El detalle que las especialistas pidieron mirar cuando un chico cambia de golpe
Una charla en la CAIC de Roca puso el foco en algo que muchos adultos pasan por alto: qué hacer cuando el chico se encierra, se irrita o cambia de golpe al intentar ponerle límites. Las especialistas dieron las señales a mirar y el paso que no se puede saltear ante una sospecha de grooming.
La Cámara de Agricultura, Industria y Comercio (CAIC) de Roca fue el escenario de la charla abierta "La infancia bajo amenaza en la era digital", un encuentro pensado para dar herramientas de prevención y detección temprana frente al ciberacoso, el grooming y los riesgos que circulan en los entornos virtuales.
La convocatoria estuvo a cargo de la diputada nacional de La Libertad Avanza Lorena Villaverde y reunió a familias, docentes y profesionales interesados en entender qué les pasa hoy a los chicos y adolescentes cuando la tecnología atraviesa su vida cotidiana.
Del panel participaron especialistas en criminología, psicología forense, criminalística y derecho, con trayectoria en el Ministerio de Seguridad bonaerense y en el Poder Judicial de Neuquén.
Ni prohibir ni mirar para otro lado
Las disertantes coincidieron en un punto central: el mundo digital no es un territorio aparte de la vida real. Los entornos virtuales son hoy un espacio clave de socialización para los jóvenes, y por eso la intervención de los adultos debe pasar por el acompañamiento y la comprensión, lejos de las posturas prohibicionistas.
En esa línea, remarcaron la importancia de distinguir entre un uso esperable de las pantallas y uno problemático. El consumo de tecnología no debería encender alarmas por sí solo mientras el menor sostenga sus vínculos sociales y sus actividades fuera de lo virtual.
Pero hay señales que sí exigen atención inmediata: la irritabilidad, el aislamiento extremo o los cambios repentinos de conducta cuando se intentan fijar límites. Ante esos indicios, recomendaron consultar con profesionales de la salud mental.
Qué hacer frente a una sospecha
Otro de los ejes de la jornada fue el abordaje de las violencias digitales y la responsabilidad de los adultos cuando aparece la sospecha de un delito. Las especialistas fueron claras: no hay que juzgar ni revictimizar a la víctima.
Lo que corresponde, señalaron, es actuar rápido para activar mecanismos de contención, escuchar de manera activa y preservar el relato y el material digital como eventual prueba judicial.
También se analizó cómo los avances tecnológicos y las herramientas de inteligencia artificial plantean nuevos desafíos en la captación de menores. La conclusión que dejaron las expositoras es que la protección de la infancia en la era digital es una tarea comunitaria: la reacción y el compromiso de cada adulto marcan la diferencia.
