El adiós a un símbolo del fútbol: Mario Requena dejó una huella imborrable
El fútbol está de luto: Mario Requena, histórico técnico y formador, falleció a los 88 años. ¿Cuál fue su legado imborrable?
La noticia del fallecimiento de Mario Alberto Requena, ocurrido ayer por la tarde a los 88 años, sacudió al fútbol local y a toda la comunidad que lo conocía. El histórico entrenador, figura indiscutida de la Liga Villamariense, dejó un legado que trasciende las canchas.
Requena, vecino del barrio Santa Ana y extrabajador del Correo Argentino, no solo fue un destacado jugador apodado “Canguro” y un técnico ganador, sino también un verdadero maestro de vida. Su vínculo con figuras como Marcelo Bielsa y Carlos Timoteo Griguol lo convirtieron en una referencia, pero su mayor orgullo era su familia, forjada junto a su esposa Estela, con quien tuvo a Pablo y Claudia, y de quienes nacieron nietos futbolistas.
Un recorrido imparable por los bancos de suplentes
Desde 1963 hasta 2006, Mario se mantuvo en actividad ininterrumpida, cosechando títulos con Ameghino, Unión Central, Alumni, Alem y River, entre otros. Su paso por clubes de la región, como Almafuerte de Las Varillas, Rivadavia de Villa María, Central Argentino, Juniors de Córdoba, y hasta por equipos de Tucumán como Ñuñorco y Concepción, dejó una marca imborrable.
Pero más allá de los trofeos, su verdadera contribución fue su capacidad para elevar el nivel de los jugadores e inculcarles valores. Gestas como darle un título a Unión Central después de 30 años de espera o aquella final de 1994 contra su hijo Pablo, donde su River Plate se consagró en Plaza Ocampo, quedarán en la memoria colectiva.
Un legado que trasciende
Requena fue un incansable aprendiz. Aprovechó cada charla con Griguol y, ya retirado, viajó a Inglaterra para observar un entrenamiento de su amigo Bielsa, quien solía llamarlo por teléfono. Su pasión por la formación lo llevó a crear la primera Escuelita de Fútbol de la ciudad, convirtiéndose en mentor de muchos técnicos que luego brillaron.
También dejó sus reflexiones por escrito, con columnas en elDiario y libros donde criticaba la falta de escucha para mejorar, no solo en el fútbol sino en general. A pesar de su apariencia de “cascarrabias”, quienes lo trataron destacan su gran humanidad, reconocida en 2017 al ser nombrado Ciudadano Destacado por el Concejo Deliberante.
Sus restos son velados en la Sala Dalí de Casa Paviotti y serán inhumados a las 16 en el cementerio de Arroyo Cabral. Su partida deja un vacío enorme, pero su enseñanza perdurará en cada rincón del fútbol.