El agro ya no maneja solo el tipo de cambio: el giro que cambia las reglas del campo

El campo dejó de ser el único que define el valor del dólar y ahora compite con la energía y la minería por esa garantía. Un especialista de Crea explicó en el Foro Agroindustrial Rosario por qué el sector ya no juega con las reglas de antes, y qué cambia para los productores.

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El agro ya no maneja solo el tipo de cambio: el giro que cambia las reglas del campo
El agro ya no maneja solo el tipo de cambio: el giro que cambia las reglas del campo

El economista Santiago Giraud, especialista del área de Economía de Crea, puso el foco en el Foro Agroindustrial Argentino Rosario (Faro) sobre una consecuencia que el sector no termina de digerir: el campo dejó de ser el único que define el valor del dólar. Con la energía y la minería ganando peso en la balanza comercial, el agro perdió ese lugar de privilegio que supo tener durante décadas.

"El agro necesita la misma estabilidad que el petróleo y la minería", disparó Giraud durante su exposición, en la que repasó cómo el cambio de modelo económico impactó de lleno en la actividad agropecuaria.

Por qué el campo ya no marca el dólar

Durante años, una mala cosecha o precios internacionales bajos derivaban en presiones devaluatorias. Ese vínculo se cortó. "Ahora el agro no está solo como fuente de divisas; está la energía, con una balanza comercial que se dio vuelta, y en parte la minería, que por ahora se mueve por precios más que por cantidades", explicó el economista.

El ejemplo que usó para graficar la importancia de las políticas estables fue el del petróleo y el gas. Según recordó, ese sector creció gracias a decisiones que se tomaron antes del Rigi, cuando el segundo gobierno de Cristina Fernández abandonó la intervención para desvincular el precio internacional del interno. Esa política se sostuvo durante tres gestiones y, para Giraud, "es importante que el agro, sobre todo la ganadería, cuente con esta misma garantía de que no le van a pisar los precios".

El programa económico, entre la convertibilidad y el Austral

Giraud ubicó los resultados del plan que arrancó a fines de 2023 en un punto intermedio entre el régimen de convertibilidad y el plan Austral. "No apeló a ninguna excentricidad sino a lo que se hizo en otros momentos de la historia y en otros países", señaló. Y detalló: "Hizo un ajuste fiscal, ancló el tipo de cambio tras una gran devaluación inicial y abrió la economía unilateralmente".

La comparación con esos antecedentes no es menor. En el primer caso, "a esta altura la inflación anual ya era menor al 10%". En el segundo, "a esta altura ya había fracasado". Para el especialista, el programa actual "no es ni el mayor en los últimos cien años ni es un fracaso, está en línea con otras experiencias de la región que transitaron un proceso de baja lenta de la inflación".

Una de las consecuencias de este modelo es la apreciación cambiaria. Giraud calculó que el tipo de cambio equivalente al que se llegó tras la devaluación inicial de Milei sería de $ 2.600. Y advirtió: "Si el gobierno tiene éxito en bajar la inflación, el tipo de cambio seguirá apreciado, porque así fue en los casos en que se redujo la tasa de variación del índice de precios".

Precios relativos: quiénes ganan y quiénes pierden

El cambio de modelo afectó de manera dispar al negocio agropecuario. Según describió Giraud, "se acomodaron los costos de los insumos transables en el mercado internacional, como semilla, forrajes, maquinaria, fitosanitarios, pero subieron los que no se exportan, como la tierra, los fletes, las labores, los salarios". Los combustibles y los fertilizantes, en tanto, sufrieron el impacto de los conflictos globales.

El movimiento de los precios relativos es clave porque "los sectores que ven mejores condiciones para invertir son los que tienen mejor relación insumo-producto", subrayó. Para medirlo, citó el relevamiento cuatrimestral que realiza Crea sobre si es buen o mal momento para invertir. La última medición arrojó un neto favorable del 24%. A la cabeza se ubicó la ganadería (70%) y la agricultura (9%). En el otro extremo quedaron la lechería (-31%) y la maquinaria (-9%).

"La ganadería está en uno de sus mejores momentos en décadas, en agricultura el cultivo estrella es el girasol por la guerra en Ucrania", precisó.

El financiamiento, otra pata que se movió

El sector opera con muy poco crédito en pesos: apenas el 28% del valor agregado bruto que genera. Durante casi dos décadas, el costo del crédito se licuaba con la devaluación y el aumento de la soja siempre era mayor al de la tasa. Ese esquema se terminó.

Una de las consecuencias del cambio de modelo es el regreso de la morosidad. "Sube menos que en otros segmentos de la economía pero sube", alertó Giraud. La cartera en categoría 3, 4 y 5 de la cría subió por encima del 5% y la de los servicios al agro, fundamentalmente contratistas, trepó al 4%.

El agro todavía conserva la ventaja de ser uno de los pocos sujetos de crédito en dólares, un privilegio limitado desde la crisis de 2001 a los sectores que generan divisas. Pero el gobierno "tiende ahora a flexibilizar este régimen, por lo cual el campo irá perdiendo esta ventaja", explicó el economista.

Retenciones y un mundo cada vez más incierto

Para el jefe del área de macroeconomía de Crea, la continuidad de la baja de retenciones es clave para alinear los precios de los productos e insumos y motorizar la inversión en el sector. En ese punto volvió sobre la importancia de las políticas estables, que se ve "en los sectores que crecen más rápido", como los ligados a la energía y la minería.

El agro, "si bien se acerca a un alineamiento entre productos e insumos", enfrenta costos del cambio de modelo que "aparecieron más rápido que las ventajas", de las que Giraud no dudó. A eso se suma un escenario internacional cada vez más complejo. "Antes se miraba la volatilidad como algo local, hoy se agregó un mundo incierto", dijo.

Por otro lado, señaló que "hay un potencial para la recuperación del mercado interno" en la medida en que se recupere el ingreso de la población. "Hoy el salario real formal está 13 puntos abajo de 2017 y la relación con la carne está en uno de sus niveles más bajos, un 58,6", explicó.

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