El alga que sobrevive 40 días fuera del agua y obliga a un ritual en cada salida a los ríos de Santa Cruz
Cuarenta días fuera del agua y una capacidad de adhesión que sorprende: así se expande el alga que ya preocupa en los ríos y lagos de la Patagonia. La recomendación que todos los que salen al agua deberían conocer.
El Parque Nacional Los Glaciares emitió una serie de recomendaciones para frenar el avance de una especie exótica que amenaza los ecosistemas de agua dulce de la Patagonia: el alga Didymosphenia geminata, más conocida como Didymo o “moco de roca”.
Se trata de un organismo unicelular originario del hemisferio norte que ya está instalado en la región desde 2010. No es tóxico ni pone en riesgo directo la salud de las personas, pero cuando se reproduce de forma masiva en lagos, lagunas, ríos y arroyos puede causar daños ambientales serios.
La clave para contenerlo está en manos de quienes disfrutan del agua: la prevención depende en gran medida de la colaboración de quienes practican actividades recreativas y deportivas en contacto con ríos y lagos.
Tres pasos para no llevarlo de un río a otro
Las recomendaciones oficiales se resumen en una secuencia simple: remover, lavar y secar. El objetivo es higienizar todos los elementos antes y después de cada actividad, sobre todo cuando se pasa de un cuerpo de agua a otro.
Remover: hay que retirar todo el material orgánico visible que quede adherido al calzado, la vestimenta, los equipos y los vehículos.
Lavar: los objetos que estuvieron en contacto con el agua deben sumergirse y frotarse en un balde con 10 litros de agua y 500 mililitros de detergente. La mezcla tiene que actuar durante cinco minutos.
Secar: si no se puede lavar, el elemento debe dejarse secar al menos 48 horas y comprobar que esté completamente seco antes de volver a usarlo.
La limpieza alcanza a todo lo que pueda transportar el organismo: cañas de pescar, botas, equipos de vadeo, embarcaciones, kayaks, calzado de trekking, bastones, polainas, bicicletas y trajes de neoprene.
Por qué el Didymo es una amenaza para el ecosistema
El alga tiene una capacidad llamativa: se adhiere a distintas superficies mediante un tallo mucilaginoso. Cuando encuentra condiciones ambientales favorables, se multiplica de manera masiva y forma acumulaciones parecidas a una alfombra marrón que se extiende sobre el lecho de los cursos de agua.
Esas floraciones modifican las condiciones físicas y químicas del ambiente acuático y afectan a las especies que lo habitan. El crecimiento del Didymo limita el desarrollo de otras algas que compiten por el mismo sustrato, altera las comunidades de invertebrados y reduce la disponibilidad de alimento dentro del ecosistema.
El factor humano: cómo viaja el alga
Uno de los datos que más preocupa es su resistencia fuera del agua: el Didymo puede permanecer vivo alrededor de 40 días si se mantiene en materiales húmedos. Por eso, las personas pueden transportarlo sin saberlo de una cuenca a otra a través de los equipos que usan en distintas actividades.
La pesca deportiva, la navegación, el trekking y otras prácticas recreativas figuran entre las actividades que pueden favorecer su dispersión cuando no se hace una limpieza adecuada.
Proteger los ambientes acuáticos de la Patagonia y evitar que el alga llegue a nuevos cursos de agua depende, en buena medida, de estas medidas. Limpiar, desinfectar y secar los equipos antes y después de cada salida son acciones centrales para cuidar estos ecosistemas.