El ángel de los perros en Comodoro: alimenta a más de 30 y ahora enfrenta una deuda veterinaria
¿Qué harías si tuvieras que elegir entre pagar una deuda o alimentar a más de 30 perros? Juan, un vecino de Comodoro, ya tomó su decisión. Ahora necesita una mano.
Un vecino de Comodoro Rivadavia se convirtió en el héroe silencioso de más de 30 perros callejeros. Juan, como se lo conoce en el barrio, no solo les da de comer cada día, sino que también les ofrece refugio y se ocupa de su salud. Pero ahora la cuenta de la veterinaria lo tiene contra las cuerdas y salió a pedir ayuda.
La historia de Juan es un ejemplo de solidaridad que conmueve. Durante años, este vecino dedicó su tiempo y recursos a cuidar a una jauría que encontró en la calle. Su tarea diaria incluye alimentarlos, darles un lugar donde dormir y, lo más costoso, cubrir los gastos médicos.
¿Cómo nació esta cruzada?
Todo empezó cuando Juan notó que varios perros vagaban sin rumbo por su zona. Decidió no mirar para otro lado y comenzó a asistirlos. Con el tiempo, la cantidad de animales fue creciendo hasta superar la treintena. Lo que parecía una ayuda puntual se transformó en una rutina que no puede abandonar.
Sin embargo, la situación se volvió insostenible. Los gastos en tratamientos, medicamentos y consultas veterinarias se acumularon y ahora Juan enfrenta una deuda que no puede pagar solo. "Tenemos varios adultos; todo eso conlleva tratamiento, medicación y se hace lo que se puede", confesó en diálogo con ADNSUR.
Una deuda que crece
El vecino no dio cifras exactas, pero aclaró que la suma es significativa. Cada perro requiere atención particular: algunos tienen enfermedades crónicas, otros necesitan castraciones y varios están en tratamiento por parásitos o heridas. La cuenta de la veterinaria es un dolor de cabeza constante.
Juan asegura que no piensa rendirse. "Se hace lo que se puede", repite, aunque sabe que solo no alcanza. Por eso, decidió hacer pública su situación y pedir colaboración a la comunidad. Cualquier aporte, por mínimo que sea, ayuda a saldar la deuda y a seguir cuidando a los animales.
La historia de Juan no es única, pero sí especial. En una ciudad donde el abandono animal es moneda corriente, su compromiso marca la diferencia. Mientras tanto, los perros siguen esperando su comida diaria y él sigue buscando la manera de no fallarles.