El contador chaqueño que quiere devolverle la vida al Rastrojero y ya conquistó las redes
Un contador chaqueño sueña con fabricar un Rastrojero moderno y ya tiene 30 mil seguidores en Instagram. ¿Podrá resucitar al emblemático vehículo?
Un contador chaqueño, fanático de la historia rural, está decidido a resucitar al Rastrojero, la icónica camioneta que marcó una época en el campo argentino. Su proyecto, que nació como un juego con inteligencia artificial, ya suma más de 30.000 seguidores en Instagram y sueña con fabricar una versión moderna del utilitario.
¿Un Rastrojero moderno?
William Pucheta, oriundo de Sáenz Peña pero radicado en Saladas, Corrientes, no es ingeniero ni diseñador industrial: es contador, igual que su esposa. Sin embargo, su pasión por el vehículo que dominó las rutas rurales lo llevó a imaginar cómo sería si se fabricara hoy. Con ayuda de herramientas de inteligencia artificial, comenzó a crear diseños que luego compartió en Instagram, bajo el usuario @rastrojeroargentino.
“La idea nació en el estudio contable que tenemos con mi mujer”, contó Pucheta a Bichos de Campo. “Yo nací cerca de Sáenz Peña, pero hoy vivo en Saladas. Ahí tenemos clientes que son chacareros, pequeños productores, comerciales, e increíblemente siempre termina saliendo en las conversaciones el recuerdo del Rastrojero. Y llama la atención el amor con el que lo recuerda”, agregó.
El furor fue tal que en poco tiempo la cuenta superó los 30 mil seguidores. Pero Pucheta no se detiene ahí: quiere llevar sus diseños a la realidad y ya investigó el marco legal para fabricar vehículos artesanales en Argentina.
La historia del emblemático Rastrojero
El Rastrojero nació casi por accidente. A comienzos de los años '50, el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI), creado durante la presidencia de Edelmiro Farrell y con fuerte impulso en el gobierno de Perón, importó desde Estados Unidos unos 2.500 tractores Empire para modernizar el agro. Pero esas máquinas, hechas con material de posguerra, resultaron inadecuadas para las tareas locales y fueron retiradas del mercado.
Fue entonces cuando el brigadier Juan Ignacio San Martín, convencido de que el Estado debía tener su propia industria automotriz, propuso aprovechar las piezas de esos tractores para crear un utilitario que sí respondiera a las necesidades del campo. Con el apoyo del ingeniero Raúl Gómez, San Martín impulsó el proyecto desde Córdoba, que se convirtió en uno de los pilares de IAME (Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado).
Las primeras unidades eran nafteras, con caja de madera y una capacidad de carga de unos 500 kilos. Su diseño simple, resistente y económico conquistó a los productores. Cuando se agotaron los componentes de los Empire, IAME los reemplazó por motores diésel Borgward, fabricados en Argentina. Para 1955 ya se producían más de 3.000 unidades por año.
Hacia fines de los '60, el Rastrojero se modernizó: su carrocería pasó a ser metálica y aparecieron versiones como doble cabina, furgón y ambulancia. Según el documental “Inoxidables: Rastrojero”, de Canal Encuentro, se fabricaron más de 139.000 unidades y, a mediados de los '70, controlaba cerca del 80% del mercado argentino de pickups diésel.
Su final no llegó por falta de demanda, sino por decisión política. Durante la última dictadura militar, el IME fue liquidado y la producción se detuvo entre 1979 y 1980. Aun así, muchos ejemplares siguen circulando en el interior del país, cuidados por sus dueños como verdaderas reliquias.
De las redes a la posible fabricación
Pucheta no se conforma con los diseños virtuales. Investigando, descubrió que existe una legislación que permite construir vehículos artesanales o de preserie en Argentina. “Podemos armar el Rastrojero original, con las mismas características, con el motor y sus componentes, si lo hacemos de forma artesanal. El Ford Cobra es un ejemplo de eso”, explicó.
Si bien algunos le sugirieron fabricarlo en China para abaratar costos, el chaqueño prefiere apostar por la industria nacional. “Hacerlo en China es factible desde los números, pero ya no sería un vehículo de industria nacional. Y esa es su esencia, su identidad”, afirmó. Su visión es fundar una empresa automotriz capaz de diseñar, homologar y fabricar un Rastrojero moderno, robusto y simple, orientado al trabajo.
Para financiar el proyecto, Pucheta escribió un libro sobre su iniciativa, que ya superó las 500 páginas y se vende por 15.000 pesos. “Muchos se acercaron a ofrecerme apoyo, colaboración”, dijo. Aunque reconoce que aún falta mucho, se muestra optimista: “Llegamos al 1% de lo que necesitamos, pero paso a paso vamos llegando”.