El bosque patagónico guarda un tesoro que revoluciona las chacras de El Bolsón
En El Bolsón encontraron en los microorganismos del bosque nativo una fórmula que cambia las reglas en la chacra: menos costos, más rendimiento y hasta un gigante de la frambuesa ya la usa. ¿Qué es y cómo se prepara?
Una investigación que arrancó hace una década en la Agencia de Extensión Rural del INTA en El Bolsón encontró en los microorganismos nativos del bosque una fórmula para potenciar los cultivos y bajar costos. Hoy, los biopreparados que nacieron de esos ensayos se aplican en decenas de chacras de la Comarca Andina y ya despertaron el interés de productores de otras provincias e incluso de Uruguay.
La ingeniera agrónoma Andrea Cardozo, jefa de esa agencia, explicó que el objetivo siempre fue enriquecer el suelo para que la planta absorba mejor los nutrientes. “Son como un mediador”, describió sobre el rol de los microorganismos.
Una movida que cambió el perfil del productor
El proceso comenzó en la primavera de 2016, cuando, según recordó Cardozo, “surgió una fuerte movida de productores agroecológicos, jóvenes”. La investigadora vinculó ese fenómeno con la llegada de “un nuevo perfil de agricultores” provenientes de otras ciudades, con “un capital cultural alto” y foco en la producción agroecológica. También lo relacionó con la carrera de Agroecología que la Universidad de Río Negro empezó a dictar en El Bolsón.
Un punto de inflexión fue una beca que Cardozo obtuvo en la Agencia de Cooperación de Japón. Durante tres meses recorrió experiencias de productores de cultivos extensivos en superficies pequeñas. “Desde la práctica, pude ver cómo la gente hacía distintas prácticas de manejo del suelo y la fertilidad, a través del no uso de insumos de síntesis química y, aprovechando los recursos locales”, relató. Volvió al país con “la cabeza revolucionada”, convencida de que esas prácticas podían replicarse en la Patagonia.
La comparación con otros lugares del mundo fue el disparador: “Pensé que si Costa Rica había adoptado estos bioinsumos y bioestimulantes para enriquecer el suelo, a partir de los microorganismos del bosque tropical, nosotros también podíamos. Solo había que adaptarnos a lo que teníamos en nuestro lugar”, dijo. En El Bolsón no había selva, pero sí bosque nativo. Con productores de la zona, Cardozo inició los ensayos.
De dos chacras a un proyecto que escala
Al equipo se sumaron una especialista en microbiología del suelo del INTA Bariloche y una investigadora del Instituto Andino Patagónico de Tecnologías Biológicas y Geoambientales (Ipatec). En una primera etapa aislaron microorganismos del bosque y evaluaron cómo reproducirlos. “La experiencia arrancó en dos chacras y el desafío fue buscar microorganismos en los bosques más cercanos”, contó Cardozo, que también tiene una maestría en Desarrollo Rural.
La receta se fue armando con prueba y error. En Centroamérica usan la melaza de caña de azúcar como fuente de energía, y en Japón emplean afrecho de arroz. “Empezamos a buscar residuos de la zona y nos topamos con el afrecho de trigo o maíz, subproductos de la industria harinera que se usan para darles de comer a los chanchos y las gallinas. Son baratos”, comentó.
El objetivo era claro: “bajar los costos de los insumos comerciales orgánicos que resultaban muy caros”. Según Cardozo, el proyecto sigue creciendo porque “todo esto tiene un bajo costo, se usan recursos locales y los productores ven los cambios concretos en la producción”.
Siete fórmulas y un gigante de la frambuesa
Los bioestimulantes que elaboran son líquidos, lo que facilita su aplicación a través del sistema de riego. Cardozo destacó que hoy no solo los productores agroecológicos los usan: también los “grandes productores de horticultura” los incorporaron como complemento. “El mayor productor de frambuesa de la zona está haciendo 8 mil litros de biopreparados y los aplica en toda su chacra. No es una sustitución de biofertilizantes”, aclaró.
En la actualidad disponen de siete biopreparados entre biofertilizantes y bioestimulantes, con sales minerales según la necesidad de cada cultivo para vigorizar las plantas. Uno de ellos, por ejemplo, contiene sal de calcio para evitar el desgranamiento del fruto en la frambuesa.
La adaptación a cada zona es parte del método. “En El Manso, tomamos microorganismos de ese bosque; para la zona del Valle de El Bolsón concurrimos a la reserva de la Loma del Medio y del Río Azul. Nuestra idea es aportar el conocimiento; por eso promovemos talleres de elaboración para que los productores los apliquen en sus chacras”, expresó.
Hoy hay 19 productores que aplican estos biopreparados y más de 30 pasaron por los talleres en la Comarca, San Martín de los Andes, Villa La Angostura e incluso Uruguay. “En este momento, se avanza con becarios para medir el efecto en las frutillas, papas, frambuesas, lechugas, zanahorias”, puntualizó Cardozo.
El sistema agroecológico de la Comarca Andina fue elegido por Acropics, un proyecto internacional financiado por la Unión Europea que busca reducir el uso de pesticidas químicos mediante prácticas agrícolas sustentables.

Cardozo, junto a productores, inició los ensayos de recetas. Foto: gentileza




