El club de lujo con piscina suspendida sobre el Pacífico que nunca abrió sus puertas
Sociedad

El club de lujo con piscina suspendida sobre el Pacífico que nunca abrió sus puertas

¿Qué tenía la piscina de este club de lujo que las autoridades frenaron la obra antes de terminarla? La torre sigue en pie sobre el Pacífico, con la entrada prohibida y una historia que mezcla millones, excentricidad y un huracán.

En lo alto del cerro de La Mira, en Acapulco, hay una torre de piedra que se asoma al Pacífico y que hace más de seis décadas quedó detenida en el tiempo. Iba a ser un club internacional de lujo, con 21 pisos y una piscina que se extendía 15 metros fuera del edificio sobre el acantilado, pero la obra se frenó en 1961 y nunca se terminó.

Hoy la construcción despierta la curiosidad de vecinos y turistas que la observan desde distintos puntos de la bahía. Su historia está atada a un personaje tan excéntrico como el proyecto: el estadounidense Hal Braxton Hayes.

Quién era "El gringo loco"

Hayes llegó a Acapulco a comienzos de los años 60 con una idea que parecía sacada de una película. Nacido en Lenoir, Carolina del Norte, en 1911, ya tenía una trayectoria empresarial en Estados Unidos cuando se instaló en México.

Se hizo conocido por sus métodos para abaratar y acelerar la construcción de viviendas. Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó en prototipos de embarcaciones navales de acero y después desarrolló propuestas de casas preparadas para resistir ataques nucleares.

En Acapulco los vecinos lo apodaron "El gringo loco". Antes de la torre ya había empezado a urbanizar el cerro de La Mira con calles pavimentadas y servicios básicos. Fue empresario, inventor, constructor y escultor, y también incursionó en la pintura. Murió el 30 de octubre de 1993, a los 82 años, a causa de un cáncer.

El club que imaginó: 145 habitaciones y saltos en paracaídas

Según distintas crónicas locales, el proyecto contemplaba un club para hombres de 21 pisos, con 145 habitaciones, 15 cocinas, 42 salas y tres piscinas.

El detalle más llamativo era una de las piscinas: debía salir unos 15 metros hacia afuera del edificio, suspendida sobre el acantilado con el océano debajo. Desde ahí, además, se pensaba organizar saltos en paracaídas que terminaran cerca de La Quebrada, el punto turístico famoso por sus clavadistas.

La idea no era solo levantar un edificio con habitaciones, sino crear un destino de lujo que aprovechara las vistas panorámicas de la bahía. Esa ambición nunca se completó.

La clausura que dejó todo frenado

En 1961 las autoridades municipales de Acapulco ordenaron suspender los trabajos. El argumento oficial tuvo que ver con las condiciones de seguridad y los riesgos de levantar una estructura de esas características en una zona de acantilados.

Para entonces la torre ya tenía seis niveles construidos, de acuerdo con las crónicas periodísticas que reconstruyeron su historia. El proyecto quedó paralizado y el edificio nunca se convirtió en el club internacional que había imaginado su dueño.

Con los años, la estructura se ganó una identidad propia y se volvió una de las construcciones más enigmáticas de esa zona. Su historia incluso llegó a la televisión: el programa estadounidense Lifestyles of the Rich and Famous, dedicado a las excentricidades de los más adinerados, mostró algunos de sus detalles.

Una mansión con túnel subacuático y refugio antinuclear

La excentricidad de Hayes no había empezado en México. Antes de instalarse en Acapulco había construido en Beverly Hills una mansión de seis niveles que también parecía salida de una película.

La propiedad tenía una piscina que conectaba el interior con el exterior, un túnel subacuático hacia un refugio subterráneo equipado con oxígeno y un sistema de protección pensado para un eventual ataque nuclear. Había costado unos 600.000 dólares en 1953.

Su obsesión por las construcciones poco convencionales también tenía un costado comercial. Desarrolló sistemas para acelerar la edificación de viviendas y obtuvo patentes por varios de sus inventos. Una de ellas era la de moldes de acero plegables que permitían levantar casas en tiempos muy cortos. Según una reconstrucción publicada por Curbed, llegó a promocionar la posibilidad de construir una vivienda en apenas 34 minutos.

Su vida personal también tuvo episodios de Hollywood: estuvo comprometido con la actriz húngara Zsa Zsa Gabor, a quien le habría regalado un anillo de compromiso de platino y diamantes de 45 quilates. Su situación financiera quedó bajo la lupa del Gobierno estadounidense por préstamos para proyectos de construcción que no había devuelto. En 1962, después de afrontar una multa federal, dejó Estados Unidos y se radicó en México.

Ya en Acapulco, su faceta artística ganó espacio. En 1987, durante la XII Reseña Mundial de los Festivales Cinematográficos de Acapulco, presentó esculturas de bronce que conservaba en su casa desde mediados de esa década. Sus obras combinaban figuras humanas, animales y formas abstractas.

La Mira: la torre y la colonia que creció a su alrededor

El cerro donde está la construcción también tiene su propia historia social. En 1963 fue ocupado por familias migrantes de distintas regiones de Guerrero y Oaxaca que llegaron al puerto en busca de trabajo, educación y un lugar donde establecerse.

Mientras la torre de Hayes seguía como una rareza sobre el acantilado, a su alrededor crecía una colonia popular que atravesó conflictos por la tierra y resistió intentos de desalojo.

Cómo resistió terremotos y el huracán Otis

Uno de los aspectos que más llaman la atención es que la estructura sigue en pie pese a las décadas y a los terremotos que golpearon la región.

También quedó en el centro de las crónicas locales después del huracán Otis, que impactó con enorme fuerza en Acapulco en octubre de 2023 y provocó graves daños en edificios, hoteles, viviendas e infraestructura turística. La torre permaneció en pie tras el fenómeno meteorológico.

Hoy el edificio tiene vigilancia permanente y el ingreso al público está prohibido. No funciona como hotel, complejo residencial ni espacio turístico abierto: su atractivo pasa por su historia y su particular ubicación.

Tampoco hay información pública confiable sobre una eventual venta, una tasación inmobiliaria o un proyecto concreto de recuperación que permita asignarle un valor de mercado.

Un imán para las fotos en la era de las redes

En los últimos años, con el impulso de las redes sociales, la construcción despertó un renovado interés. Es habitual que turistas y habitantes de Acapulco se acerquen hasta sus inmediaciones para fotografiarla, conocer su historia y ver de cerca esta torre inconclusa, convertida en uno de los edificios fantasma más curiosos de México.

Lo que debía ser un exclusivo club internacional terminó siendo una mole vacía sobre el Pacífico. No cumplió su función original, pero consiguió algo inesperado: entrar en la historia arquitectónica de Acapulco como una de sus rarezas más recordadas.

Siguiente nota Sociedad · Salta

Una médica salteña hizo algo que nunca se había logrado en Salta y lo mostró en Buenos Aires

Seguí leyendo

Elegí tu provincia

Para ver tu edición local