El cardiólogo que revela cómo evitar un infarto sin volverse loco con la dieta

La mayoría de los infartos se pueden evitar. Un especialista de Santiago del Estero explica qué chequeos hacerse desde joven y qué hábitos sumar para mantener el corazón sano sin caer en dietas extremas.

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El cardiólogo que revela cómo evitar un infarto sin volverse loco con la dieta
El cardiólogo que revela cómo evitar un infarto sin volverse loco con la dieta

Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en el mundo y también en la región. Pero el especialista Santiago Coreleu, del Sanatorio Central Banda, tiene un mensaje esperanzador: la mayoría de los infartos se pueden prevenir con hábitos simples y sostenidos, mucho antes de que aparezca cualquier síntoma.

En diálogo con este medio, Coreleu explicó que el gran problema es que los factores de riesgo más comunes no duelen ni avisan. Una persona puede vivir años con presión alta, glucemia elevada o kilos de más y no notar nada, mientras sus arterias se van deteriorando en silencio.

Los enemigos invisibles del corazón

Entre los principales condicionantes que hay que vigilar, el médico enumeró la hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol alto, el tabaquismo y el sedentarismo. Cada uno ataca al sistema circulatorio por un camino distinto, pero todos convergen en el mismo destino: un corazón en riesgo.

La hipertensión, por ejemplo, genera rigidez y daño sostenido en las paredes de los vasos. La diabetes lesiona la estructura vascular. El colesterol elevado favorece la acumulación de placas de grasa que obstruyen el flujo. El tabaco deteriora directamente el endotelio y aumenta la chance de un espasmo coronario. Y el sedentarismo hace perder capacidad aeróbica y altera el metabolismo general.

“No hay que esperar a ser grande ni a sentirse mal para realizarse un chequeo”, advirtió el especialista. “Desde la adultez temprana resulta plenamente razonable controlar periódicamente la presión, el colesterol, la glucemia y el peso corporal. Si además existen antecedentes familiares de hipertensión, diabetes o eventos cardíacos precoces, la consulta con el médico debe iniciarse incluso antes”.

Comer mejor y moverse más, sin extremismos

Frente a la idea de que proteger el corazón exige dietas imposibles o rutinas agotadoras, Coreleu remarcó que el éxito está en la constancia. Los pequeños cambios sostenidos en el tiempo rinden más que las soluciones drásticas que duran dos semanas.

En la mesa, la meta es darle protagonismo a frutas, verduras, legumbres, frutos secos y pescados, y reducir de a poco los ultraprocesados, la sal, las bebidas azucaradas y las grasas saturadas. Mantener un peso adecuado también alivia la carga mecánica y metabólica sobre el músculo cardíaco.

En cuanto al movimiento, la recomendación es sumar unos 150 minutos semanales de ejercicio moderado. Caminar a buen ritmo, andar en bicicleta o nadar son opciones accesibles que aportan beneficios concretos. Sumar fuerza dos o tres veces por semana potencia los resultados sobre la masa muscular y el metabolismo de la glucosa. Pero ojo: hacer deporte no da licencia para comer cualquier cosa. La prevención real nace de combinar movimiento, alimentación equilibrada y descanso reparador.

Fumar, estrés y las señales de alerta

El tabaquismo sigue siendo uno de los enemigos más agresivos para la salud arterial. Dejarlo es, de forma inmediata, una de las decisiones con mayor impacto en la expectativa de vida. El estrés crónico y la mala calidad del sueño también juegan en contra: aunque la vorágine diaria sea difícil de evitar, reservar espacios para la pausa y los vínculos ayuda a amortiguar su efecto sobre la presión y la frecuencia cardíaca.

Reconocer los síntomas de un infarto en curso puede ser la diferencia entre recuperarse del todo o quedar con una secuela. Las señales clásicas incluyen opresión o dolor en el centro del pecho que persiste varios minutos, molestias que se irradian al brazo izquierdo, la espalda, el cuello o la mandíbula, y síntomas acompañantes como falta de aire, sudoración fría, mareos o náuseas.

Ojo: en mujeres, adultos mayores y personas con diabetes, el cuadro no siempre se presenta con el dolor torácico típico. Puede manifestarse como fatiga extrema o dificultad para respirar sin causa aparente.

Ante la sospecha de estar ante un evento de este tipo, la indicación es categórica: no esperar a que pase ni manejarse por medios propios hasta el hospital. Pedir asistencia médica de emergencia de inmediato activa los protocolos de reperfusión a tiempo. En la atención del infarto, cada minuto cuenta para preservar el tejido cardíaco y asegurar una recuperación plena.

La prevención, en definitiva, arranca mucho antes de cualquier urgencia: es una construcción cotidiana para proteger el futuro.

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