El crimen del padre Martearena: la traición que Salta no olvida a 25 años
A 25 años del crimen que conmovió a Salta, dos jóvenes a los que el padre Martearena había ayudado terminaron condenados por su asesinato. Un error los delató.
Este 8 de octubre se cumplen 25 años del asesinato del padre Ernesto Urbano Martearena, el sacerdote que conmocionó a Salta por su extensa tarea social y que fue ultimado a puñaladas en la casa parroquial de Nuestra Señora de Fátima. El caso, que derivó en dos condenas a prisión perpetua, sigue vivo en la memoria de los salteños.
Quiénes eran los jóvenes que lo traicionaron
Martearena tenía 57 años y vivía en la casa parroquial ubicada sobre calle Caseros al 1900. Allí fue atacado durante la madrugada del lunes 8 de octubre de 2001.
Los responsables eran dos jóvenes de su entorno: Javier Alfredo Alanís Colausti, de 21 años, a quien el sacerdote consideraba su ahijado, y Santos Marcelo Castillo, de 19, que había sido monaguillo de la parroquia. Ambos habían recibido ayuda y acompañamiento de Martearena.
La noche del crimen
La noche anterior, el padre había cenado con un sacerdote y un abogado amigo, y después regresó a la parroquia. Cerca de las 2 de la madrugada llegaron Alanís y Castillo. Pudieron entrar porque el sacerdote los conocía.
La reconstrucción judicial estableció que fueron a buscar dinero. Martearena se habría resistido y fue atacado con un cuchillo: recibió 18 puñaladas. Luego trasladaron el cuerpo hasta una habitación e intentaron incendiarlo para eliminar rastros. Del lugar se llevaron una pequeña suma de dinero y una tarjeta bancaria.
El error que los delató
Después del asesinato, Alanís intentó extraer dinero con la tarjeta de Martearena, pero no conocía la clave y el cajero retuvo el plástico. El banco advirtió que la tarjeta pertenecía al sacerdote asesinado y la filmación de seguridad permitió identificar al joven.
Alanís fue detenido en Jujuy. La investigación avanzó luego sobre Castillo, arrestado en Salta. Los dos dieron versiones diferentes y se acusaron mutuamente, pero la Cámara Tercera del Crimen consideró acreditada la responsabilidad de ambos. En agosto de 2003 fueron condenados a prisión perpetua como coautores de homicidio calificado.
Qué pasó con los condenados
Los recorridos penitenciarios fueron distintos. Marcelo Castillo recibió durante 2025 autorización para realizar salidas transitorias dos veces al mes, en jornadas separadas y sujetas a control judicial.
Javier Alanís había obtenido la libertad condicional en Jujuy, pero la Fiscalía apeló, el beneficio fue revocado y regresó a prisión. En 2023, la Corte de Justicia de Salta rechazó un planteo de su defensa. Hasta el momento no trascendió públicamente una resolución más reciente que modifique de manera definitiva esas situaciones.
Un legado que sigue presente
Martearena no fue solo el sacerdote cuyo nombre lleva el estadio de la zona sur. Había impulsado comedores, hogares para niños y adultos mayores, asistencia para madres adolescentes, acciones para prevenir el VIH y obras sanitarias en distintas localidades. Su trabajo alcanzaba a alrededor de 2.000 personas.
Veinticinco años después, Salta continúa recordando tanto la violencia del crimen como la magnitud de la obra que dejó.