El cura condenado por abuso que reapareció en un escenario de Entre Ríos
Marcelino Moya fue condenado a 17 años por abuso y corrupción de menores, pero un fallo del STJ dejó la sentencia sin efecto. Este domingo, el cura payador volvió a un escenario en su ciudad. ¿Qué fue a hacer?
El nombre de Marcelino Ricardo Moya volvió a sonar en María Grande, su ciudad natal. El sacerdote, conocido en su momento como el «cura payador», fue visto este domingo en la muestra de la Sociedad Rural local, subido a un escenario, según consignó Entre Ríos Ahora.
Moya, de 58 años, arrastra una historia judicial que conmocionó a la provincia: fue denunciado en 2015 por abuso y corrupción de menores, condenado en 2019 a 17 años de cárcel y luego beneficiado con la prescripción de los delitos, lo que dejó la sentencia sin efecto.
Un caso que marcó a Villaguay
Las denuncias que pusieron a Moya en el centro de la escena judicial las presentaron Pablo Huck y Ernesto Frutos el 29 de junio de 2015. Ambos relataron haber sido abusados cuando eran adolescentes por el cura de la parroquia Santa Rosa de Lima, en Villaguay, hechos ocurridos entre 1993 y 1995.
Al día siguiente, el Arzobispado de Paraná anunció que Moya quedaba apartado del ejercicio público del ministerio y sin funciones pastorales. Hasta ese momento era apoderado legal del Instituto Padre Enrique Laumann y de la Escuela Primaria Santa Teresita, ambas en Seguí, y párroco en Nuestra Señora de la Merced.
«Ni bien se conocieron las denuncias periodísticas que involucraban a un sacerdote de la Arquidiócesis, el Arzobispo (Juan Alberto Puiggari) dio inicio a las investigaciones preliminares según lo expresa el Código de Derecho Canónico en el canon nº 1717», informó entonces la Iglesia, que agregó que la separación se tomó «como medida cautelar» hasta que la Justicia se expidiera.
Condena, confirmación y un fallo que cerró la causa
El 5 de abril de 2019, el Tribunal de Juicios y Apelaciones de Concepción del Uruguay lo condenó a 17 años de prisión por corrupción de menores y abuso sexual. La sentencia la firmaron las vocales María Evangelina Bruzzo, Melisa Ríos y Fabián López Mora.
En su voto, Bruzzo coincidió con los fiscales Mauro Quirolo y Juan Manuel Pereyra y con los querellantes Florencio Montiel y Juan Cosso en que los hechos atribuidos al imputado constituían «un grave atentado a los derechos humanos de las víctimas».
En diciembre de 2020, la Cámara de Casación Penal de Concordia, con los votos de Darío Perroud, Silvina Gallo y Aníbal Lafourcade, confirmó la condena. Pero el caso llegó después a la Sala Penal del Superior Tribunal de Justicia (STJ), que aceptó el planteo de la defensa: la prescripción. La resolución se adoptó con los votos de Daniel Carubia y Miguel Giorgio, y la disidencia de Claudia Mizawak.
Carubia sostuvo que el tiempo transcurrido entre los abusos y la denuncia «se verifica que se excede con creces el plazo máximo de 12 años previsto en la ley para que opere la prescripción de la acción penal». Así, Moya quedó sobreseído.
Qué hace hoy el cura Moya
Desde el Arzobispado de Paraná aclaran que Moya no está jubilado, pero tampoco tiene a cargo ninguna parroquia. Sigue siendo cura, aunque vive en un ostracismo casi completo: no da misa en público, no volvió a las aulas de ninguna escuela parroquial y mantiene un perfil bajo en María Grande.
Sin embargo, no se esconde. Se lo ha visto caminar por las calles de su ciudad y hasta participó del bautismo de un familiar enfundado en su traje de cura. La repercusión de su caso fue tal que, durante la investigación penal, una médica del Hospital San Martín pidió ser relevada del secreto profesional para explicar por qué el sacerdote había estado internado en el Servicio de Infectología y luego derivado a una clínica de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.