El consejo de Bilinkis que puede cambiar tu forma de usar la inteligencia artificial

Todos esperaban un repaso teórico sobre IA, pero Bilinkis fue directo al grano: cómo usarla sin quedar en el camino. Lo que dijo sobre el futuro del trabajo y el riesgo de delegar demasiado.

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El consejo de Bilinkis que puede cambiar tu forma de usar la inteligencia artificial
El consejo de Bilinkis que puede cambiar tu forma de usar la inteligencia artificial

En el auditorio de Diario Río Negro, Santiago Bilinkis encendió la chispa de la inteligencia artificial ante un público atento. Fue en el marco del ciclo de charlas «Roca Futuro», donde el empresario y tecnólogo argentino compartió claves para sacarle el jugo a herramientas como ChatGPT y Claude, y advirtió sobre los riesgos de una dependencia ciega.

La disertación convocó a empresas locales como IJAN, Pin Capital, La Baguette, Distribuidora Pablo SA, El Forastero, Cedisur, Distribuidora Gamma, Solar Urbano, HDI, Callieri, Barda Sur, Oldelval, Droguería Patagónica, ECA SA, Panadería Mónica, Farmacia Ámbar Bancaria, 365 Broker, Net Patagonia, Cabarcos Motores, 2 Soles, Clínicas de Ojos Román, Visur Viviendas y Caic.

Cinco claves para relacionarse con la IA

Bilinkis arrancó con una provocación: dejar de usar la IA como un simple buscador. «La mayoría está utilizando la IA como Google», planteó, y pidió dar el salto hacia un uso más creativo que resuelva problemas concretos.

Desarmó también la idea de que la IA ofrece una única verdad. «Ahí adentro viven todas las perspectivas», señaló, e invitó a explotar esa multiplicidad de miradas en lugar de buscar una respuesta cerrada.

El especialista recomendó exigirle a la IA problemas realmente difíciles y no solo consultas triviales. «No hay costo adicional de complejidad», explicó, y remarcó la importancia de darle contexto: cuanta más información se brinde, mejor será la ayuda.

El último consejo fue no conformarse nunca con la primera respuesta. «Gran parte del secreto es iterar», sostuvo, en referencia a la posibilidad de reformular y ajustar los resultados hasta llegar a una versión superadora.

Las fortalezas de la IA y el «terremoto» de 2026

En la segunda parte, Bilinkis se detuvo en dos fortalezas: la empatía y la creatividad. Explicó que la capacidad de la IA para adaptar su respuesta a lo que el interlocutor necesita, como explicar un concepto complejo «como si fuera para un nene de 10 años», es en sí misma un ejercicio de empatía, aunque no provenga de una conciencia humana.

Sobre la creatividad, compartió una experiencia propia: generó canciones con IA que imitaban el estilo de bandas reconocidas y las difundió sin identificar su origen. Cuando la gente las escucha sin saber que fueron hechas por una máquina, las valora bien, pero al enterarse las rechaza. «Hay algo de repudio visceral», definió, aunque remarcó que la calidad técnica es innegable.

El especialista marcó un quiebre entre lo que llamó la «IA de 2025» (los chatbots convencionales) y los nuevos sistemas de «IA agéntica». «2026 es más diferente a 2025 que 2025 a la década del 80», afirmó. Mientras un chatbot solo responde preguntas, un agente puede ejecutar tareas completas de principio a fin, con la autonomía que el usuario decida darle.

Estos nuevos sistemas son considerablemente más inteligentes, tienen una memoria que pasó de equivaler a unas 30 páginas de texto a cerca de 3.000, funcionan de manera local y requieren un proceso de «inducción» similar al de un empleado nuevo. Bilinkis detalló las vías para entrenarlos: análisis de grandes volúmenes de datos propios, entrevistas directas, investigación para convertirse en experto y feedback constante sobre los errores. «Cada error es la posibilidad de detectar dónde queda todavía un agujero en el esquema y corregirlo», explicó.

El impacto real: hiperproductividad y riesgos

En la parte final, Bilinkis abordó el impacto más concreto de la IA: la posibilidad de que cualquier persona, sin conocimientos técnicos, resuelva tareas antes reservadas a especialistas. «Todos sabemos programar hoy en día, en cierto sentido», planteó, tras mostrar cómo había creado un pequeño videojuego dando instrucciones en lenguaje simple.

Ese salto genera personas «hiperproductivas», capaces de rendir muy por encima del promedio, lo que representa un riesgo laboral más inmediato que el reemplazo directo por la IA. «La mayor preocupación no es que la IA elimine tu trabajo, sino que lo elimine el compañero de al lado que la usa mejor que vos», advirtió.

El especialista también alertó sobre los riesgos de una dependencia excesiva. Citó una investigación que comparó la actividad cerebral de personas que resolvían una tarea compleja con y sin ayuda de IA, y arrojó una diferencia de casi el 50 por ciento menos de activación en quienes usaron la herramienta. Trazó un paralelismo con el sedentarismo físico: así como la comodidad tecnológica derivó en problemas de salud, el uso indiscriminado de la IA podría derivar en una atrofia de ciertas capacidades cognitivas.

En ese sentido, planteó que la sociedad se dividirá en tres grupos: quienes rechacen la tecnología por completo, quienes la usen para evitar todo esfuerzo, y quienes logren aprovecharla para potenciar su propio criterio sin delegar el pensamiento.

Para cerrar, propuso pensar el cambio tecnológico con la imagen de un cavernícola al que le regalan un auto. El error sería usarlo solo para llegar más rápido a los mismos lugares de siempre; el verdadero salto está en descubrir que el mundo disponible se expandió. Llamó a los presentes a no ser «el freno de mano» de sus organizaciones y a animarse a tomar riesgos, con la advertencia de que las compañías que se aferran a fórmulas ya probadas suelen ser las que más problemas enfrentan frente a los cambios de época.

Preguntas del público: sesgo, autonomía y riesgos de seguridad

Durante la ronda de preguntas, Bilinkis fue consultado sobre el sesgo ideológico de los distintos modelos de IA. Respondió que, así como sucede con los medios de comunicación, cada sistema tiene una orientación propia según la compañía que lo desarrolla, y recomendó tomar sus respuestas «con pinzas» en temas sensibles.

Ante una pregunta sobre los riesgos de la autonomía, se mostró cauto: descartó el escenario de ciencia ficción de una máquina rebelde, pero advirtió que el verdadero peligro está en combinar autonomía, inteligencia y capacidad de daño sin una supervisión adecuada. Mencionó el hallazgo de drones sin comunicación con una central que tomaban de forma autónoma la decisión final sobre su objetivo, y un caso reciente en el que una empresa logró sortear las restricciones de seguridad de un modelo de última generación.

Cerró con un ejemplo: pedirle a alguien «traé un sándwich lo más rápido posible» da por sentado límites de sentido común que resultan obvios para una persona, pero que una máquina no necesariamente puede inferir. Ese desafío, planteó, es uno de los grandes problemas que todavía debe resolver el desarrollo de la inteligencia artificial.

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