El baterista que empezó golpeando ollas y terminó siendo leyenda: a 20 años de su muerte, Rosario lo recuerda
Golpeaba ollas de niño y terminó siendo el baterista de Serú Girán. A 20 años de su muerte, su hijo Juanito lo honró en el regreso de la banda. ¿Qué secreto esconde la placa abandonada en Rosario?
Este 11 de julio se cumplen dos décadas de la partida de Oscar Moro, el rosarino que marcó a fuego el ritmo del rock argentino. Su legado, intacto en canciones que atraviesan generaciones, sigue vivo en la memoria de la ciudad que lo vio nacer y en una esquina que lleva su nombre.
De las ollas al Monumento: los primeros compases
Nacido el 24 de enero de 1948, Moro descubrió su pasión golpeando las ollas de la cocina con palitos de plumero, imitando a los granaderos que desfilaban frente al Monumento a la Bandera. Cursó la primaria en la escuela Domingo Faustino Sarmiento y dio sus primeros pasos musicales junto al guitarrista Cayetano “Kay” Galiffi, con quien integró Los Vampiros y Los Halcones.
A los 17 años, con una batería uruguaya, un bolso y el sueño de vivir de la música, dejó Rosario rumbo a Buenos Aires. Allí se sumó a Los Gatos, banda que junto a Litto Nebbia, Ciro Fogliatta, Alfredo Toth y Galiffi daría forma al nacimiento del rock argentino.
La Balsa y los días de hambre
En 1967 grabaron La Balsa, considerada la primera gran obra del rock en castellano, que vendió unas 250 mil copias. Sin embargo, el éxito no borró las dificultades: los integrantes compartían una habitación de hotel, muchas veces debían elegir entre pagar el alojamiento o comer, y llegaron a ver una de sus primeras apariciones en televisión desde la vidriera de un negocio de electrodomésticos porque no tenían televisor.
El pulso de las bandas que hicieron historia
Tras la disolución de Los Gatos, Moro integró Color Humano junto a Edelmiro Molinari, fue pieza clave en La Máquina de Hacer Pájaros de Charly García y luego se convirtió en el pulso de Serú Girán, junto a García, David Lebón y Pedro Aznar. También formó parte de Riff con Pappo durante los 80. Su talento lo llevó a ser elegido en reiteradas oportunidades como el mejor baterista del país, aunque siempre mantuvo un perfil bajo. “Hay muchos mejores que yo”, solía decir.
Una esquina con historia y una placa olvidada
Desde 2016, la esquina de Buenos Aires y Rioja lleva el nombre de Oscar Moro, en homenaje al músico que pasó parte de su juventud en la planta alta de ese edificio, donde funcionaba el histórico bar La Buena Medida. Allí se colocó una placa recordatoria que, con el tiempo, quedó abandonada.
Su historia volvió a emocionar hace apenas unas semanas. El 19 de junio, durante el regreso de Serú Girán, su hijo Juan Santiago “Juanito” Moro ocupó su lugar detrás de la batería para interpretar dos clásicos de la banda junto a Lebón y Aznar. La imagen de Oscar proyectada en las pantallas y su hijo continuando el legado ofrecieron uno de los momentos más conmovedores del reencuentro.
Oscar Moro murió el 11 de julio de 2006, a los 58 años, como consecuencia de una úlcera sangrante derivada de complicaciones asociadas al alcoholismo. Dos décadas después, cada redoble suyo sigue sonando como parte de la banda sonora del rock argentino.
