El cura Martearena fue enterrado bajo tierra y su asesino ya camina libre: el dolor de la familia
La Justicia salteña le dio la libertad condicional a Santos Marcelo Castillo, condenado a perpetua por el asesinato del padre Martearena. La familia del cura no lo puede creer: “Mi tío está enterrado bajo tierra y esta persona gozando de una libertad que no se la merece”, disparó su sobrina.
Santos Marcelo Castillo, condenado a prisión perpetua por el asesinato del padre Ernesto Martearena, obtuvo la libertad condicional la semana pasada. La familia del párroco no oculta su indignación y exige que la Justicia revise la medida.
El caso del padre Ernesto Martearena, párroco de la capilla Nuestra Señora de Fátima, conmocionó a Salta hace 25 años. Su muerte, producto de un ataque brutal, derivó en condenas. Pero ahora, la decisión de otorgarle la libertad condicional a Santos Marcelo Castillo, quien cumplía prisión perpetua por el asesinato, reabrió la herida en su familia.
Silvia Martearena, sobrina del sacerdote, habló con El Once TV y fue contundente: “Mi tío está enterrado bajo tierra y esta persona gozando de una libertad que no se la merece y más aún por como mataron a mi tío”.
El recuerdo de un crimen atroz
La mujer rememoró las circunstancias del homicidio, que incluyó puñaladas y la quema del cuerpo de la víctima. “No lo podíamos reconocer, se lo reconoció por las huellas dentales”, contó, y reveló que en su momento les recordó a jueces y fiscales esos detalles para que tuvieran dimensión de la gravedad del hecho.
Para Silvia, la libertad de Castillo es una decisión injusta. “Estos momentos generan mucha angustia, es como que estamos no sé si en un sueño, creemos que es algo que no está pasando, pero está pasando”, expresó.
“La justicia salteña lo dejó solo”
La sobrina del párroco no solo lamentó la pérdida de su tío, sino también el vacío que dejó en la familia. “Nos dejaron huérfanas sin la figura que para nosotras representaba su todo”, dijo. Y agregó: “Nos tenemos que acostumbrar a decir, bueno, lo único que nos queda es pedirle a Dios que nos proteja, a mi tío que nos proteja, a la justicia divina que en algún momento se haga justicia porque esto es injusto, la justicia salteña lo dejó solo”.
La libertad condicional de Castillo generó debate en la sociedad salteña, que aún recuerda el impacto que tuvo el asesinato del padre Martearena hace un cuarto de siglo.