El abogado penalista que dejó los pasillos de tribunales de Santa Rosa para instalarse en una villa marinera de Cataluña encontró la manera de no perder nada: sigue litigando a la distancia y hasta se sumó a la comisión directiva de un club centenario. El mecanismo que lo hizo posible no es el que muchos imaginan.
Gastón Gómez dejó de aparecer con la frecuencia de antes por los pasillos de los tribunales de Santa Rosa. La explicación sorprendió a más de uno: se instaló en Cambrils, a orillas del Mediterráneo, y desde allí sigue ejerciendo la abogacía de manera virtual. Su historia es la de un pampeano que se las ingenió para vivir en dos continentes al mismo tiempo sin renunciar a ninguno.
De O'Brien a Toay, con la pelota como bandera
Nacido en la pequeña localidad de O'Brien, partido de Bragado, Gómez creció en Junín y se hizo hincha de Sarmiento porque vivía a tres cuadras de la cancha. Cuando se jugaba el Mundial del 78, la familia se mudó primero a Santa Rosa y después se afincó en Toay.
"Hice el último año de primaria en la Escuela 62, y luego viajando a dedo y en colectivo a Santa Rosa cursé en el Colegio Nacional", recuerda. En esa época jugaba al fútbol en Belgrano y tuvo compañeros que después fueron conocidos: el "Colo" Mac Allister y Daniel Martínez, el médico de la Selección Argentina. "Incluso a los 17 jugué algún partido en la primera de Belgrano antes de ir a estudiar a Córdoba", agrega.
En Toay se juntaba con Nacho Tauber, el Cabezón Bassi, Jaime García, los Zelarrayán, Losada, Guardia, Azcárate, Ramírez y Antocci. Fue vecino de Liliana y Ariel Rojas, el intendente, que es más chico que él. En la secundaria andaba con Carlos Navarro, Lorenzo Cornejo, el doctor Díaz y tantos otros.
Estudió en la Universidad Católica de Córdoba porque en la Nacional había paros y no quería perder el tiempo. Se recibió a los 22 y volvió a La Pampa. Ahí llegó el fútbol con Abogados A y después nació La Barranca, un espacio donde hicieron mucho por su inicio Tito Rodríguez Kessy, Carlos Kindweiler, los hermanos Sánchez, Julio Jamad, Fede López Lavoine, "Lagarto" Rosales y Tato Moslares, entre muchos otros.
En lo profesional trabajó con Tito Rodríguez Kessy y hoy comparte estudio con Romina Antocci. "Ya hace 36 años que ejerzo ¡Y todavía me faltan 6 años para la jubilación!", dice sonriente.
Una mudanza pensada, no un arrebato
La Pampa fue su lugar en el mundo durante décadas. Allí construyó su identidad profesional, formó familia y tejió amistades en el fuero judicial y en las canchas de fútbol amateur. Pero cuando la madurez parecía invitar a la estabilidad, los hilos familiares que lo unían a Europa empezaron a tirar con fuerza.
"La mudanza a España no fue un arrebato de medianoche ni el resultado de un enojo con la Argentina", aclara cuando le preguntan por los motivos. En la Costa Dorada catalana, sus dos hermanos gemelos llevaban más de dos décadas afincados. Sandro es kinesiólogo y Alejandro trabaja en Prosegur con su esposa Claudia Guenchual, de Toay. La hija de ellos, Thais, de 19 años y nacida en España, es campeona mundial de patín artístico, un orgullo que Gómez no oculta.
Su papá, Rodolfo Eduardo, falleció a los 84 años en 2015. Su mamá, Marta Elena Remole, hoy vive en Cambrils y hace todo por sus hijos. Allá también están sus suegros Gladys y Daniel, y su cuñado Javier. Motivos sobran.
De un primer matrimonio tiene a Agustín (35), que vive en Bolivia. De su segundo enlace nacieron Milagros (31) y Joaquín (21), que siguen en Santa Rosa. Después llegó Thiago (11), fruto de su relación con Mariela Agón, profesora de yoga y pilar de la logística familiar. El menor es el único que armó la mochila escolar para la aventura europea: hoy transita las aulas de la educación pública española y se amolda al catalán y a los nuevos compañeros.
Cinco o seis cruces del Atlántico en un año
El primer año de residencia en Europa arroja un dato llamativo: en apenas doce meses, Gómez cruzó el Atlántico en cinco o seis oportunidades. "Estoy yendo y viniendo todo el tiempo, porque tengo mis cosas, mis afectos y mi profesión en La Pampa", explica. Se ríe con ganas cuando le dicen que "el que puede, puede". La posibilidad económica es apenas el vehículo de una necesidad más profunda: para que esta arquitectura de dos orillas funcione, la presencia física en el territorio de origen sigue siendo insustituible.
Un lunes por la mañana puede encontrarlo caminando por el paseo marítimo de Cambrils, sintiendo la brisa templada y contemplando los barcos pesqueros que regresan al puerto. Esa misma tarde puede estar sentado frente a la computadora, conectado con los tribunales de Santa Rosa para intervenir en las incidencias de un expediente penal.
El fuero penal, a diez mil kilómetros
Antes, un abogado que se radicaba en el exterior debía someterse a un calvario burocrático: revalidar el título, aprender la legislación local y colegiarse en un país ajeno. O directamente abandonar la profesión. Gómez gambeteó esa encrucijada con pragmatismo: en lugar de empantanarse en la homologación de títulos en el Reino de España, mantuvo su eje profesional donde siempre estuvo, en el fuero penal de La Pampa.
El fuero penal es la rama más dinámica y exigente del derecho. Requiere inmediatez, respuesta ante emergencias, audiencias de control de detención, debates orales y presencia constante en los pasillos de la justicia. ¿Cómo se gestiona esa vorágine a 10 mil kilómetros y con cinco horas de diferencia horaria? La respuesta la dio la transformación tecnológica que precipitó la pandemia.
Las audiencias virtuales por Zoom, la digitalización de los expedientes a través de las plataformas del Poder Judicial pampeano y las videollamadas reconfiguraron el ejercicio del derecho. Gómez puede repasar causas, redactar escritos y participar de audiencias remotas desde su despacho provisional en España.
La virtualidad no lo resuelve todo. En el terreno operativo pampeano, la estructura se sostiene gracias a una alianza con la abogada santarroseña Romina Antocci, quien asume la representación presencial y el seguimiento cotidiano de los trámites. "Por supuesto de a poquito hay trámites que voy dejando de lado, pero las causas que permiten ser llevadas por pantalla las continúo. Trato de resolver los compromisos que ya tenía asumidos y tomar sólo causas que sé con certeza que puedo resolver a distancia sin perjudicar al cliente", afirma.
La pelota como idioma universal
La abogacía es su sostén material, pero el fútbol es su idioma universal. Al poco tiempo de desembarcar en la Costa Dorada, Gómez no buscó un centro cultural ni una peña de residentes extranjeros: buscó una cancha. Se asoció e ingresó al equipo de veteranos del Gimnàstic de Tarragona, uno de los clubes más centenarios y emblemáticos del fútbol catalán.
La adaptación fue tan natural que sus compañeros no solo lo aceptaron sino que lo sumaron formalmente a la comisión directiva del espacio institucional de los veteranos. "Es un grupo humano fabuloso", confiesa sobre esa rutina dominical. Aunque no se priva de un reclamo: "Lo único malo es que allá jugamos a las ocho de la mañana de los domingos...", dice entre risas.
En sus constantes regresos a Santa Rosa, Gómez no pierde el tiempo: toma el bolso y se reencuentra con sus compañeros de toda la vida, el histórico grupo de Abogados A hoy consolidado bajo el escudo de La Barranca. Con ellos compartió torneos locales y recorrió diversos países en torneos internacionales de abogados. Jugó el Mundial de Abogados en Croacia y ya tiene la mirada puesta en la próxima cita en las playas de Creta, Grecia.
En su última incursión por la provincia, hace apenas unas semanas, volvió a vestirse con los colores de siempre, a raspar en la marca, a discutir un fallo arbitral y a compartir el asado posterior con la misma pasión de cuando tenía veinte años.
Dos mundos, una identidad
El Negro Gómez ya no se asombra cuando se encuentra un argentino, y algún pampeano, en la lejana Cataluña. "Sí, hay argentinos y pampeanos por todos lados, y también en Tarragona... Me he encontrado con algunos jugadores de paddle, y otra gente con la que cada tanto se puede compartir un mate", agrega.
"La Pampa es un lugar maravilloso para vivir. Pero también hay otras oportunidades en el mundo que está muy bueno conocer y experimentar", razona con la serenidad de quien encontró la fórmula para gambetear las fronteras sin perder la esencia.
Su travesía demuestra que la identidad pampeana no se pierde al cruzar el océano. Lleva la pampeanidad guardada en el equipaje de mano junto a la yerba mate y los botines, y se activa cada mañana con el tono familiar de la primera llamada del día. En ese equilibrio, Gastón demuestra que es posible habitar dos mundos al mismo tiempo. El que puede, puede.
Una mirada política sin vueltas
Gastón Gómez fue concejal en Toay entre 1991 y 1995. "Soy peronista y no puede ser de otra manera... mis padres lo eran, viví en Junín tierra de Perón... el estadio de Sarmiento se llama Eva Perón y crecí en una provincia ordenada... La Pampa de Rubén Marín, Carlos Verna y Oscar Jorge. Y como broche de oro, Sergio Ziliotto es un gran gobernador", dice sin dejar dudas.
"La verdad es que a Santa Rosa, y también a Toay, cada vez que vengo la veo más linda", y casi un brillo aparece en su mirada. Para Javier Milei tiene una frase: "Al principio aparecía como lo nuevo, pero de a poco la percepción fue cambiando y hoy en España es mala palabra. Sobre todo por las barbaridades que dice y los papelones que hace... Es un verdadero desastre", sostiene.