El botón antipánico que sigue al arteaguense hasta Rosario y mide cuánto tarda la policía en llegar
Siete meses de pruebas, capacidad para 10.000 usuarios y un detalle que casi ningún pueblo tiene: el botón de pánico de Arteaga sigue al vecino hasta Rosario y mide cuánto tarda cada institución en responder.
Arteaga, la localidad del sur santafesino de unos 3.500 habitantes, puso en marcha un botón de pánico digital que no se limita a las calles del pueblo: también asiste a sus vecinos cuando están a 100 kilómetros, en Rosario. El sistema se conecta al Centro de Monitoreo comunal, que opera las 24 horas, los 365 días del año, y registra cada intervención para evaluar los tiempos de respuesta de policías, bomberos y ambulancias.
El presidente comunal, Julián Vignatti, presentó los avances de una gestión que combina obras, tecnología y servicios en un pueblo cercano al límite con Córdoba. La apuesta fuerte de los últimos meses es la seguridad, pero con un enfoque distinto al habitual.
Un botón que no se queda en el pueblo
La herramienta sirve para pedir asistencia inmediata ante situaciones de inseguridad, emergencias médicas, incendios o violencia de género. Incorpora geolocalización y un registro de cada alerta, lo que permite coordinar la respuesta con la policía, los bomberos o los servicios sanitarios.
Lo novedoso es el seguimiento: el Centro de Monitoreo puede saber cuánto demoró una patrulla en llegar, cuánto tardó una ambulancia en una emergencia o cómo actuaron los bomberos frente a un incendio. Cada intervención queda asentada y sirve para ajustar los mecanismos de respuesta.
Vignatti contó que el dispositivo atravesó siete meses de pruebas y tiene capacidad para sumar hasta 10.000 usuarios. La particularidad es que fue pensado para acompañar al arteaguense incluso fuera de su localidad.
“Un joven que viene a estudiar a Rosario puede activar una emergencia médica y nuestro Centro de Monitoreo recibe su ubicación, identifica el servicio más cercano y gestiona la asistencia. Está pensado para el arteaguense, no solamente para quien está físicamente en Arteaga”, destacó.
Así, el concepto de seguridad local se amplía: ya no se trata solo de vigilar calles y espacios públicos, sino de tender una red de asistencia para los vecinos donde sea que estén.
Cinco años de prevención
La iniciativa forma parte de una política que arrancó hace cinco años, con inversiones tecnológicas, personal especializado y capacitación mensual de los operadores. Según el mandatario, en ese período solo se registraron hechos menores de inseguridad, que pudieron esclarecerse.
El objetivo, explicó, fue pasar de una videovigilancia orientada a esclarecer delitos a un esquema que permita prevenir y responder de inmediato.
Rumbo al pavimento total
En obra pública, el proceso de pavimentación urbana está cerca de completarse: apenas quedan tres cuadras sin asfaltar, una de las cuales está prevista para antes de que termine 2026.
“Creemos que el año que viene vamos a estar terminando el proceso y alcanzando el ciento por ciento de pavimento”, anticipó Vignatti.
El presidente comunal aclaró que los resultados no son mérito exclusivo de su administración, sino de un trabajo sostenido en distintas gestiones.
“Arteaga es una construcción histórica. Hace diez años que estoy, pero todas las gestiones anteriores, con distintos signos políticos, aportaron a este proceso evolutivo. Somos producto de las instituciones de nuestro pueblo”, afirmó.
Salud con mamógrafo propio
En el área sanitaria, la localidad cuenta con un Samco que tiene guardia clínica permanente, guardias pasivas de pediatría y cardiología, un nuevo laboratorio y equipamiento de diagnóstico.
Uno de los servicios destacados es el mamógrafo, que permite realizar estudios gratuitos, una prestación poco común en pueblos de este tamaño. El funcionamiento del establecimiento exige un aporte económico sostenido de la Comuna, que además participa en obras de infraestructura y en la ampliación de las prestaciones.
Igualar oportunidades para estudiar
La educación es otro eje de la gestión. Además de nuevas aulas y mejoras en los establecimientos, la Comuna sostiene un sistema gratuito de transporte para estudiantes que cursan carreras en Rosario, con viajes semanales de ida y vuelta.
A eso se suma una residencia estudiantil que funciona desde hace tres años y aloja sin costo a más de ocho jóvenes del pueblo.
“Por más que la universidad sea pública, para una familia trabajadora del pueblo alquilar en Rosario puede resultar prácticamente imposible. Queremos igualar oportunidades”, sostuvo Vignatti.
Para el mandatario, la inversión es una apuesta al futuro: la formación de profesionales también puede aportar al desarrollo de la comunidad.
Las misas que llenan el pueblo
Más allá de las políticas públicas, Arteaga vive un fenómeno religioso que trascendió sus fronteras. Las misas de sanación del padre Roberto Bigolin convocan a fieles de distintas localidades y mueven la gastronomía y el comercio local.
El sacerdote llegó hace doce años y, según recordó Vignatti, empezó su tarea pastoral recorriendo en bicicleta cientos de hogares. “Visitó más de 700 casas. Esa cercanía y sensibilidad generaron una contención espiritual maravillosa para nuestro pueblo, especialmente durante momentos difíciles como la pandemia”, relató.
Hoy las celebraciones dominicales reúnen, según el presidente comunal, a más de mil personas, y una vez por mes se realizan las misas de sanación.
El movimiento se completa con propuestas gastronómicas y espacios tradicionales como Lago Di Como, un paraje rural donde se conservan una capilla, una escuela y un salón que recibe encuentros y bailes populares.
“Los domingos los restaurantes están llenos y llegan colectivos de otras localidades. Todo esto permite mostrar lo hermoso que es Arteaga”, señaló.
La cercanía como bandera
Con diez años al frente de la Comuna, Vignatti sostiene que la principal fortaleza de las administraciones locales es el vínculo cotidiano con los vecinos. También reclamó que presidentes comunales e intendentes tengan más participación en las decisiones provinciales y nacionales.
“Los presidentes comunales tenemos una manera de concebir la política mucho más cercana a la sociedad. Para nosotros, una persona que no llega a fin de mes tiene nombre y apellido. La conocemos y sabemos lo que le pasa”, reflexionó.
En esa línea, afirmó que el crecimiento de Arteaga es fruto de una construcción colectiva que excede gestiones y dirigentes. Entre la infraestructura, la tecnología, los servicios públicos y una identidad comunitaria vigente, el pueblo busca consolidar un modelo donde modernizarse no signifique perder lo que su presidente comunal considera su mayor patrimonio: la tranquilidad y la cercanía entre sus habitantes.