también crecen los cuestionamientos hacia el ERSAC. Como organismo regulador, los vecinos esperan que intervenga frente a las denuncias, controle el cumplimiento de las obligaciones de la prestadora y determine las medidas correspondientes cuando existan deficiencias en el servicio.
Una ciudad que pide respuestas
El agua potable es un recurso esencial y las pérdidas no solo complican a quienes viven frente a un caño averiado. Cuando una fuga permanece durante meses, se desperdicia agua, se deteriora la infraestructura, aumentan los costos de reparación y empeora la calidad de vida de quienes conviven a diario con calles anegadas.
Por eso, el reclamo que atraviesa a distintos sectores de Añatuya es concreto: reparar las pérdidas existentes, renovar los tramos deteriorados de la red y establecer mecanismos de respuesta más rápidos ante las denuncias. También se pide una actuación visible del organismo regulador y explicaciones públicas sobre el estado actual de la infraestructura, las inversiones realizadas y las obras previstas.
Detrás de cada calle inundada hay vecinos que no pueden ingresar normalmente a sus viviendas, comerciantes afectados, instituciones rodeadas de agua y una infraestructura que sigue deteriorándose. La comunidad ya hizo visible el problema. Ahora espera respuestas, controles y soluciones.