El crudo ya subió 44% y los expertos ya no descartan un barril a u$s140: por qué
El mercado apostaba a un barril barato y sobrante, pero la guerra en Medio Oriente dio vuelta el tablero: el Brent ya trepó 44% y los expertos trazan tres escenarios para los próximos meses. ¿Qué pasará con los precios?
La intervención militar de Estados Unidos e Israel en Irán, que empezó como una operación rápida, derivó en uno de los conflictos que más sacudió a la economía global en lo que va del año. El impacto se siente con fuerza en el precio del petróleo: el Brent pasó de u$s72,5 a u$s104 por barril (una suba del 44%) y el WTI escaló de u$s67 a casi u$s91 (+37%).
El mercado atravesó una volatilidad extrema, entre escaladas militares, intentos diplomáticos fallidos y ofensivas iraníes para restringir el abastecimiento energético de la región. Los especialistas consultados por Ámbito advierten que el piso de precios cambió para siempre y que hay tres escenarios posibles para los próximos meses.
Del estrecho de Ormuz a los ataques hutíes: cómo se llegó a este punto
El primer foco de tensión fue el estrecho de Ormuz, por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial. Las restricciones al transporte marítimo interrumpieron exportaciones y obligaron a varios países del Golfo a recortar producción. En abril, el Brent físico tocó máximos cercanos a u$s138.
Después, el conflicto se corrió al mar Rojo. La intensificación de los ataques hutíes y las amenazas sobre el estrecho de Bab el-Mandeb, junto con ofensivas contra infraestructura petrolera saudita —incluido un ataque al aeropuerto de Riad—, abrieron un nuevo frente. En septiembre, los ataques al oleoducto Este-Oeste, una ruta clave alternativa a Ormuz, cortaron temporalmente el transporte de más de 5 millones de barriles diarios y empujaron al Brent físico a u$s131.
El contraste con la situación previa a la guerra es notable: hasta entonces, el mercado mundial lidiaba con perspectivas de sobreoferta, un Brent en torno a u$s70 y expectativas de nuevas bajas. Ahora, con el abastecimiento condicionado, el G7 acordó acelerar la liberación de unos 100 millones de barriles de reservas estratégicas, mientras la OPEP+ mantiene en revisión su política de producción.
La brecha entre Brent y WTI se duplicó: qué significa
Para Nicolás Núñez, investigador del CIEN y especialista en geopolítica y mercados, la guerra en una región por la que pasa un quinto del petróleo mundial dejó de sorprender a los inversores. Citando las teorías de Thomas Schelling y James Fearon, explicó que “el mercado ya no pricea palabras baratas, sino 'señales costosas de revertir'”, como mayores fletes, seguros y barriles efectivamente transportados.
Según Núñez, el piso del crudo trepó de u$s60-65 a u$s85-90 desde agosto, con costos logísticos que seguirían altos hasta 2027. La brecha entre Brent y WTI se duplicó en dólares y pasó del 8% al 12% respecto del WTI. “El Brent se forma en el mar y absorbe fletes y primas de seguro récord; el WTI se forma en tierra, respaldado por una producción estadounidense récord”, detalló. Ambos siguen vinculados por las exportaciones, por lo que “la brecha mide en tiempo real cuánto cuesta y cuán riesgoso es mover barriles por mar”.
El experto advirtió que la recuperación parcial de los flujos no equivale a una normalización. Aunque instalaciones como Ras Tanura retomaron operaciones, persisten daños en infraestructura crítica cuya reparación podría llevar años, y la reducción de reservas estratégicas refuerza la demanda precautoria.
Ignacio Baratta, crude oil trader de Quintana Energy, también considera elevados ambos precios. Recordó que durante la tregua el Brent cayó a u$s71 y luego a u$s68,5 en pocas ruedas, pero tras el fracaso del acuerdo y con el invierno encima, los márgenes de refinación se ampliaron. “La caída en la oferta de refinados hace que la refinación luzca como el gran cuello de botella a nivel internacional”, señaló. La menor disponibilidad de inventarios deja al mercado con menos margen para absorber interrupciones, y los daños en refinerías podrían demorar la recuperación de combustibles incluso si se normaliza el tránsito marítimo.
El impacto en los mercados financieros
El encarecimiento del crudo se transmite a los mercados a través de la inflación, las tasas de interés y los márgenes empresariales, con efectos dispares entre sectores. Siguiendo el enfoque del economista Lutz Kilian, Núñez explicó que el conflicto provocó un shock de oferta que mantiene las presiones inflacionarias y dificulta la desinflación.
En Estados Unidos, el IPC pasó del 4,2% anual en mayo al 3,35% en agosto, y la Fed volvió a subir las tasas en septiembre, por primera vez desde 2023. El aumento de las tasas reales, junto con una oferta récord de deuda, elevó el costo del financiamiento. “Lo que sube es el premio que se exige por prestar, no solo la inflación esperada”, explicó.
Ese efecto ya golpea a los bonos largos, los servicios públicos (-8% anual) y los emergentes (-2,9% en septiembre). En cambio, el sector de energía lidera las ganancias (+39%), aunque con volatilidad. La tecnología resiste, con el Nasdaq acumulando un 21% desde febrero, pero Núñez alertó sobre su elevada concentración en el S&P 500 ante nuevas subas de tasas reales.
Baratta matizó que el petróleo caro también debilita el consumo y la actividad, por lo que el efecto monetario dependerá de la persistencia del shock. Entre los beneficiados identificó a productores fuera del conflicto y refinadoras con suministro estable, mientras aerolíneas, transporte, logística e industrias intensivas en derivados enfrentan mayores costos. Sin embargo, advirtió que “una mejora operativa no garantiza por sí sola una suba bursátil”, porque las valuaciones pueden haber anticipado ese escenario.
Tres escenarios para el precio del petróleo
Para los próximos tres a seis meses, Núñez y Baratta coinciden en tres escenarios posibles, con diferencias en los precios de una eventual normalización. Las proyecciones son rangos orientativos, no promedios anuales, y dependen de la evolución del conflicto y la recuperación del abastecimiento.
Optimista: normalización sostenida, con acuerdos verificables, reapertura de Ormuz, menores riesgos para la infraestructura y recuperación de exportaciones. Baratta proyecta un Brent de u$s75-85 y un WTI de u$s65-75; Núñez estima un Brent de u$s80-90. Ambos advierten que la reposición de inventarios limitaría la caída, y Baratta suma la recuperación de las compras chinas. Núñez descarta volver a los u$s60 previos.
Moderado: persistencia de restricciones, flujos parciales, ataques esporádicos a rutas alternativas, mayores costos logísticos y escasez de refinados. Coinciden en un Brent de u$s95-110, mientras Baratta ubica el WTI entre u$s85 y u$s100. Núñez lo llama “fricción administrada” y advierte que mantendría las tasas elevadas por más tiempo.
Pesimista: nueva escalada militar con ataques severos a productores clave, Ormuz o rutas alternativas. Ambos proyectan un Brent de u$s120-140, y Baratta estima un WTI de u$s105-125, con posibles picos superiores. Núñez recordó que el Brent físico ya alcanzó u$s138 el 7 de abril y u$s131 el 15 de septiembre.
Qué mirar de acá en adelante
Los especialistas coinciden en que habrá que seguir de cerca la recuperación efectiva del abastecimiento: los volúmenes que atraviesan Ormuz, los ataques en el mar Rojo y el estado del oleoducto Este-Oeste saudita. Baratta agrega la evolución de los inventarios, las compras de China, la demanda del invierno boreal y los costos de transporte, además de una eventual prohibición estadounidense de exportar diésel.
Núñez pone el foco en las opciones sobre petróleo y las tasas reales estadounidenses como indicadores adelantados, y en las decisiones de la Fed y las elecciones legislativas de noviembre en EEUU. La capacidad efectiva de la OPEP+ y el uso de reservas estratégicas también condicionarán la oferta y los precios.
En los mercados, una normalización favorecería a aerolíneas, consumo y tecnología; la persistencia de restricciones sostendría los márgenes de petroleras, refinadoras y empresas de GNL, pero presionaría sobre bonos largos y emergentes; una escalada beneficiaría relativamente a energía y defensa, perjudicando a los importadores netos.
Para Argentina, Núñez resaltó que el superávit energético de u$s7.834 millones entre enero y agosto amortigua el impacto comercial, aunque el principal riesgo seguiría siendo financiero, por el encarecimiento del crédito internacional.