El corazón fuera de ritmo: la arritmia silenciosa que quintuplica el riesgo de sufrir un ACV
El corazón late desordenado y no da aviso: ¿sabías que esta arritmia silenciosa multiplica por cinco el riesgo de ACV? Conocé cómo detectarla a tiempo y las opciones para prevenir un accidente cerebrovascular.
Un simple chequeo médico podría ser la clave para evitar un accidente cerebrovascular (ACV). Pero hay un enemigo silencioso que acecha sin dar señales: la fibrilación auricular (FA), una alteración del ritmo cardíaco que multiplica por cinco las chances de padecer un ACV. ¿Cómo detectarla a tiempo?
La salud cardiovascular volvió a estar en el centro de la escena, y con ella resurge una pregunta clave: ¿se puede prevenir un ACV antes de que ocurra? Para muchos casos, la respuesta es sí, y el camino pasa por un control periódico que identifique los factores de riesgo. Entre ellos, la FA es uno de los más determinantes, pero también uno de los más difíciles de notar.
“Los pacientes diagnosticados con alta probabilidad de tener un ACV generalmente sufren alteraciones cardíacas, particularmente, fibrilación auricular, es decir, el corazón no late de forma regular sino desorganizada. Un corazón sano presenta entre 60 y 100 latidos por minuto, debido a señales eléctricas regulares, mientras que una persona con fibrilación auricular tiene entre 100 y 175 latidos por minuto”, explica el Dr. Fernando Scazzuso (M.N. 83.184), jefe de Electrofisiología y Arritmias del Instituto Cardiovascular Buenos Aires (ICBA).
¿Qué pasa cuando el corazón se desorganiza?
El problema de fondo es que esa desorganización eléctrica favorece la formación de coágulos. “La principal complicación asociada a la fibrilación auricular es el desarrollo de coágulos sanguíneos, un factor que eleva hasta cinco veces el riesgo de padecer un ACV”, agrega el especialista. Según detalla, en la FA de origen no valvular, más del 90% de esos coágulos se origina en una pequeña estructura del corazón llamada apéndice auricular izquierdo u orejuela. El riesgo crece aún más en presencia de edad avanzada, hipertensión no controlada, diabetes, insuficiencia cardíaca o antecedentes vasculares.
En Argentina, la prevalencia estimada de FA ronda entre el 1% y el 2% en adultos, pero supera el 10% en personas mayores de 75 años.
Prevención: la clave para evitar el primer episodio
Desde la neurología, la mirada apunta directamente a la prevención. “La fibrilación auricular es una de las principales causas de ACV isquémico cardioembólico. Sin embargo, una proporción importante de estos casos puede prevenirse mediante la detección oportuna de la FA, una adecuada evaluación del riesgo tromboembólico y la implementación temprana de estrategias de prevención cerebrovascular, como la anticoagulación o, en pacientes seleccionados, el cierre de la orejuela auricular izquierda”, afirma la Dra. Marianela López Armaretti (MN 171.048), especialista en Neurología del Hospital Italiano de Buenos Aires.
La especialista subraya que no existe un único camino terapéutico: “El profesional decide qué alternativa, combinación o secuencia de tratamientos es la más recomendable, teniendo en cuenta la edad, las comorbilidades, el riesgo de sangrado y, además, las preferencias de cada paciente”.
¿Cuáles son las opciones de tratamiento?
Entre las alternativas que manejan los especialistas se encuentran la anticoagulación oral, indicada según el perfil de cada paciente; la oclusión de la orejuela auricular izquierda, un procedimiento mínimamente invasivo para quienes no pueden recibir anticoagulantes; la ablación cardíaca —que puede realizarse por frío, calor o campo pulsado— para tratar la arritmia de base; y, en casos seleccionados, el implante de un marcapasos permanente.
Scazzuso remarca además la importancia de los hábitos diarios: “Si un paciente tiene fibrilación auricular, su médico le recomendará alimentación saludable, mantener un peso saludable según su edad, peso y condiciones generales; hacer ejercicio y actividad física sistemática y sostenida, y no fumar”.
Respecto a las señales de alarma, el especialista enumera las más frecuentes: “No todas las personas con fibrilación auricular presentan síntomas, algunas veces se diagnostica casualmente en un chequeo general. Por eso es importante consultar con el médico ante ciertos síntomas: palpitaciones, cansancio o fatiga, dificultad para respirar o falta de aliento; mareos, sensación de aturdimiento o desmayos, molestias o dolor en el pecho, menor capacidad para hacer ejercicio o -en casos más graves- confusión”.
Finalmente, López Armaretti remarca el rol de la prevención primaria: “Desde la neurología vascular, el principal objetivo es prevenir la ocurrencia del primer ACV isquémico o evitar su recurrencia. Para ello, es fundamental la detección temprana de la fibrilación auricular y el adecuado control de los factores de riesgo cardiovasculares. Asimismo, la adopción de hábitos saludables, como la realización regular de actividad física, una alimentación equilibrada y la suspensión del consumo de tabaco, contribuyen significativamente a reducir el riesgo de eventos cerebrovasculares”.