El barril ya supera los u$s114 y las naftas quedan atrás: el número que mira el sector

El barril de Brent ya supera los u$s114 y en el sector de combustibles manejan un número que incomoda: el atraso que arrastran los surtidores. Qué espera cada petrolera antes de mover el precio.

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El barril ya supera los u$s114 y las naftas quedan atrás: el número que mira el sector
El barril ya supera los u$s114 y las naftas quedan atrás: el número que mira el sector

El precio internacional del petróleo volvió a dispararse y en el mercado de combustibles se encendieron las alarmas. El barril de Brent superó los u$s114 este viernes, empujado por el agravamiento del conflicto en Medio Oriente, y esa suba presiona directamente sobre lo que los argentinos pagan por nafta y gasoil.

La referencia que maneja el sector es concreta: los valores en surtidor acumulan un atraso real cercano al 9% frente a los niveles que permitirían reflejar los mayores costos. Ese número es el que hoy mira cada petrolera para decidir si mueve el precio.

Qué pasó con el crudo en las últimas jornadas

El Brent, referencia para buena parte del comercio internacional y para las exportaciones argentinas, cerró el jueves 22 de octubre en u$s113,17 por barril, con una suba cercana al 4%. Al día siguiente volvió a avanzar, superó los u$s114 y llegó a operar por encima de los u$s115: los valores más altos desde comienzos de mayo.

El West Texas Intermediate (WTI), el crudo estadounidense, también subió y quebró la barrera de los u$s100 por barril.

El detonante está en la escalada bélica en Medio Oriente. Los ataques de los hutíes contra objetivos en Arabia Saudita y los riesgos sobre las instalaciones petroleras y las rutas marítimas de transporte generan incertidumbre sobre la disponibilidad de crudo y sus derivados. Cualquier afectación a infraestructuras estratégicas o nuevas restricciones a los envíos se trasladan de inmediato a las cotizaciones de la materia prima con la que se producen los combustibles.

El atraso del 9% y por qué no se traslada de golpe

Según las estimaciones del sector, los combustibles arrastran un atraso real de aproximadamente el 9%. Ese porcentaje no significa que todas las empresas deban aplicar automáticamente una suba de esa magnitud: la brecha depende del tipo de combustible, los costos de refinación, el tipo de cambio, los impuestos y la estrategia comercial de cada petrolera.

El problema pega más fuerte en las compañías que necesitan comprar crudo a precios internacionales para abastecer sus refinerías. Cuando el petróleo sube, sus costos de producción también aumentan y, si esa variación no llega al surtidor, los márgenes de rentabilidad se achican.

Por eso las privadas analizan nuevas actualizaciones mientras observan qué hace YPF, cuyo peso comercial condiciona las decisiones del resto del mercado. La petrolera de mayoría estatal concentra cerca del 56% del mercado minorista de naftas y alrededor del 58% del gasoil, según las referencias sectoriales difundidas en septiembre.

La estrategia de YPF para amortiguar el impacto

En ese contexto, YPF sostiene su mecanismo de amortiguación de precios, el conocido buffer, pensado para evitar que la volatilidad internacional se traduzca de inmediato en fuertes variaciones en los surtidores. El sistema funciona como una compensación entre períodos de subas y bajas del crudo.

Cuando el petróleo sube con fuerza, la compañía absorbe temporalmente parte del incremento de costos y posterga su traslado al consumidor. Cuando el crudo retrocede, en cambio, los precios locales no acompañan necesariamente esa baja de manera inmediata, porque la empresa busca recuperar los ingresos resignados durante las cotizaciones altas.

El presidente y CEO de la compañía, Horacio Marín, ratificó esa decisión y volvió a explicar la política en declaraciones recientes. Advirtió que una eventual caída del precio internacional no implicaría automáticamente una reducción de las naftas y el gasoil.

Marín sostuvo que trasladar de manera completa el encarecimiento del petróleo a los surtidores podría afectar el consumo, en un contexto en el que los combustibles representan un gasto importante para hogares y empresas. También señaló que la compañía necesita compensar los aumentos que no aplicó durante los meses anteriores.

Así, YPF intenta distribuir el impacto de la volatilidad internacional durante un período más prolongado en lugar de concentrarlo en ajustes abruptos. La estrategia, sin embargo, tiene un límite: cuanto más tiempo se mantenga elevado el precio internacional, mayor será la presión para achicar la diferencia con los valores locales.

Qué pasó con los aumentos de septiembre

La tensión actual llega después de los ajustes aplicados en septiembre. Las empresas privadas subieron las naftas alrededor del 2,5% y el gasoil hasta un 5%, mientras que YPF dispuso un incremento promedio del 1% en ambos segmentos. Esa diferencia entre los movimientos y el encarecimiento del petróleo volvió a ampliar la presión sobre los márgenes de comercialización.

En la industria consideran que, si las cotizaciones internacionales se mantienen elevadas, habrá que avanzar con nuevas actualizaciones. La expectativa, de todos modos, es que los incrementos se apliquen de forma gradual, sin trasladar de una sola vez la totalidad de la diferencia.

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