El colegio con 1400 alumnos que late en 9 de Abril y quedó contra la pared: "Tenemos certificado de defunción"
¿Qué encontraron los padres cuando fueron a buscar vacantes para los 1400 alumnos del Almafuerte? La respuesta que nadie quería escuchar, en una escuela que nació con diez chicos y hoy es el corazón de 9 de Abril.
El Instituto Almafuerte, en 9 de Abril, partido de Esteban Echeverría, tiene autorización para funcionar hasta el 31 de diciembre. Una resolución de la Cámara de Apelaciones de Lomas de Zamora ordenó disolver y liquidar la sociedad que lo gestiona, después de un pleito entre socios y herederos que lleva diez años.
La comunidad educativa se movilizó este martes en el patio del establecimiento. Alumnos, exalumnos, padres, docentes, preceptores, comerciantes y vecinos se reunieron en lo que describieron como "el último intento por salvar al colegio".
El Almafuerte no es una escuela más en la zona. Nació en 1960 de unas clases de apoyo que daban Domingo Antonio Francisco Motta, su esposa Carmen Fernández Veiga y su hija María del Carmen. Arrancó con una decena de chicos. Hoy tiene casi 1400 estudiantes repartidos en los tres niveles.
Una historia familiar que se rompió
Durante décadas, María del Carmen Motta estuvo al frente de la institución. La acompañaron Orlando Antonio Pintos, socio y docente clave en el crecimiento del colegio hasta su fallecimiento en 2011, y Ana María Falzarano, que había llegado como docente en 1977 y después se convirtió en una de las responsables de sostenerlo.
Tras la muerte de Pintos, su viuda y dos de sus hijos herederos iniciaron una demanda para disolver la sociedad: no habían logrado un acuerdo para desprenderse de su parte. La disputa se estiró más de una década.
En 2024, un fallo de primera instancia pareció encauzar el conflicto y garantizar la continuidad mediante la adecuación de la sociedad a una figura legal. Pero la Cámara de Apelaciones de Lomas de Zamora revirtió esa decisión y ordenó avanzar con la disolución y la liquidación.
"En dos meses dio vuelta la sentencia y decretó la disolución y la liquidación de la sociedad", cuestiona Rodrigo Pinto Falzarano, representante legal de la comunidad del colegio. Es nieto de Orlando, sobrino de Ana María e hijo del heredero que no participa del conflicto societario.
El resultado, advierte, es que el colegio solo tiene autorización para tres meses más. "Hoy nosotros tenemos certificado de defunción. Hasta el 31 de diciembre podemos seguir funcionando, pero no tenemos garantizada la continuidad", afirma.
"Nos enteramos el viernes pasado y seguimos sin poder creerlo"
Sandra Viviana Verón es exalumna del Almafuerte. También estudiaron allí sus hijas y hoy asisten sus nietos. "Esta situación atraviesa a mi familia por completo", define. Sabía del conflicto que arrastraba la escuela, pero asegura que la resolución fue abrupta. "Nosotros nos enteramos el viernes pasado y seguimos sin poder creerlo", lamenta.
A su lado, Zenaida de Carrión, madre de dos alumnos, está igual de impactada. "Duele saber que una institución de esta categoría vaya a cerrar. Acá sí hay educación de calidad, hay respeto, se les enseña todo a los chicos. Yo amo a esta escuela y quiero que mis hijos sigan estudiando acá", expresa.
Las dos coinciden en algo: en la zona hay pocas opciones educativas, sobre todo para el secundario. "Para muchas familias, sacar a sus chicos de acá implicaría gastos muy fuertes en logística, porque cerca no hay otras opciones", explica De Carrión.
Verón cuenta que algunos padres ya empezaron a buscar alternativas y no encontraron vacantes. "Nos dejaron, la verdad, a todos con las manos atadas", dice. También advierte que un cierre golpearía al comercio de la zona, que vive en buena parte de la afluencia diaria de alumnos y familias.
El barrio que se construyó alrededor del colegio
Patricia Grill, "Pato" para todos, es comerciante, exalumna y vecina desde hace 53 años. Su vínculo con la escuela también es familiar: sus abuelos, de origen esloveno, participaron de la construcción del establecimiento junto a "Don Motta".
"Son muchas las generaciones. Somos una familia", resume. Y agrega: "Esto lo construyó toda la localidad de 9 de Abril. Todos los que estamos acá, desde los comerciantes, los alumnos y los profesores, siempre fuimos unidos. Fue una escuela que nos unió siempre".
Grill evita tomar partido en la pelea entre socios y herederos, y pide concentrar el reclamo en la continuidad. "La interna la tienen que resolver ellos. Nosotros lo que pedimos es que la escuela permanezca abierta", sostiene. Dice que, además de los 1400 alumnos actuales, hay familias nuevas esperando una vacante.
La comunidad mantiene la movilización. Una comitiva presentó el reclamo en la sede de la gobernación provincial, en La Plata. "Fueron padres con los carteles de los chicos para que alguien nos informe y nos diga qué va a pasar con la escuela", cuenta.
Después de la protesta, un grupo de padres fue recibido por consejeros generales de educación bonaerenses. Los funcionarios pidieron a la Dirección de Educación de Gestión Privada (Diegep) y a la Subsecretaría de Educación una intervención prioritaria para evaluar el futuro de la escuela y garantizar la continuidad educativa de los alumnos. El pedido incluye un relevamiento oficial de vacantes para 2027, la capacidad real de las escuelas cercanas para absorber la matrícula y el impacto de una eventual interrupción del servicio.
Un colegio con nueve lotes y talleres de robótica
Según pudo saber LA NACION, el Almafuerte recibe una subvención provincial del 80% para el pago de salarios docentes y no docentes, con un plantel de más de cien personas. Las cuotas van de $120.000 a $130.000 y cubren el resto de los gastos de funcionamiento e instalaciones.
El colegio ocupa nueve lotes. La estructura luce óptima y en los últimos años sumó talleres de robótica, impresión 3D y clases de natación. "Hay gente que vino después de mucho tiempo y dice: 'No puedo creer lo que es la escuela, lo que se ha avanzado'", cuenta Pinto Falzarano.
Esa postal contrasta con el entorno: el colegio está a 150 metros del Camino de Cintura, en un tramo marcado por el crecimiento de asentamientos, la retracción del entramado industrial y el deterioro del espacio urbano.
La comunidad educativa está integrada mayoritariamente por familias trabajadoras y una importante población migrante: descendientes de eslovenos, bolivianos, peruanos y paraguayos.
La palabra de los alumnos
Los estudiantes tuvieron un rol central en la protesta. Mateo Sepúlveda, de cuarto año y alumno desde el jardín, describe el desconcierto como "una agonía constante". "Es una situación muy delirante, decepcionante. Es una incertidumbre pensar que la escuela puede cerrar, pero todavía existe la posibilidad de que no suceda", explica.
Su vínculo con el colegio va más allá de lo académico: "Este colegio es mi vida. Podría contar muchas historias acá. Mis papás se conocieron acá, así que prácticamente gracias a este colegio nací".
Tiziano Vallejos, también de cuarto año y alumno desde el jardín, comparte la sensación. "Nos quedamos sin nuestros amigos, sin nuestra segunda casa, que es acá", afirma. Para él, un eventual cierre rompería un vínculo construido durante años: "No creo que en otro lado se haya conseguido un grupo de amigos como el que tengo con ellos".
Bárbara Chilliguay cursa el último año y tiene una hermana menor en el jardín. Describe la situación como "bastante angustiante y desesperante", sobre todo por ver a sus padres "salir a buscar otra escuela para ella con la tristeza que hay en este momento y a esta altura del año". Para ella, el Almafuerte es "como una casa".
Bautista Tambo, también de último año, pone el foco en el barrio. Recuerda que el Almafuerte fue uno de los primeros colegios de la zona y destaca su influencia sobre los comercios de la calle Restelli, como librerías y quioscos. "La importancia que tiene el colegio es grandísima", sostiene. "Va a perjudicar no solamente a todas las familias, que somos 1400 alumnos, sino también al barrio". Su hermano menor, que cursa primer grado, también perdería a sus compañeros. "Realmente, esto nos golpea a todos", cierra.
Qué puede pasar ahora
Los patrocinadores de los socios que quieren la continuidad buscarán una nueva instancia judicial para preservar la escuela y, al mismo tiempo, atender el reclamo económico de los herederos. "La Justicia debería establecer la parte que les corresponde y hacer frente a eso, pero con la escuela en marcha", plantea Pinto Falzarano.
La institución presentó una nueva propuesta ante la Sala III de la Cámara de Apelaciones y espera que el expediente regrese al juzgado de origen.