El asombroso ritual que revela el secreto de los flamencos en Santa Cruz
¿Sabías que el color rosado de los flamencos no es natural? Descubrí los secretos de estas aves que sorprenden en Santa Cruz.
Los flamencos que visitan Santa Cruz esconden comportamientos que pocos conocen. Una nueva entrega de “La Caja de Victoria” desentraña sus hábitos más sorprendentes.
En Río Gallegos y otras localidades de la provincia, la presencia de estas aves migratorias es un espectáculo que invita a la observación. Pero, ¿qué hay detrás de su plumaje rosado y sus danzas coordinadas?
¿Cuáles son las especies que habitan en Argentina?
En el país conviven tres especies de flamencos: el flamenco austral, el flamenco andino o parina grande y la parina chica. De ellas, es el flamenco austral –también llamado flamenco chileno– el que llega hasta Santa Cruz.
Estas aves pueden alcanzar entre 70 centímetros y un metro de altura. Su característico color rosado no es innato: los ejemplares jóvenes nacen con un plumaje grisáceo o blanquecino que se transforma con la alimentación. La clave está en la Artemia salina, un pequeño crustáceo rico en betacaroteno que tiñe sus plumas.
¿Cómo se alimentan y por qué se paran en una pata?
Los flamencos tienen un método de alimentación peculiar: remueven el sedimento del fondo con sus patas para dejar suspendidos microorganismos como microalgas, crustáceos y larvas. Luego, filtran el agua y el barro a través de estructuras especiales en su pico, reteniendo así el alimento.
Otro de sus comportamientos más llamativos es permanecer sobre una sola pata. Una teoría sugiere que esta postura les permite ahorrar energía y minimizar la pérdida de calor en aguas frías. La explicación alternativa proviene de la literatura: el cuento “Las medias de los flamencos”, de Horacio Quiroga, que también se menciona en esta edición.
Un ritual de cortejo que hipnotiza
Los flamencos son aves migratorias y gregarias, por lo que suelen desplazarse en grandes bandadas. Su ritual de cortejo es todo un espectáculo: los ejemplares ejecutan movimientos coordinados, giran el cuello y avanzan juntos en sincronía.
El cortejo comienza en septiembre y el proceso reproductivo se extiende durante el verano. Anidan en colonias sobre playas de barro poco accesibles, donde ponen uno o dos huevos. La incubación dura alrededor de 30 días y los pichones son alimentados con una sustancia conocida como “leche de buche”.
La invitación es clara: disfrutar de la presencia de estas aves durante los últimos días en Río Gallegos y otras localidades de Santa Cruz. Una oportunidad única para observar de cerca a estos fascinantes visitantes.