El Canal Sur no da más: la advertencia de un ingeniero que Tucumán debería escuchar antes de las lluvias

El Canal Sur fue diseñado para una cuenca que ya no existe: hoy trabaja al límite y con El Niño en camino. El ingeniero que estudió la red explica por qué las lluvias normales ya alcanzan para inundar barrios enteros.

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El Canal Sur no da más: la advertencia de un ingeniero que Tucumán debería escuchar antes de las lluvias
El Canal Sur no da más: la advertencia de un ingeniero que Tucumán debería escuchar antes de las lluvias

El sistema de desagües del Gran Tucumán opera al límite o directamente por encima de su capacidad, según un diagnóstico técnico que pone en alerta a San Miguel de Tucumán y Yerba Buena de cara a la próxima temporada de lluvias. El Canal Sur es el punto más comprometido de una red que ya no responde a la realidad territorial para la que fue pensada.

El responsable del análisis es Hugo Roger Paz, doctor, magíster e ingeniero civil, autor del libro "Las inundaciones en Tucumán. Claves técnicas para entender un problema territorial complejo". Para el especialista, los anegamientos recurrentes no se explican solo por lluvias extraordinarias.

El problema no es únicamente la lluvia

Paz sostiene que la intensidad de una precipitación pesa tanto como su volumen. Una lluvia de 50 milímetros repartida en 24 horas no genera la misma respuesta hidrológica que esa misma cantidad concentrada en apenas una hora.

Durante 2026 se registraron precipitaciones importantes después de un período prolongado de sequía. Ese contraste, según Paz, hizo que algunas tormentas se percibieran como excepcionales, aunque varias se mantuvieron dentro de rangos de ocurrencia habitual.

Un canal pensado para otro territorio

El agua que llega a la ciudad nace en el piedemonte de la Sierra de San Javier. Canales como el Caínzo captan esa escorrentía, que atraviesa Yerba Buena, sigue por el Canal Yerba Buena y, aprovechando la pendiente natural, desemboca en el Canal Sur.

Esa infraestructura fue proyectada en la década de 1960 y habilitada en la siguiente, cuando buena parte de su cuenca eran quintas, cultivos y terrenos permeables. La urbanización de Yerba Buena y del piedemonte cambió ese equilibrio: calles, viviendas y pavimentos redujeron la infiltración, y ahora el agua escurre más rápido y en mayor cantidad hacia los canales.

Paz identifica tres problemas simultáneos en el Canal Sur. El primero es estructural: sus dimensiones se calcularon para una cuenca muy distinta de la actual. El segundo es la cantidad de agua que recibe, porque concentra aportes del Canal Yerba Buena, el Canal Norte y el drenaje pluvial urbano. El tercero son los obstáculos que reducen la conducción: vegetación, sedimentos, residuos y estructuras con sección insuficiente para ciertos caudales.

Entre los puntos críticos aparecen algunos puentes y alcantarillas, con especial atención en el cruce del Canal Sur con avenida Roca.

Qué dicen los estudios

Modelaciones hidráulicas bidimensionales recientes reforzaron el diagnóstico. Fueron desarrolladas en un Proyecto Final de Ingeniería Civil de la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología de la Universidad Nacional de Tucumán (Facet-UNT), bajo la dirección de Paz, y determinaron que la red trabaja normalmente cerca o por encima de su capacidad.

El especialista considera insuficiente atribuir las inundaciones solo a lluvias extraordinarias o a la basura. Para él, la clave está en la diferencia entre la cuenca para la que se diseñaron los desagües y las condiciones actuales del territorio: la lluvia es el desencadenante, pero la infraestructura y la ocupación urbana definen la magnitud de las consecuencias.

Los efectos se ven sobre todo en el sur de San Miguel de Tucumán. Lluvias relativamente frecuentes ya provocan cortes de tránsito, desbordes sobre los cordones, ingreso de agua a viviendas y otras alteraciones en la vida cotidiana.

El diagnóstico también advierte sobre la naturalización de estos episodios, tanto social como institucional. Que amplios sectores urbanos se inunden con lluvias ordinarias no debería tomarse como una consecuencia inevitable del clima, sino como un indicador de las limitaciones del drenaje existente.

Por eso, la limpieza periódica de canales, aunque necesaria, no alcanza. El problema exige intervenciones estructurales, ampliaciones y un rediseño de la infraestructura acorde con la urbanización actual del área metropolitana.

El Niño: un escenario que preocupa

El panorama se vuelve más delicado por las perspectivas asociadas con El Niño. Paz aclaró que la expresión "Súper Niño" no corresponde a una clasificación técnica oficial. Los organismos internacionales manejan categorías que van de eventos débiles a muy fuertes.

Según los análisis citados por el especialista, existe una alta probabilidad de que el próximo episodio alcance la categoría de "muy fuerte". Si eso ocurre, un sistema que ya trabaja al límite con tormentas habituales quedaría sometido a una exigencia mucho mayor.

La situación del Canal Sur expone un problema que va más allá de un cauce. Desde el piedemonte y el Canal Caínzo hasta el Canal Yerba Buena y su desembocadura en el sistema metropolitano, el agua recorre un territorio que se urbanizó más rápido de lo que creció su infraestructura hidráulica. El desafío, según el diagnóstico técnico, es adaptar la planificación y las obras a esa nueva configuración para reducir el impacto de futuras inundaciones.

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