El abismo que nos habita: América, la Pachamama y el desafío de estar

¿Qué es América cuando no es un mapa? Un viaje al abismo del estar, donde la Pachamama no se piensa, se habita. La reflexión que desafía al poder.

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El abismo que nos habita: América, la Pachamama y el desafío de estar
El abismo que nos habita: América, la Pachamama y el desafío de estar

La América profunda no es un mapa: es una forma de pisar la tierra. Mientras el poder la vende y la destruye, hay una corriente que la habita desde el barro, la comunidad y el aguante. ¿Qué significa realmente pertenecer a este continente?

Este ensayo, que circula desde Catamarca, propone un viaje al corazón de una identidad que no se piensa, sino que se padece. Lejos de las capitales y los discursos oficiales, la verdadera América se esconde en la tierra húmeda, en las ollas populares y en la ternura de los pueblos que resisten la domesticación.

La Pachamama como presencia, no como diosa

Para la cosmovisión andina, la Madre Tierra no es una entidad lejana que exige culto, sino una presencia íntima que respira bajo nuestros pies. Escucha a quien la ha olvidado y sostiene sin pedir palabras, solo respeto y silencio. No se trata de comprenderla desde la lógica occidental, sino de aprender a estar en ella.

El filósofo Rodolfo Kusch lo expresó con precisión: “el ser americano no es el ser del pensamiento, sino el estar del aguante”. Esta región no se construyó sobre el individuo, sino sobre el nosotros, sobre una mezcla trágica y hermosa de lo indígena, lo mestizo, lo popular y lo sagrado.

El conocimiento como pérdida

Carlos Castaneda, guiado por el chamán don Juan, descubrió que el saber verdadero no se acumula, sino que se pierde. El mundo no se domina, se atraviesa. Y para atravesarlo, hay que vaciarse de orgullo, de razón y de ego. La Pachamama no tolera sujetos que imponen, sino cuerpos que se entregan a la ceremonia del estar.

Jack Kerouac, en su peregrinaje por las rutas norteamericanas, rozó la misma revelación. En su búsqueda de libertad y trascendencia, entendió que estar perdido puede ser la única forma de encontrarse con la totalidad. “Quizás estar perdido sea encontrarse con la totalidad”, susurra.

Una anarquía sagrada frente al colapso

En un mundo que todo lo mide y lo devora, la Pachamama representa una anarquía sagrada: no hay jerarquía que valga frente al río, ni patrón que ordene al trueno, ni Estado que contenga a la montaña viva. La tierra se defiende desde abajo, con raíces, con fuego, con comunidad.

América, entonces, deja de ser geografía para convertirse en destino espiritual. Es la oportunidad de renacer en un mundo donde el estar se vuelve acto de amor y desobediencia, donde se escucha a los abuelos, a los silencios, a los jaguares y a las madres que paren con hambre y esperanza.

Como decía Kusch: “en América, el hombre no ha nacido; está naciendo”. Y ese nacimiento no vendrá del progreso, sino del barro; no de la técnica, sino del temazcal; no del individuo, sino del nosotros; no del poder, sino del vínculo.

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