El trabajo científico del Alto Valle tendrá voz en una de las instituciones académicas más antiguas del país: un investigador de la UNCo que estudia el impacto de los agroquímicos en el ambiente acaba de sumarse a sus filas. Qué líneas lleva adelante y qué representa para la región.
El trabajo científico que se hace en la Patagonia sumó un nuevo reconocimiento. El doctor Andrés Venturino, docente de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo) e investigador principal del CONICET, fue designado Académico Titular de la Academia Nacional de Farmacia y Bioquímica.
La incorporación quedó aprobada el 22 de octubre, en una Sesión Ordinaria del Claustro Académico de la institución. El nombramiento distingue una carrera dedicada a la investigación, la producción de conocimiento y la formación de nuevos profesionales.
Para la UNCo, la noticia tiene un peso extra: pone en primer plano el trabajo científico que se desarrolla desde la región y su aporte a la comunidad académica nacional.
Quién es Venturino
Bioquímico egresado de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires, Venturino obtuvo allí su doctorado en Biología Celular. Hoy es profesor asociado de la cátedra de Química Biológica en la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCo y se desempeña como investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.
También está al frente del Centro de Investigaciones en Toxicología Ambiental y Agrobiotecnología del Comahue (CITAAC), un espacio de doble dependencia entre el CONICET y la Universidad Nacional del Comahue.
Qué investiga
La toxicología ambiental es uno de los ejes centrales de su trabajo: el estudio de los efectos que distintos contaminantes provocan sobre los organismos vivos.
Sus investigaciones analizan, entre otras cosas, cómo impactan los agroquímicos y otros agentes contaminantes en especies acuáticas nativas. La meta es entender cómo responden esos organismos frente a la exposición a sustancias potencialmente tóxicas y desarrollar herramientas para detectar y evaluar el daño ambiental.
En ese terreno, el investigador trabaja con biomarcadores moleculares, que permiten identificar respuestas biológicas ante la presencia de contaminantes. A eso le suma líneas vinculadas a la transcriptómica, la disciplina que estudia el conjunto de moléculas de ARN expresadas por las células y que ayuda a conocer cómo reaccionan los organismos según las condiciones ambientales.
El tema no es menor para zonas productivas como el Alto Valle, donde la actividad agrícola y el uso de fitosanitarios plantean desafíos concretos en el cuidado del agua, el suelo y los ecosistemas.
Lejos de quedarse en la descripción de los efectos de la contaminación, su trabajo busca generar información científica que sirva para evaluar riesgos y para diseñar herramientas de monitoreo ambiental.
Investigación y formación, en paralelo
La actividad de Venturino combina investigación, docencia y formación de recursos humanos. Desde la UNCo participa en la formación de estudiantes y profesionales, mientras que desde el CITAAC impulsa investigaciones interdisciplinarias que cruzan distintas áreas del conocimiento.
El centro aborda problemáticas de toxicología ambiental, agrobiotecnología, bioindicadores de contaminación y los efectos de distintos agentes sobre organismos acuáticos, entre otras líneas de trabajo.
Por eso, la llegada a la Academia trasciende su trayectoria individual: también proyecta el trabajo de los equipos científicos de la universidad y del CONICET que investigan desde la Patagonia.
Una institución con historia
Fundada en 1856, la Academia Nacional de Farmacia y Bioquímica tiene una larga trayectoria ligada al desarrollo de las ciencias farmacéuticas y bioquímicas en el país. A lo largo de su historia reunió a investigadores y profesionales destacados y promovió el avance del conocimiento científico y la formación académica.
Con la designación de Venturino, la Universidad Nacional del Comahue suma a uno de sus investigadores a ese ámbito de reconocimiento nacional y pone en valor una producción científica que, desde el norte de la Patagonia, busca respuestas a problemáticas ambientales y productivas de alcance regional.