El cerro cumple 90 años y regala pases a los vecinos: la historia detrás de la nieve
Santiago Hardt creció entre pistas y recuerdos: su abuelo instaló uno de los primeros medios de elevación y su padre fue director operativo del cerro. Hoy, mientras Catedral festeja sus 90 años, él sigue ligado a la montaña con una misión que pocos ven...
El Cerro Catedral celebra nueve décadas de historias sobre la nieve y, como parte de los festejos, prepara un regalo especial para los residentes de la zona. Entre el 11 y el 30 de septiembre, 100 vecinos de Bariloche y Dina Huapi por día podrán acceder sin cargo al Pase Iniciación, pensado para quienes recién se animan a deslizarse sobre los esquíes.
La propuesta incluye la entrada al Play Park de la base y el ascenso por la Telesilla Princesita, que conduce a pistas verdes y anchas, ideales para dar los primeros pasos. Los turnos se habilitarán desde el 9 de septiembre y se podrán reservar con 48 horas de anticipación a través de la web eventos.catedralaltapatagonia.com. Al llegar a boletería, habrá que presentar DNI y fotocopia, sin excepción. Los menores de 5 años no necesitan turno previo y pueden acercarse directamente con su documentación.
Una montaña con memoria
Antes de las sillas, los cañones de nieve y los sistemas de seguridad modernos, Catedral era otra montaña. En la década del 30, Parques Nacionales convocó al austríaco Hans Nöbl para evaluar la posibilidad de crear un centro de deportes invernales. Tras recorrer varias opciones, eligió este cerro.
Las primeras actividades y competencias de esquí comenzaron en 1938. Doce años después llegó uno de los hitos más importantes: el Cable Carril. A partir de allí, la montaña se transformó: se sumaron nuevos medios de elevación, pistas, refugios, escuelas y servicios, y creció la comunidad que hizo del esquí una forma de vida.
Pero la historia de Catedral no se cuenta solo con fechas y obras. Está en los deportistas y, sobre todo, en los residentes. Santiago Hardt, barilochense y referente de TechnoAlpin, no recuerda su primera vez en el cerro: llegó de la mano de su familia, como tantos chicos. “Arranqué tan chiquito, como muchos de acá, que te llevaban en mochilita y después, sin darte cuenta, ya te habían puesto algo en los pies. Empezabas a patinar y seguiste”, contó en “Voces de montaña”, un podcast de Catedral.
Lo que sí guarda es esa época entera: su familia, su papá, el club, los amigos y una montaña que parecía mucho más grande de lo que un niño podía abarcar. Aprendió temprano que no se trataba solo de subir y bajar por una pista. “Es una montaña llena de recovecos y lugares por descubrir, muy particular, no es una montaña franca. Es un macizo mucho más amplio y siempre de chico lo que me acuerdo es ir y recorrer todos esos lugares, ir desde la zona central y bajar fuera de pista o por la pista, o ir hacia Punta Princesa y encontrar otro mundo”, recuerda.
Con el tiempo, esa relación cambió. Primero fue el niño que acompañaba a su familia; después, el que entrenaba; más tarde, los trabajos como ayudante, instructor y entrenador. En ese camino apareció algo que Santiago considera una de las características más importantes de Catedral: la comunidad.
“En todas las paradas que hacés, en cada silla, cuando te criaste acá, siempre encontrás un amigo, una persona con la que en la fila enseguida te ponés a conversar. Caminás por la base y saludás. Es como que despacito pasé de acompañar a mi familia y ver que se encontraba con amigos, a que de repente me pase a mí, empezar a estar en las filas saludando a mis amigos”.
Una herencia de familia
La relación de Santiago con Catedral comenzó incluso antes de que naciera. Su abuelo instaló el T-bar corto, que todavía forma parte de la historia del cerro. Su padre, durante muchos años, fue director operativo de Catedral. Mientras Santiago entrenaba y crecía entre la montaña y los clubes, también aprendía, casi sin proponérselo, un oficio y una forma de mirar ese paisaje.
Después de terminar la escuela decidió estudiar, pero en las vacaciones siguió ligado a la montaña. Empezó como ayudante, pasó por el Ski Club y luego trabajó en el Club Andino. Más tarde fue instructor y entrenador.
Su padre también construyó una larga historia profesional alrededor de la montaña: durante más de 25 años representó marcas de máquinas pisapistas y, poco antes de morir, comenzó a trabajar con TechnoAlpin, dedicada a la fabricación de nieve. Cuando su padre falleció, Santiago decidió continuar ese vínculo. Con una de las marcas trabajó durante 10 años; con TechnoAlpin lleva más de 20.
Hay un recuerdo que Santiago guarda especialmente. Iba en el auto con su padre cuando conversaban sobre una dificultad de Catedral: el paso entre una séxtuple y una doble pinza fija generaba un cuello de botella. Su padre le preguntó qué haría para solucionarlo. Santiago tiró alguna idea; su padre tenía otra.
“Él dice: ‘No, no, lo que tenemos que hacer es extenderla’. Y estaba todo emocionado de soñar que extenderla séxtuple podía ser una solución. Y se hizo esa extensión y cambió la columna vertebral del cerro”, cuenta. Para Santiago, esa escena resume lo que significa trabajar sobre una montaña: imaginarla, discutirla, pensarla y, con los años, transformar esas ideas en realidad.
“Son esas miles y miles de historias que seguramente tiene mucha gente que trabaja y vive en Catedral. Porque es enorme la comunidad: los silleros, la patrulla, los maquinistas. Toda esa unión de pequeños sueños va construyendo. Es emocionante”.
El arte de fabricar nieve
Hoy, buena parte del trabajo de Santiago está ligada a algo que para cualquier visitante parece simple pero es indispensable: la nieve. Detrás de una pista blanca hay una infraestructura que casi no se ve. La fabricación utiliza agua y aire: el agua se pulveriza y, bajo ciertas condiciones de temperatura y humedad, se transforma en cristales de hielo. Los cañones necesitan presión, pero también una red de tuberías, bombas, cables y reservorios para llevar el agua hasta cada sector.
“En realidad es muy simple: nosotros no usamos nada más que aire y agua, que se pulveriza y, con ciertas temperaturas, se puede producir el cristal. A veces se le llama nieve artificial, pero nosotros tratamos de evitar ese término porque realmente es nieve. Lo que generamos es el proceso, pero la nieve que queda en el suelo es nieve como cualquier otro tipo de nieve”, explica Santiago.
Catedral cuenta hoy con alrededor de 44 cañones. Para Santiago, el verdadero avance no está solo en las máquinas: la fabricación de nieve creció a partir de inversiones, ingeniería, investigación y, sobre todo, equipos de trabajo.
Santiago creció mirando la montaña, aprendió a recorrerla, a esquiarla, a enseñarla y finalmente a trabajar sobre ella. Heredó una relación que empezó con su abuelo y continuó con su padre, pero también construyó su propio camino. Catedral fue primero un lugar de infancia; después, una comunidad; más tarde, un trabajo. Y hoy es también una montaña que Santiago ayuda a pensar para el futuro.
“La propuesta permite acceder al Play Park de la base mediante medios de arrastre y, luego, subir por la Telesilla Princesita, que lleva a pistas verdes, anchas y pensadas para quienes están dando sus primeros pasos sobre los esquíes. Además, distintos prestadores del cerro se podrán sumar a la iniciativa con equipamiento y clases, para acompañar a quienes lleguen por primera vez”, explicó en RN Radio Débora Bustos, integrante del equipo de comunicación de Catedral.