El campo que un piloto descubrió desde el aire y hoy es un paraíso de tulipanes en Guardia Mitre
En Guardia Mitre hay un campo que un piloto descubrió desde el aire y que hoy es mucho más que producción: adentro, una apuesta que empezó como prueba y ya tiene 40.000 bulbos. ¿Cómo se llega?
Peumayén significa «lugar soñado» y el nombre parece resumir la historia de este campo ubicado en Guardia Mitre, a orillas del río Negro. El vínculo comenzó con el padre de Claudio Pérez, piloto del Ejército Argentino, quien durante sus vuelos por la Patagonia quedó marcado por el paisaje que observaba desde el aire.
Cuando partía desde Buenos Aires hacia el sur, al llegar a la desembocadura del río Negro seguía el curso del río y, al pasar por la zona de la balsa, hacía una caída de ala para observar las dos lagunas y el paisaje que rodeaba el lugar.
La imagen quedó grabada en su memoria. En 1966, después de retirarse del Ejército, se instaló con su familia en Carmen de Patagones. Con el tiempo, a través de una sociedad que había formado junto a ocho amigos de Buenos Aires, llegó a la propiedad del campo, que originalmente tenía 12.000 hectáreas y se extendía desde la zona de la balsa hacia los campos de monte.
Con los años, los socios fueron dejando la sociedad y el padre de Claudio fue adquiriendo sus participaciones hasta quedarse con la totalidad del campo.
2.800 hectáreas y 800 bajo riego
Actualmente, la estancia tiene 2.800 hectáreas, de las cuales cerca de 800 están bajo riego. Sobre esa superficie se desarrolla una producción que combina agricultura y ganadería.
Entre los principales cultivos aparecen cebolla, papa y zanahoria, además de una producción importante de granos, con el maíz como uno de los cultivos destacados. También producen alfalfa, vinculada a la actividad ganadera.
Claudio explicó que trabaja con terneros de invernada de hasta 200 kilos y que no realiza las etapas posteriores de recría y engorde. Actualmente cuenta con alrededor de 300 animales.
En cuanto a la genética, no trabaja con una cabaña propia, sino que participa de los remates de la zona para renovar los toros. Cada cuatro a seis años realiza la reposición de vaquillonas y adquiere toros en cabañas de la región.
La cebolla tiene como destino el Mercado Central de Mendoza. Además, según detalló Claudio, unas 800 hectáreas están alquiladas, mientras que parte de la producción propia también se comercializa en ese mercado.
Del campo productivo al turismo
La producción agropecuaria es la base de Peumayén, pero desde hace más de diez años Claudio trabaja en la incorporación del turismo como una alternativa para diversificar la actividad.
El proyecto aprovecha las características naturales del lugar: el río Negro, la tranquilidad y la calidad de sus tierras.
Claudio destacó las condiciones de los suelos de la zona, formados durante millones de años por los sedimentos que depositó el río. También señaló que los análisis realizados para evaluar la producción de bulbos dieron resultados favorables y que solamente sería necesario incorporar algunos nutrientes, como boro y magnesio.
Una estancia para recorrer y pasar el día
La propuesta turística incluye safaris, paseos náuticos y cabalgatas, además de recorridos para conocer los animales de la estancia.
Entre ellos hay ciervos colorados, jabalíes, llamas, burros, muflones, caballos y terneros.
También cuenta con fogones a orillas del río, espacios gastronómicos y alojamiento. La estancia dispone de 32 camas, con un valor informado de $50.000 por persona, con desayuno incluido.
El río también forma parte de la experiencia durante el verano. Claudio explicó que la costa tiene un primer tramo de aproximadamente 25 metros de baja profundidad y luego gana profundidad, y que durante la temporada estival es utilizada para bañarse.
Los tulipanes, una nueva apuesta productiva
Dentro de la diversificación de Peumayén apareció el cultivo de tulipanes, que comenzó como una prueba y ahora se convirtió en uno de los atractivos de la estancia.
El primer ensayo se realizó el año pasado con 3.500 bulbos. Para esta temporada, la plantación llegó a 40.000 bulbos, según explicó Sergio Pérez, uno de los impulsores del proyecto.
Pamela Romero está a cargo del campo de tulipanes y contó que la idea surgió a partir de su experiencia de trabajo en Trevelin, donde estuvo vinculada durante un año y medio a esta producción.
Antes de llegar a Peumayén realizaron ensayos en Las Grutas, San Antonio, Roca y Neuquén, hasta que finalmente le propusieron el proyecto a Claudio.
Actualmente hay más de 12 variedades. La intención es seguir ampliando la superficie cultivada y que el proyecto no se limite al turismo: también buscan producir sus propios bulbos y, a futuro, avanzar hacia la exportación.
Cómo producen tulipanes en Patagonia Norte
Sergio, camarógrafo y oriundo de Trevelin, creció vinculado a los tulipanes y también trabajó como guía turístico en esa localidad. Su propuesta fue trasladar esa experiencia a Patagonia Norte y demostrar que el cultivo también puede desarrollarse en esta región.
El tulipán necesita atravesar un período de frío para completar su ciclo. En Peumayén ese proceso se controla mediante una cámara. Una vez terminada la floración, los bulbos se cosechan y permanecen seis meses a 19 grados. Luego se baja la temperatura a 5 grados y se espera hasta que la temperatura del bulbo se equipare con la del suelo antes de plantarlo.
Según explicó Sergio, plantar con una diferencia de temperatura puede provocar un «aborto floral» e impedir que la flor se desarrolle.
El cultivo se riega por aspersión con agua del río Negro y requiere controles diarios para detectar hongos que puedan afectar los bulbos.
La floración se produce de manera escalonada porque existen variedades tempranas y tardías. Por eso algunas plantas florecen antes que otras. Sergio estimó que en unos cinco días estarían todas en flor, dependiendo de las condiciones de temperatura y humedad.
La intención es seguir creciendo: el próximo año prevén completar el cuadro actual y comenzar a trabajar en el siguiente.
Cómo llegar a los tulipanes de Peumayén
La estancia está ubicada sobre la Ruta Nacional 250, a la altura del kilómetro 31.
Para llegar hay que cruzar el río Negro en la balsa. Desde la ruta hasta la balsa son unos 200 metros y, una vez del otro lado, hay que avanzar aproximadamente 50 metros y doblar a la izquierda, donde están los carteles que indican «Tulipanes».






