El adiós que paralizó el Disney Hall: la ovación de 12 minutos que coronó la era Dudamel en Los Ángeles
¿Sabés lo que pasó cuando el director venezolano se despidió del Disney Hall? Una ovación de casi 12 minutos y un abrazo final que nadie esperaba. Los detalles de una despedida que marcó un antes y un después en la música clásica.
El director venezolano Gustavo Dudamel cerró su ciclo en la Filarmónica de Los Ángeles con un maratón musical de tres semanas que incluyó ópera, poesía, coros multitudinarios y una ovación de casi 12 minutos. El broche de oro fue el domingo, cuando el público, los músicos y el coro se unieron para despedir a quien transformó la escena clásica angelina durante 17 años.
¿Qué pasó en esas tres semanas?
La despedida de Dudamel del Disney Hall fue un despliegue intenso: desde una nueva producción de Las valquirias de Wagner con decorados de Frank Gehry, hasta el estreno de Mundillo de Angélica Negrón, donde el director apoyó su cabeza en el hombro del violonchelista Yo-Yo Ma mientras tocaban cajas de música. El público rió y aplaudió ante ese gesto de camaradería.
En total, hubo conciertos, óperas, coros multitudinarios, poesía y encargos a nuevos compositores, con especial énfasis en artistas latinos. “Estas tres semanas son un símbolo de todo lo que hemos estado haciendo estos años”, dijo Dudamel entre ensayos. “Esta orquesta es muy virtuosa, con un sonido muy cálido, abierta a ser flexible para tocar todos los estilos”.
La ovación que duró casi 12 minutos
El concierto final del domingo culminó con una ovación que se extendió por casi 12 minutos. Dudamel recorrió la orquesta abrazando y estrechando manos, dio un último beso a los músicos y saludó al público antes de salir por la izquierda del escenario. Fue un momento de emoción contenida y reconocimiento mutuo.
Pero la despedida no termina ahí. En agosto, el Hollywood Bowl será escenario de sus conciertos verdaderamente finales, que pondrán fin a una salida que se prolongó durante casi tres años. Poco después, asumirá como director musical y artístico de la Filarmónica de Nueva York.
El legado: más allá de la batuta
Dudamel llegó a Los Ángeles en 2009 con 28 años y una mochila de dudas. Hoy, ha nombrado a 54 de los 106 miembros de la orquesta, consolidó la Orquesta Juvenil de Los Ángeles como un referente para jóvenes de zonas desfavorecidas y llevó a esa orquesta al Super Bowl en 2016 con Coldplay. Seis miembros actuales y antiguos de la juvenil participaron en el concierto del domingo para recitar América, del novelista mexicano Guillermo Arriaga.
Ha abrazado a compositores clásicos como Mahler, Mozart y Beethoven, pero también defendió a aventureros como John Adams, Philip Glass y Ellen Reid. “Algunos músicos podrían haber sentido miedo por la forma en que la pieza es una especie de locura”, dijo Reid sobre Earth Between Oceans. “Él se apoyó en su energía. Se esfuerza por abrir caminos diferentes”.
Desde su primer año, con el festival Americas and Americans, destacó la música de compositores latinos como Roberto Sierra y Gabriela Ortíz, quien recibió nueve encargos bajo su dirección. “Ha estado extraordinariamente abierto a las ideas innovadoras”, señaló Esa-Pekka Salonen, su predecesor. “Va a dejar una orquesta muy vibrante y dinámica”.
Celebridad en una ciudad de celebridades
Dudamel cambió la percepción de la música clásica en Los Ángeles. Desafió el estereotipo elitista; Salonen recordó que una vez lo llevó de bar en bar por el este de la ciudad y terminaron en un local de salsa donde “todo el mundo lo conocía”. “En la comunidad latina, la gente habla con él con mucho orgullo”, añadió.
No todos lo aplauden. El crítico David Mermelstein, en The Wall Street Journal, cuestionó la profundidad de sus logros: “Sus puntos fuertes –la emoción y los atrevidos colores orquestales– y sus puntos débiles –falta de cohesión narrativa– siguen sin cambiar”. Pero Eric Garcetti, exalcalde de Los Ángeles, lo defendió: “No creo que la novedad de Dudamel se haya desgastado nunca”.
¿Qué viene ahora?
Tras las cuatro noches en el Hollywood Bowl en agosto, Dudamel volará a Nueva York, pero no desaparecerá del todo. Será director artístico y cultural de la filarmónica, colaborará en la planificación de temporadas y dirigirá hasta cuatro semanas por año. Además, mantendrá una residencia en Los Ángeles. “Me siento parte de Los Ángeles después de 17 años”, afirmó. “Podemos ser un puente entre dos costas”.