El barrio de Jujuy donde los vecinos ya no saben a quién pedirle ayuda
Hace años que los vecinos de San Isidro conviven con la venta de droga a la vuelta de la esquina y con robos que no cesan. Piden allanamientos y más policías, pero las respuestas no llegan. ¿Hasta cuándo?
Los residentes de San Isidro, en la capital jujeña, están hartos. Denuncian que la venta de drogas se multiplicó por todas las calles y que los robos a viviendas se volvieron moneda corriente, mientras las autoridades no dan respuestas concretas.
La preocupación no es nueva. Una vecina que dialogó con Radio 2 contó que el narcomenudeo se expandió por distintas arterias del barrio y que la situación lleva años sin solución.
"La venta de droga es muchísima y es en todas las calles. Es en la Pellegrini, en la Juan Manuel de Rosas, en la Lucio Mantilla, en la Chacho Peñalosa, en la Ayohuma… Hay gente que vende, pero hace años, incluso hay presos domiciliarios que siguen vendiendo", relató la mujer.
Robos, terrenos abandonados y una garita que no alcanza
La inseguridad golpea fuerte a los vecinos. Según expusieron, los delincuentes aprovechan los terrenos baldíos y la falta de iluminación para entrar a robar a las casas. Los más afectados son los adultos mayores, que ya no pueden caminar tranquilos después de las primeras horas de la tarde.
"Entran a robar como si nada", resumieron.
En la plaza principal del barrio hay una garita policial, pero para los habitantes es insuficiente. "La carpa está, pero funciona cuando van los vecinos a avisar. Pero recorrido, poco. Hay un policía nada más, y si uno se mueve a otra cuadra, el otro no puede cubrir. Los adictos van y vienen y nos dicen en la comisaría que no se los puede retener mucho tiempo", detalló la vecina.
El Centro Vecinal pidió un contenedor con más efectivos, pero las gestiones no prosperaron. Por eso, los residentes exigen que la justicia y el Ministerio Público de la Acusación (MPA) profundicen los operativos, avancen con allanamientos contundentes e incluso con la expropiación de inmuebles usados para vender drogas, como ya se hizo en otras zonas de la capital.
Sin parque ni espacios para los chicos
A la crisis de seguridad se suma el abandono en infraestructura. La vecina remarcó que las familias y los niños no tienen plazas en condiciones ni aros de básquet seguros, lo que alimenta la sensación de que nadie se ocupa de ellos.
"El barrio ya tiene 51 años y no tiene un parque donde jueguen los chicos. Como que nosotros no somos hijos de esto, nos tienen olvidados. Necesitamos con suma urgencia que se fijen en nuestro barrio", expresó.
El reclamo es claro: más presencia policial, allanamientos contra los kioscos de estupefacientes y obras que devuelvan espacios recreativos a un barrio que se siente postergado.