El costo oculto de la guerra en Irán: precios que no bajarán aunque termine el conflicto

La guerra en Irán disparó los costos logísticos y energéticos. ¿Están las empresas preparadas para un futuro más caro e impredecible?

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El costo oculto de la guerra en Irán: precios que no bajarán aunque termine el conflicto
El costo oculto de la guerra en Irán: precios que no bajarán aunque termine el conflicto

La guerra en Irán ya no es solo un conflicto geopolítico: se ha convertido en una máquina de inflación que golpea a empresas y consumidores. Incluso si los ataques cesan, el encarecimiento de hacer negocios llegó para quedarse.

Desde productos farmacéuticos hasta electrónicos, los líderes empresariales buscan desesperadamente alternativas. "Tengo que conseguir opciones", resume Kevin O'Marah, director de investigación de Zero100, firma especializada en cadenas de suministro. La consigna es clara: diversificar proveedores, acumular inventarios y crear rutas alternativas. Pero esa flexibilidad tiene un precio. "Es, por naturaleza, inflacionario", advierte O'Marah.

¿Qué dice el FMI sobre el futuro de los precios?

El Fondo Monetario Internacional ya anticipó un nuevo brote inflacionario global: prevé que la inflación suba al 4,7% en 2026, frente al 4,1% de 2025, impulsada por el alza en energía, metales, fertilizantes y alimentos. Y esas proyecciones se hicieron antes de que los precios del petróleo se dispararan por la escalada entre Irán y Estados Unidos.

Además, la amenaza de Donald Trump de cobrar un arancel del 20% a toda carga que cruce el estrecho de Ormuz podría duplicar los costos de envío, según analistas.

Rutas alternativas: un rompecabezas costoso

Empresas como Maersk ya están pagando el pato. Hasta junio, la naviera había transportado 44.000 contenedores con muebles, electrónicos y alimentos hacia el golfo Pérsico por tren y camión, en lugar de barco. El proceso es engorroso: la carga se descarga en el puerto saudí de Yeda, en el mar Rojo, y luego viaja en camión a Kuwait, Catar y Baréin, con conductores llegados desde Jordania, Irak y Turquía.

"No suele ser la manera más efectiva, pero si el estrecho está cerrado, es la forma más efectiva", dice Vincent Clerc, CEO de Maersk. Cada contenedor le cuesta a la compañía unos 1.000 dólares adicionales. Si la crisis persiste, esos costos se trasladarán a los consumidores o reducirán las ganancias de los minoristas.

El efecto dominó ya se siente en Asia. Según Rhenus, firma global de logística, las tarifas de envío desde Shanghái, aunque bajaron levemente, siguen un 84% más altas que hace un año. Los mayores costos y demoras afectan la planificación industrial. "Los tiempos de entrega más largos y los costos de energía elevados podrían presionar los precios al consumidor", advierte Rhenus.

Para ahorrar combustible, algunas navieras recurren al "slow steaming", reduciendo la velocidad de los barcos. Los seguros también se encarecen: cada nuevo incidente reinicia el contador de seis meses de estabilidad necesario para bajar las primas, explica Tobias Bartz, CEO de Rhenus.

El nuevo paradigma: seguridad ante todo

Directivos de Maersk y CMA CGM ya anunciaron que no pueden depender de una sola ruta. "Este es el nuevo entorno operativo", concluyó la consultora Promixa tras encuestar a más de 500 CEOs de empresas con ingresos superiores a 500 millones de dólares. Casi tres cuartas partes aceptarían un aumento de costos superior al 10% para garantizar la resiliencia de sus cadenas de suministro.

En el sector energético, la tarea es aún más titánica. Kuwait evalúa resucitar un oleoducto saudita que cruza los altos del Golán, inactivo por más de 35 años. Omán expande puertos fuera del estrecho; Irak estudia nuevos oleoductos; Arabia Saudita y Turquía exploran conexiones ferroviarias. "Ahora estamos entrando en una nueva era donde los beneficios de estas inversiones pasaron de ser abstractos a concretos", dice Jamie Ingram, editor de Middle East Economic Survey.

Exportadores como Arabia Saudita e importadores como India también invierten en almacenamiento fuera del golfo. "Ahora estamos en el mundo de invertir en seguridad, resiliencia y redundancia", resume David Goldwyn, exfuncionario del Departamento de Energía de EE.UU. Todo se traduce en costos más altos que, tarde o temprano, pagarán los consumidores.

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