El dato que ubica a Chubut al tope de la pesca y el reclamo que nadie mira
Chubut desplazó a Buenos Aires en descargas pesqueras, pero el referente de la flota amarilla advierte que el dato esconde una realidad: la actividad solo rinde cuando no hay conflictos. Mientras tanto, en Malvinas explotan el recurso y nadie parece mirar.
Chubut superó por primera vez a Buenos Aires en descargas pesqueras marítimas, con 257.568 toneladas entre el 1 de enero y el 1 de septiembre de 2026, según estadísticas del Ministerio de Economía de la Nación. El número enciende las alertas sobre el peso real de la actividad en la provincia, aunque el referente de la flota amarilla, Raúl “Tato” Cereseto, pide leerlo con cuidado.
“No debe decir un récord de captura de Chubut, sino que habla de la potencialidad que tiene la industria pesquera cuando no hay conflictos”, planteó Cereseto en diálogo con ADNSUR. Para él, el resultado no implica que se haya pescado más que otros años, sino que la temporada pudo desarrollarse sin interrupciones.
En años anteriores, dijo, las medidas de fuerza y las disputas entre empresas y sindicatos cortaron la actividad. “Los últimos años han tenido como variable inexorable que la temporada se vea interrumpida durante, antes o después, por medidas de fuerza, por falta de madurez y de diálogo y de consensos entre los distintos actores del sector”, señaló.
Y completó: “Cuando estamos todos juntos, tirando del mismo carro, la pesca empieza a mostrar síntomas de volumen, de producción, de que tanta falta le hace a la provincia”.
El impacto que va más allá de los muelles
El dirigente también puso el foco en el efecto derrame de la pesca sobre la economía provincial. Contó que trabajan junto a la Facultad de Ciencias Económicas en un informe para medir ese impacto en Puerto Madryn, Rawson, Camarones y Comodoro Rivadavia.
“Entendemos que gran parte de esos ingresos de la gente va a consumo y termina realmente generando un calentamiento de la economía. Genera desarrollo, genera gasto, inversión”, explicó. En ese marco, se animó a una afirmación fuerte: “Yo creo que la pesca está dejando de ser la segunda empleadora de la provincia. Para mí, no sé si hoy no pasó a ser la primera actividad empleadora”.
Las cifras nacionales muestran a Chubut con 257.568 toneladas descargadas en los primeros ocho meses del año, sobre un total de 642.955 toneladas en los cinco distritos del litoral marítimo argentino. Santa Cruz quedó tercera con 109.890, seguida por Tierra del Fuego (17.685) y Río Negro (3.312).
El volumen chubutense incluye el fuerte movimiento de la temporada de langostino y otras especies. En merluza hubbsi, por ejemplo, se descargaron 15.554 toneladas en Comodoro Rivadavia y 14.049 en Puerto Madryn.
Malvinas: el reclamo por los recursos pesqueros
La segunda pata del planteo de Cereseto apunta a la discusión por Malvinas, que volvió a instalarse en la agenda del Gobierno nacional. Valoró el endurecimiento de la posición argentina sobre soberanía, pero reclamó que se incorpore con fuerza el tema de los recursos pesqueros del Atlántico Sur.
“No se trata de enfrentar el petróleo con la pesca”, aclaró. Mientras el debate público se concentra en los proyectos hidrocarburíferos en las islas, dijo, hay una explotación pesquera que lleva décadas y que es una de las principales fuentes de ingresos de Malvinas.
Según los datos que manejó, las islas tienen 106 permisos para buques poteros y otros 16 para la pesca de calamar ‘Loligo’, lo que da un total de 122 permisos. Estimó que las capturas en torno a las islas representan alrededor de un tercio de las toneladas que pesca Argentina y cerca de la mitad del valor total de las capturas nacionales.
“No es una economía secundaria, es la actividad principal de las islas”, remarcó. Y agregó que aproximadamente el 60% de los ingresos de los habitantes de Malvinas proviene de la pesca.
También diferenció el caso pesquero del petrolero a la hora de pensar sanciones: no necesariamente se trata de las mismas sociedades comerciales, aun cuando exista vinculación de capitales. Por eso, propuso una estrategia diplomática que frene la expansión de las licencias pesqueras.
“Me parece que lo que hay que hacer es encarar por la vía diplomática, marcar una postura firme e intransigente respecto a los recursos pesqueros y que cesen por lo menos de emitir nuevas licencias”, sostuvo. Y añadió que debería discutirse una reducción de las cuotas de captura y un esquema de administración del recurso.
El argumento también tuvo una pata ambiental. Cereseto señaló que en las últimas dos temporadas de calamar loligo, las autoridades de Malvinas debieron suspender la zafra por falta de recursos. “Están prácticamente arrasando el recurso”, dijo. “Además, cuando valorizamos las capturas, hablamos de 1.000 millones de dólares, lo que representa el 50% de las capturas de Argentina. Es un daño ambiental y económico”, indicó.
Para el dirigente, ese escenario debería ser parte de la discusión argentina sobre Malvinas: “En este momento tenemos que subirnos a la ola de malvinización para explicar y darle al tema la importancia que tiene, para que la gente conozca lo que la dirigencia política omite”.