El boom de las barberías que cambia los barrios y da trabajo a los jóvenes
¿Sabías que en tres meses un joven puede tener su propio oficio y salir a trabajar? En los barrios de Corrientes, las barberías se volvieron una salida laboral rápida y un punto de encuentro. Pero hay un detalle que pocos conocen: cómo hacen para mantenerse en pie con precios que no alcanzan.
En plena crisis, las barberías de los barrios de Corrientes se convirtieron en una de las pocas puertas de entrada al empleo para los menores de 25 años. Con cursos de apenas tres meses y una lógica de comunidad, el oficio dejó de ser una moda para transformarse en un refugio laboral y social que reconfigura el mapa de la ciudad.
Del centro al barrio
La fisonomía de la capital correntina cambió al ritmo de las tijeras: cientos de locales abrieron fuera de las cuatro avenidas céntricas, acercando la tendencia estética a los barrios. Uno de los casos es el de Lucas Mierez, dueño de Mierez Barber Club, que tras seis años en San Martín y San Juan tuvo que mudarse a avenida Iberá, en el barrio Ex Aeroclub, por los costos del centro.
“Estamos cómodos, estamos bien y surgiendo de vuelta de a poco”, contó a El Libertador, reflejando una realidad compartida por muchos emprendedores que eligen la cercanía y el dinamismo del barrio.
Salida laboral exprés
El interés por el oficio aparece temprano: hay adolescentes de 15 o 16 años que ya quieren aprender, aunque la mayoría se dedica de lleno a partir de los 19 o 20. La formación básica lleva unos tres meses, lo que permite a los más rápidos pensar en independizarse en poco tiempo.
Las opciones de capacitación van desde la Escuela de Oficios de la Provincia, gratuita, hasta cursos privados con profesionales que llegan de Buenos Aires, Paraguay, Colombia o Perú. También están los cursos virtuales, que se consolidaron después de la pandemia y permiten actualizarse sin salir de casa.
Autonomía y ayuda mutua
En locales como Maca Barber, del barrio 17 de Agosto, los estilistas trabajan con un esquema de comisión: 50% para el local y 50% para el barbero. Con esa mitad, cada joven compra y mantiene sus propias máquinas y maneja sus ingresos como prefiere.
Tomás, un joven barbero de ahí, contó que para entrar tuvo que pasar un proceso exigente: llevar tres modelos por semana durante tres semanas para demostrar su nivel. Hoy comparte el salón con otros dos compañeros y esperan sumar un cuarto. “Somos todos una comunidad, trabajamos todos juntos por más que haya competitividad”, aseguró.
Precios y promos para sostener el consumo
El corte básico en estos barrios ronda los 10.000 pesos. Para atraer a los más jóvenes, Mierez Barber Club ofrece durante septiembre un precio especial de 8.000 pesos para estudiantes y un 20% de descuento los martes y miércoles para los que vayan con un amigo. En Maca Barber, los servicios incluyen reflejos con color global (entre 30.000 y 40.000 pesos con corte) y perfilado de cejas sin cargo.
El movimiento depende del clima: los días de lluvia bajan las visitas, pero con calor la demanda se reactiva al instante.
Más que un corte
Las barberías de barrio asumieron el rol social que antes tenían las peluquerías tradicionales. Lucas Mierez define el arreglo de barba como “el maquillaje del hombre”, un hábito que llegó para quedarse. Hoy, el local funciona como un club: los clientes, en su mayoría de entre 16 y 25 años, van a tomar mate, jugar a la PlayStation, mirar un partido o simplemente charlar.
Frente a las quejas de algunos vecinos en redes por las motos o la música en la puerta, los estilistas responden que se trata de una mirada exagerada. Para ellos, el espacio es un punto de encuentro donde los jóvenes se sienten parte de una comunidad.