El derrumbe que nadie vio venir: el número que dejó al Nikkei por debajo de los 60.000
Economía

El derrumbe que nadie vio venir: el número que dejó al Nikkei por debajo de los 60.000

El derrumbe de las tecnológicas ya cruzó océanos y llegó a las plazas europeas y asiáticas. Detrás del desplome hay tres factores que los inversores no logran digerir, y uno tiene firma política en Washington.

Las bolsas del planeta vivieron este viernes una jornada de ventas masivas. El detonante fue el desplome de las acciones tecnológicas ligadas a la inteligencia artificial, el motor que empujó al mercado durante los últimos dos años. La ola arrancó en Wall Street y se propagó en cuestión de horas hacia Asia y Europa.

Los inversores descargaron sus dudas sobre tres frentes que se potencian entre sí: la rentabilidad futura de las inversiones millonarias en IA, el endeudamiento creciente de las tecnológicas y la posibilidad de una regulación más dura en Estados Unidos tras el triunfo demócrata en las elecciones de medio término.

Tokio y Seúl, los golpes más duros

En Japón, el Nikkei 225 se hundió 6% y cerró en 57.434 puntos. Es la primera vez en casi seis meses que el índice queda por debajo de los 60.000. SoftBank y Advantest, dos compañías muy expuestas al negocio de los semiconductores y la IA, encabezaron las caídas.

Corea del Sur no se salvó: el Kospi perdió 6%, arrastrado por Samsung Electronics y SK Hynix, dos de los mayores fabricantes de chips del mundo.

Europa siguió el mismo camino. El CAC 40 francés cedió 1,2%, el DAX alemán cayó 1,4% y el FTSE 100 londinense retrocedió 1,5%.

Wall Street ya había dado la primera señal

La rueda del jueves fue demoledora en Estados Unidos. El S&P 500 se derrumbó 4,4%, su peor desempeño desde abril de 2025. El Nasdaq, con fuerte peso tecnológico, cayó 5,5% y entró en zona de corrección: acumula una baja superior al 10% desde sus máximos recientes.

El sector de semiconductores recibió el mayor impacto. El índice Philadelphia Semiconductor se desplomó más de 12% en una sola jornada y ya pierde más del 30% desde octubre.

Entre los gigantes, Nvidia cayó 9,3% y pasó a acumular pérdidas en lo que va del año. Arm Holdings se hundió 13,1% tras presentar resultados decepcionantes en su negocio de IA. Qualcomm perdió 9,5% después de recortar sus previsiones de ganancias. Tesla y SpaceX, ambas controladas por Elon Musk, también registraron fuertes retrocesos.

La pregunta incómoda: ¿cuánto valen realmente?

Detrás de la volatilidad hay una inquietud que analistas e inversores repiten cada vez más: si las valuaciones de muchas empresas vinculadas a la IA se alejaron demasiado de sus fundamentos.

Durante dos años, el mercado apostó a que la inteligencia artificial generaría una revolución económica capaz de justificar inversiones gigantescas en centros de datos, infraestructura energética y chips. Los resultados trimestrales de Meta, Amazon, Microsoft y Alphabet mostraron lo contrario: el gasto sigue creciendo a ritmo acelerado y los retornos esperados todavía son inciertos.

“La preocupación es que el volumen de inversión y endeudamiento necesario para sostener la carrera por la inteligencia artificial esté creciendo más rápido que los beneficios obtenidos”, señalaron operadores de mercado.

A eso se suman los cuellos de botella en la cadena de suministros y la alta demanda de componentes, factores que podrían frenar el crecimiento del sector.

Washington, el nuevo foco de incertidumbre

La victoria demócrata en las legislativas estadounidenses agregó otro elemento de presión. Según trascendió en Washington, dirigentes del partido preparan una serie de proyectos para aumentar el control sobre la industria de la IA.

Las iniciativas incluirían pruebas independientes de seguridad para los modelos más avanzados, normas de responsabilidad legal para las empresas y mayores controles sobre la construcción de centros de datos. También se evalúan medidas para contener el impacto de estas instalaciones sobre la red eléctrica y las tarifas energéticas.

El presidente Donald Trump mantiene una postura favorable al desarrollo de la IA y podría bloquear parte de esas iniciativas. Aun así, los inversores temen que el nuevo equilibrio político derive en mayores costos y obstáculos regulatorios para el sector.

¿Corrección o cambio de tendencia?

Pese a la magnitud de la caída, varios analistas consideran que se trata de una corrección dentro de un mercado que todavía mantiene una tendencia alcista de largo plazo.

Algunos gestores de fondos sostienen que las bajas abrieron oportunidades de compra en compañías cuyos precios venían en niveles considerados excesivos. Otros creen que la caída refleja una rotación de los inversores hacia sectores menos expuestos a la IA, como salud, servicios financieros y algunas industrias tradicionales.

Por ahora, la única certeza es que el entusiasmo ilimitado que rodeaba a la inteligencia artificial empezó a dar paso a preguntas más incómodas: cuánto costará la revolución tecnológica, cuándo llegará la rentabilidad prometida y qué nivel de regulación estarán dispuestos a aceptar gobiernos y empresas en los próximos años.

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