El consultor que sacudió a las PyMEs madereras: "Ninguna debería considerar intocable su aserradero"

Un ingeniero forestal de Misiones viene diciendo algo que incomoda al sector maderero: el problema no es solo la economía. Hay PyMEs que arrastran fallas de fondo y él asegura que algunas deberían replantear hasta su aserradero. Su propuesta incluye una salida que pocos esperaban.

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El consultor que sacudió a las PyMEs madereras: "Ninguna debería considerar intocable su aserradero"
El consultor que sacudió a las PyMEs madereras: "Ninguna debería considerar intocable su aserradero"

El ingeniero forestal Aldo Daniel Grasso, consultor foresto-industrial de Misiones, puso el dedo en una llaga incómoda para el sector: buena parte de los problemas que arrastran las PyMEs madereras argentinas no se explican solo por la coyuntura económica. Escala insuficiente, equipamiento envejecido y estructuras productivas demasiado integradas son, a su entender, fallas de fondo que exigen una reingeniería del modelo industrial.

Grasso advirtió que atribuir todas las dificultades a la caída de la demanda, al costo financiero o al tipo de cambio lleva a esperar una recuperación del mercado como si esa sola variable fuera a resolver la competitividad. "Considero que no será así", sentenció.

Un diagnóstico que incomoda

Para el consultor, hay tres cuestiones centrales. La primera es la escala insuficiente de muchas plantas: en procesos intensivos en capital, administración, mantenimiento, energía, personal indirecto e infraestructura deben repartirse entre los metros cúbicos efectivamente producidos. Cuando el volumen es bajo, cada metro cúbico soporta una proporción excesiva de esos costos.

La segunda es el envejecimiento tecnológico del equipamiento. Y la tercera, una concepción de la integración vertical que en ciertos casos genera más costos que ventajas.

Asociarse para ganar escala

Grasso propone abandonar la idea de que para ser una empresa industrial completa hay que ser dueño de todos los equipos. Varias PyMEs que necesitan secar, clasificar, hacer finger-joint u optimizar piezas quizás no justifiquen individualmente una instalación moderna, pero entre cinco, ocho o diez empresas esa inversión alcanza un nivel de utilización completamente distinto.

El planteo no implica fusionar compañías ni que el empresario pierda independencia. Cada firma conserva identidad, clientes y estrategia comercial. Lo que se comparte son los activos o procesos cuya escala económica excede la capacidad individual. "Eso es construir escala de manera colectiva", resumió.

¿Tiene sentido que todas las PyMEs aserren?

Una de las definiciones más fuertes del análisis apunta al corazón del negocio tradicional. El aserrado primario tiene una lógica ligada al volumen, la velocidad de proceso, la recuperación de materia prima y la automatización. En ese terreno, una gran planta moderna alcanza niveles de eficiencia difíciles de reproducir a pequeña escala.

Por eso, sostiene que algunas PyMEs deberían evaluar seriamente abandonar el aserrado, aunque reconoce que en Misiones pesa una cuestión cultural e histórica muy fuerte. "No digo que todas deban cerrar sus aserraderos, pero ninguna debería considerar intocable su primera transformación sin analizar previamente su eficiencia económica", afirmó.

Del volumen al valor agregado

La salida que propone está en la remanufactura y la especialización. Una PyME puede dejar de pensar su fábrica desde el rollizo y empezar a pensarla desde la tabla seca y clasificada. Desde ahí puede mecanizar, moldurar, hacer finger-joint, fabricar componentes para muebles, aberturas, revestimientos, pisos o piezas con mayor contenido de ingeniería y diseño.

En esos segmentos pesan otras capacidades: conocimiento del producto, flexibilidad, series cortas, atención personalizada y proximidad al mercado. Allí, dice, una empresa pequeña o mediana puede ser extraordinariamente competitiva.

El modelo también redefine el vínculo con las grandes plantas. Una compañía de mayor dimensión puede ser menos flexible para atender lotes pequeños o desarrollar cientos de productos distintos. La PyME vive la situación inversa. De ahí surge una complementariedad que, según Grasso, el sector debería aprovechar mucho más: grandes plantas concentradas en madera aserrada, seca y clasificada que abastezcan a una red de empresas especializadas.

El primer paso, insiste, es un diagnóstico riguroso antes de invertir: dónde gana dinero la empresa, qué procesos consumen recursos sin dar ventaja competitiva, qué nivel de utilización tiene cada máquina, qué operaciones podrían tercerizarse y con quién asociarse. "En una PyME, donde el capital siempre es escaso, invertir antes de responder esas preguntas puede hipotecar varios años de funcionamiento", advirtió.

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