El dato que reveló un gremialista docente de Catamarca: "Muchos chicos llegan a la escuela con la merienda como última comida"

El 76% de los estudiantes argentinos de 15 años no alcanza el nivel mínimo en Matemática y un gremialista docente de Catamarca apuntó a lo que pasa puertas adentro de las aulas: hay chicos que llegan a la escuela con la merienda como última comida del día. Lo que reclamó después de la medición, en un diagnóstico que incomoda.

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El dato que reveló un gremialista docente de Catamarca: "Muchos chicos llegan a la escuela con la merienda como última comida"
El dato que reveló un gremialista docente de Catamarca: "Muchos chicos llegan a la escuela con la merienda como última comida"

Los resultados de las pruebas PISA 2025 encendieron otra vez la alarma sobre la educación argentina: el 76% de los estudiantes de 15 años no alcanzó el nivel mínimo en Matemática y el país quedó en el puesto 75 entre 91 sistemas educativos evaluados. Detrás de esos números, el docente y secretario gremial de la Asociación de Docentes Unidos de Catamarca (Aduca), Gustavo Acosta, sostuvo que el problema excede a la escuela y apuntó a las condiciones sociales y económicas de los alumnos.

En Radio El Esquiú 95.3, durante La Mañana de El Esquiú, Acosta planteó que "lo que acontece en educación, los resultados que tenemos son un síntoma de la sociedad" y remarcó que "hay cuestiones estructurales" detrás del desempeño escolar.

Para graficar la brecha, el dirigente comparó los salarios docentes: según explicó, en Singapur un docente percibe entre 45.000 y 65.000 dólares anuales, mientras que en Argentina el ingreso anual, medido en dólares, "no llega a 20 mil". Tomando como referencia el dólar oficial actual, esos salarios equivaldrían aproximadamente a $5,8 millones y $8,3 millones mensuales en Singapur, frente a un ingreso argentino inferior a $2,6 millones mensuales si se toma como referencia el límite de US$20.000 anuales. "La diferencia es enorme", remarcó.

Acosta señaló que mejorar los salarios docentes puede ser un comienzo, pero no alcanza por sí solo. "Primero tienes que darle de comer al alumno, y segundo tienes que darle un salario digno al docente", afirmó.

En ese sentido, remarcó: "El operativo Aprender está diciendo reiteradamente, en todas las mediciones que hace, que los alumnos con necesidades básicas insatisfechas, con niveles socioeconómicos bajos, son los que tienen peor desempeño, pero no porque sean tontos, no porque tengan la falta de una capacidad inherente al alumno, sino porque esa gente no puede comer, no tiene lo mínimo necesario, no tiene lo mínimo necesario para poder vivir".

También cuestionó la idea de atribuir el deterioro exclusivamente a los métodos de enseñanza o a los docentes. Según Acosta, "si no cambiamos las condiciones materiales de existencia, tanto de los alumnos como de los docentes, evidentemente no va a tener una mejor calidad educativa".

El relato que puso el foco en el hambre

Su diagnóstico incluyó una referencia particularmente fuerte a la situación alimentaria de algunos estudiantes. "Muchos chicos y lamentablemente hasta adolescentes que la última comida que han tenido ha sido la de la merienda", relató, y agregó que algunos concurren con una botella vacía para pedir mate cocido para llevar a sus hogares.

Frente a ese escenario, sintetizó su planteo con una frase: "Trabajo, pecho, comida, eso es lo que necesita la gente, pero algo que sea realmente genuino. No necesita un plan, necesita trabajo, no necesita un bolsón, necesita trabajo".

Acosta también defendió el uso pedagógico de los celulares y la inteligencia artificial y cuestionó que estas herramientas sean consideradas únicamente una distracción. "No hay magia en esto, no hay magia", insistió, y reclamó políticas públicas sostenidas que prioricen las condiciones de vida de las familias y la educación como una cuestión de Estado.

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