El cura Bonnin vio "Cautiva" y confesó: "Me consta que ocurrieron"
¿Qué fue lo que el cura Leandro Bonnin admitió sobre la serie "Cautiva" y el convento de Nogoyá? Su mensaje generó repercusión en las redes.
El sacerdote Leandro Bonnin, párroco de Cristo Peregrino en Paraná, rompió el silencio sobre la serie que revive el escándalo del convento carmelita de Nogoyá y asumió el dolor de los fieles con una frase que no deja lugar a dudas.
La serie “Cautiva” —disponible en TNT, Flow, HBO y Prime Video— está basada en “Las torturas del convento”, el libro de Daniel Enz que recrea los hechos reprochables ocurridos en el convento carmelita de Nogoyá. La ficción puso otra vez el tema en boca de todos, y Bonnin decidió pronunciarse públicamente en sus redes sociales.
“Asumo personalmente el dolor, la tristeza y la indignación que muchas personas sienten cuando un miembro del clero (yo mismo), un consagrado o un ámbito católico, en lugar de ser testimonio y signos de libertad, gozo, amor y santidad, nos podemos convertir… en lo peor”, escribió el cura.
Y agregó: “No vi la serie, pero me consta que algunos de los elementos perversos y delictivos que en ella se señalan ocurrrieron, lamentablemente”.
En ese sentido, pidió perdón a Dios y expresó su deseo de que “todos los que han visto lastimada su fe o su confianza en Jesús por los delitos cometidos por algunos de los miembros de su Iglesia, puedan encontrar alivio en la fe, y testimonio de santidad en otros miembros de la Iglesia”.
Conventos sanos y vidas consagradas
Bonnin también quiso marcar una diferencia: “Sí quiero decir que existen y que conozco conventos sanos, habitados de gente alegre y sana, que está allí por amor a Jesús, en total libertad. Y conozco consagrados y consagradas radiantes de vida, alegría y entrega. Ojalá sus vidas sean más conocidas”.
Junto a su opinión, el sacerdote compartió un texto que había publicado el 25 de agosto de 2016, días después del allanamiento al convento carmelita que terminó con la condena de la priora Luisa Toledo por privación de la libertad y aplicación de tormentos a dos monjas, Silvia Albarenque y Roxana Peña.
El texto de 2016: clausura, penitencias y obediencia
En aquel escrito, Bonnin reflexionó sobre los elementos de la vida carmelita que suelen resultar incomprensibles para el común de la gente. Explicó que la clausura no implica estar “privadas de la libertad”, sino que se trata de una elección personal sostenida en el tiempo: “En un convento donde todo funcione normalmente –según la regla– cualquier religiosa que desee abandonarlo puede hacerlo”.
También se refirió a las penitencias corporales, como el cilicio o la flagelación, y aclaró que forman parte de la tradición espiritual de la Iglesia y tienen fundamento bíblico. Sin embargo, subrayó un límite claro: el cuidado de la salud mental y psicológica. “No puede ser agradable a Dios una penitencia corporal que dañe la salud corporal”, afirmó, y advirtió que las superioras deben velar para evitar desequilibrios.
Sobre el voto de obediencia, sostuvo que es esencial en la vida religiosa, pero que “nunca es lícito obedecer cuando lo que se manda es pecado y ofensa a Dios”. Y remarcó que no es legítimo que un superior transforme su autoridad en dominación o manipulación de la conciencia.
En cuanto al caso concreto, Bonnin recordó la presunción de inocencia y señaló que, si alguna superiora abusa de su autoridad, es saludable que intervenga la autoridad eclesiástica y, si corresponde, la justicia, respetando los derechos de los acusados.
“La vida ejemplar de un inmenso número de hermanas carmelitas y su testimonio de alegría y normalidad no deben quedar empañados por el posible pecado o delito de algunas de ellas”, concluyó en aquel texto que hoy vuelve a circular con la serie en el centro de la escena.
