El cobre todavía no sale, pero ya armó dos bandos empresarios en San Juan: quiénes están adentro
Un empresario industrial que ya fue presidente de la UIA en San Juan empezó a mover fichas con pares mendocinos para quedarse con los contratos del cobre. Pero no todos están de acuerdo, y un grupo de locales ya se organiza por fuera. ¿Quiénes están en cada vereda?
El cobre todavía no movió una sola tonelada en San Juan, pero ya está reordenando el tablero empresario local. En los despachos de las grandes gerencias se habla cada vez con más insistencia de un acercamiento entre empresarios sanjuaninos y mendocinos para jugar fuerte en los negocios que promete la nueva minería. Y, como contracara, un grupo de locales empezó a moverse para armar su propio espacio de poder.
Se trata de una suerte de élite empresaria que busca influir en el poder público y que, según circula en los pasillos del sector, ya tiene nombres propios. La idea que aparece una y otra vez es trabajar en clave cuyana: sumar empresas, capitales y contactos de San Juan y Mendoza para conformar un bloque capaz de disputar los contratos que se vienen.
Los nombres que suenan en San Juan
Entre los sanjuaninos que fogonean este armado se menciona a Hugo Goransky, expresidente de la Unión Industrial de San Juan y actual secretario del Departamento Minero de la Unión Industrial Argentina (UIA). Goransky es dueño de La Platense, firma que produce gases medicinales e industriales y que tiene varios inmuebles en la provincia. En uno de ellos, justamente, se radicó la concesionaria mendocina de los empresarios Yacopini.
También aparece en la lista Alejandro Mestre, otro ex titular de la UIA y empresario industrial. Y se suma, según trasciende en el sector, el actual presidente de CASEMI (Cámara de Servicios Mineros de San Juan), Juan Pablo Delgado, empresario de Puerto Trans, que conduce la cámara que nuclea a proveedores de bienes y servicios mineros desde 2023. Lo acompaña su ladero, Raúl Olivera, conocido por su paso por el mundo de la comunicación y la publicidad.
Desde Mendoza, en tanto, suenan Gianni Badaloni y los hermanos que manejan el grupo Andesmar, quienes tienen la mayor participación accionaria del Diario de Cuyo tras haberlo comprado. Detrás de ellos se van sumando otros referentes de ambas provincias que hasta hace poco se movían en ámbitos distintos y que ahora encuentran un interés común: el negocio que viene detrás del cobre.
La palabra que se repite: Cuyo
El argumento de quienes impulsan estos acercamientos es que San Juan y Mendoza tienen empresas, capitales y contactos suficientes como para armar un bloque empresario de peso. Con proyectos como Vicuña avanzando, Los Azules en carrera y otras iniciativas mirando a San Juan, la expectativa es que en los próximos años aparezcan contratos de transporte, logística, construcción, servicios, tecnología, abastecimiento y una larga lista de actividades alrededor de las futuras minas.
Ahí aparece la pelea silenciosa por una pregunta mucho más concreta: quiénes se van a quedar con esos contratos. Para algunos empresarios sanjuaninos, hablar de integración cuyana está bien, pero eso no debería significar que las firmas locales pierdan protagonismo justo cuando llega la etapa más importante de la minería metalífera en la provincia.
La reacción: un “círculo rojo” sanjuanino
Esa mirada empezó a generar movimientos. Algunos empresarios locales que no se sienten representados por el nuevo esquema comenzaron a conversar sobre la necesidad de construir un espacio propio. Una especie de “círculo rojo” sanjuanino, tomando como referencia el modelo de poder empresario que funciona desde hace años en Mendoza.
Según fuentes del sector, la idea no sería cerrar las puertas a empresas de otras provincias. El objetivo sería otro: llegar a los grandes negocios del cobre con una representación empresaria sanjuanina fuerte y coordinada.
El argumento es que San Juan tiene una ventaja que no debería perderse: lleva más de dos décadas conviviendo con la minería metalífera y construyendo a su alrededor una cadena de proveedores y servicios. Por eso suponen que la primera ola de contratos debería tener como principales beneficiarias a las firmas locales.
Y no se trata solo de una cuestión empresarial. El razonamiento es que cada contrato que queda en una empresa sanjuanina genera un efecto multiplicador: trabajadores que cobran en San Juan, proveedores que compran en San Juan, vehículos que se venden en San Juan, combustible que se carga en San Juan y consumo en comercios, restaurantes y supermercados locales.
El primer round: la licitación de Vicuña
Hay un ejemplo concreto que ya muestra cómo se acomodan las piezas. Fluor, la gerenciadora de la construcción del proyecto Vicuña, lanzó una licitación para el transporte de personal durante la etapa de construcción de la futura mina de cobre.
Para competir por ese contrato se armó una UTE con tres empresas vinculadas a San Juan: PAP, Dream —la división minera de 20 de Junio— y Autotransporte San Juan, a través del grupo Flecha Bus.
Del otro lado se presentó una UTE encabezada por la mendocina Andesmar, acompañada por firmas con presencia en comunidades vinculadas al proyecto: SOTUR y COMINSA, además de Mitre Bus, de Santa Lucía.
La licitación no define por sí sola la existencia de dos bloques empresarios. Pero sí muestra algo que hasta hace poco era difícil de ver: las empresas ya se están asociando para disputar los primeros grandes contratos que genera el cobre. Mientras algunos miran el negocio con lógica cuyana, otros empiezan a preguntarse si San Juan no debería tener su propio círculo de poder empresario fuerte.