El bar Los Vascos perdió a su dueño: la historia que empezó lavando platos en San Julián
Empezó lavando platos en un hotel de San Julián y terminó siendo el dueño del bar más recordado de Río Gallegos. Ramiro Kroeger murió a los 96 años y dejó una frase que resume su recorrido.
Ramiro Kroeger, el hombre que estuvo al frente del bar Los Vascos durante más de seis décadas, falleció este martes por la noche a los 96 años en Río Gallegos. El establecimiento de la esquina de la avenida Kirchner y Santiago del Estero es parte de la memoria colectiva de varias generaciones de vecinos de la capital santacruceña.
Kroeger atravesaba un cuadro de salud delicado. Estaba internado en el Hospital Regional de Río Gallegos, donde había ingresado por una neumonía, y los médicos habían iniciado un tratamiento paliativo, según pudo saber La Opinión Austral.
De Chiloé a la Patagonia: los primeros años
Su recorrido empezó lejos del bar. Nació en Chiloé, Chile, y llegó a la Argentina en noviembre de 1948, con apenas 16 años. Cruzar la frontera no fue sencillo, pero logró instalarse en Puerto San Julián.
Allí consiguió su primer empleo como lavaplatos en el hotel Águila. Se quedó siete años y con el tiempo llegó a ocupar el puesto de gerente. Después vino una etapa como socio de un bar en la misma localidad, antes de dar el salto a Río Gallegos.
El 1 de septiembre de 1958, el día que cambió todo
Ese día se hizo cargo del hotel y bar Los Vascos. Desde entonces, el local quedó atado a su historia personal y se transformó en un punto de referencia de la ciudad.
En 1969 se casó con Elvira Miriam Monge, con quien formó una familia de tres hijos. Con los años dejó de ofrecer alojamiento en el establecimiento para dedicarle más tiempo a los suyos, aunque el bar siguió siendo el gran sello de su trayectoria.
La frase que resumió su vida
En febrero de 2023, La Opinión Austral publicó una entrevista en la que Kroeger repasó su historia, marcada por la migración y el esfuerzo. Allí dejó una definición que condensó su recorrido, desde los primeros trabajos hasta la propiedad de un comercio histórico: “Todo se aprende, nadie nació sabiendo”.
Su vida fue la de un hombre que construyó su lugar con trabajo y perseverancia, y la de un bar que acompañó durante décadas la vida cotidiana de Río Gallegos.