El barrio que convive con víboras y alacranes: 10 años de reclamos que nadie escucha

En Alto Comedero hay un barrio que hace una década pide lo básico: calles que no sean un barrial. Cada temporada de lluvias vuelven los pozos, el agua estancada y los animales que nadie quiere tener cerca. La respuesta oficial, según los vecinos, sigue sin llegar.

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El barrio que convive con víboras y alacranes: 10 años de reclamos que nadie escucha
El barrio que convive con víboras y alacranes: 10 años de reclamos que nadie escucha

Los vecinos de las 47 Hectáreas, en Alto Comedero, están hartos. Aseguran que hace más de una década piden obras de nivelación y desagüe en las calles y que la respuesta del municipio nunca llega. El barro, los pozos y el agua estancada son parte de la rutina diaria en las avenidas Ana María Narváez y Juellar.

En diálogo con Radio 2, Marcela Ramírez, una de las residentes del sector, describió con crudeza la situación: "Pasaron los años y no logramos nada. En estos últimos siete años solamente removieron la tierra para un costado o para el otro. Sigue persistiendo el agua estancada, la maleza y ahora el temor de que se venga nuevamente la temporada de lluvias y otra vez a luchar con las víboras, los sapos y alacranes".

Calles intransitables y un diseño que no ayuda

El problema no es solo la falta de mantenimiento. Según los vecinos, el diseño original de las cuadras tiene desniveles pronunciados en forma de "boca de lobo" que impiden que el agua escurra. Cada tormenta convierte las calles en un obstáculo imposible de sortear, tanto para los vehículos como para los cientos de chicos que asisten a las instituciones educativas de los cuatro niveles que hay en la zona.

A eso se suma un alumbrado público deficiente, con luminarias LED distribuidas de manera irregular o directamente ausentes en varios tramos. Los espacios verdes y terrenos baldíos se transformaron en basurales endémicos y focos de incendios forestales, con el antecedente del año pasado, cuando un siniestro dejó sin servicio eléctrico a gran parte del barrio.

La acusación de discriminación política

Ramírez no solo apuntó contra la falta de obras. También denunció un sesgo partidario en la distribución de los recursos y en la atención de los reclamos. Según contó, las solicitudes formales, los expedientes y hasta los pagos de tasas a través de EJESA no se traducen en mejoras concretas. Y sostuvo que los funcionarios de la delegación municipal e incluso los referentes zonales bloquean o ignoran los mensajes de los vecinos que no responden a estructuras partidarias oficiales.

"Parece que les gusta salir en los medios expuestos con los reclamos de los vecinos porque de la forma legal y con notas pagadas no hay respuesta. Te da una impotencia terrible ver que mandan ocho desmalezadoras a una sola plaza en el centro y a nosotros nos dejan esperando años", cuestionó.

Mientras en otros sectores periféricos se anuncian obras viales, en las 47 Hectáreas la realidad sigue siendo la misma: calles rotas, agua estancada y la sensación de que nadie del otro lado escucha.

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