El 92% de los hogares argentinos está endeudado: por qué casi la mitad de las deudas no figura en el sistema financiero
El 92,3% de los hogares tiene deudas, pero casi la mitad no figura en los registros del Banco Central. ¿Qué hay detrás de ese número y por qué cada vez más familias recurren al fiado, al alquiler impago o a préstamos informales para llegar a fin de mes?
Un relevamiento del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) sacudió el tablero de la economía doméstica: el 92,3 por ciento de los hogares argentinos tiene algún tipo de deuda, pero casi la mitad de esas obligaciones (49,3 por ciento) no aparece en los registros del Banco Central. El dato obliga a mirar más allá de las tarjetas de crédito y los préstamos bancarios.
El estudio, que corresponde a la cuarta edición del informe sobre el "Nivel de Endeudamiento de los Hogares Argentinos", relevó 4.200 casos en todo el país entre el 25 de julio y el 15 de agosto. La muestra alcanzó a mayores de 18 años responsables del manejo financiero de sus hogares en las 23 provincias y la Ciudad de Buenos Aires.
¿Qué hay detrás del 49,3 por ciento que no se ve?
El informe del IETSE detalla que, del total de las obligaciones relevadas, apenas el 50,7 por ciento puede identificarse a partir de la información del Banco Central. Dentro de ese universo formal, las tarjetas de crédito representan el 31,1 por ciento; los préstamos de billeteras virtuales, financieras y prestamistas regulados, el 10,2 por ciento; y las obligaciones con entidades bancarias (excluidas las tarjetas), otro 9,4 por ciento.
Pero la otra mitad se esconde en compromisos que no siempre se piensan como deuda financiera. El principal componente es el fiado en comercios de proximidad, con el 13,3 por ciento; le siguen los alquileres de vivienda, con el 12,5 por ciento; impuestos, tasas y expensas, con 8,5 por ciento; préstamos familiares, de amistades o prestamistas no regulados, con 4,7 por ciento; servicios de empresas privadas, con 4,3 por ciento; educación privada, con 2,2 por ciento; deudas sin especificar, con 2 por ciento; y servicios públicos, con 1,8 por ciento.
El orden de esos porcentajes muestra que una parte significativa de la deuda no se origina en la decisión de financiar una compra extraordinaria o acceder a un préstamo para invertir. Aparece, en cambio, vinculada con gastos que forman parte del presupuesto habitual de una familia: el alquiler, los alimentos comprados a cuenta, las expensas, los impuestos, los servicios y la educación.
El crédito para comer: la nueva función de la deuda
El IETSE señala que el 62,5 por ciento del uso de las tarjetas se destina a la compra de alimentos, frente al 61 por ciento registrado en marzo de 2026, 58 por ciento en 2025 y 54 por ciento en 2024. Es decir, el principal destino del crédito plástico no está asociado a consumos extraordinarios, sino a una necesidad básica.
El informe plantea que "cuando el crédito se utiliza para adquirir alimentos, revela una situación diferente: el crédito pasa a complementar un ingreso que resulta insuficiente para cubrir necesidades esenciales". En consecuencia, la tarjeta deja de funcionar únicamente como un mecanismo para adelantar una compra y comienza a ocupar un lugar dentro de la administración mensual del presupuesto.
Si una familia toma un préstamo para comprar un bien durable y cuenta con ingresos suficientes para afrontar las cuotas, el endeudamiento puede ser una decisión financiera planificada. Cuando la tarjeta, el fiado o un préstamo sirven para completar el dinero necesario para comprar alimentos o pagar una factura, la deuda adquiere otra función: permite sostener en el presente un nivel de consumo que los ingresos corrientes no consiguen financiar.
Más deudas por hogar y menos margen para nuevos gastos
El 28,4 por ciento de los hogares endeudados acumula más de tres deudas, contra 23,5 por ciento en marzo de 2026, 12 por ciento en mayo de 2025 y apenas 8 por ciento en julio de 2024. En el extremo contrario, los hogares con una única deuda se redujeron al 10,8 por ciento, desde el 14,7 por ciento de marzo, el 23 por ciento de 2025 y el 35 por ciento de 2024.
El cambio muestra que no se trata solamente de una mayor utilización de una fuente de crédito, sino de una combinación de mecanismos. Una familia puede utilizar la tarjeta para comprar alimentos, recurrir a una billetera virtual para cubrir un gasto inesperado, quedar debiendo parte del alquiler, comprar mercadería fiada y postergar una factura de servicios. El propio IETSE describe esa transformación como un pasaje "desde un endeudamiento puntual hacia una modalidad de endeudamiento múltiple y fragmentado".
El foco en la morosidad
Según el relevamiento, el 88,9 por ciento de las deudas se encontraba impaga o incumplida en agosto de 2026, frente al 81,8 por ciento de marzo, 76 por ciento de mayo de 2025 y 63 por ciento de julio de 2024. Al mismo tiempo, el 41,3 por ciento de las deudas estaba en instancia judicial, mientras que las obligaciones en condición regular representaban apenas el 11,1 por ciento.
La acumulación de deuda tiene además una consecuencia directa sobre el ingreso disponible. El 44 por ciento de los hogares destina más de la mitad de sus ingresos mensuales al pago de deudas. El indicador era de 38 por ciento en marzo de 2026, 28 por ciento en 2025 y 18 por ciento en 2024.
Esto permite conectar la distribución de las deudas con el funcionamiento de la economía cotidiana. Si una parte creciente del ingreso se destina a cancelar obligaciones acumuladas, queda menos dinero para realizar nuevas compras, afrontar gastos corrientes, ahorrar o atender necesidades que todavía no fueron financiadas. El informe señala que "cuando una proporción creciente del ingreso debe ser destinada a cancelar obligaciones acumuladas, disminuye el dinero disponible para alimentación, vivienda, educación, salud, transporte, recreación, ahorro e inversión".
En ese punto, la composición del endeudamiento resulta relevante para discutir la situación económica de los hogares. El 13,3 por ciento de las obligaciones corresponde al fiado en comercios de proximidad y otro 12,5 por ciento a alquileres. No son categorías equivalentes a una tarjeta o un préstamo bancario, pero ambas expresan compromisos que deben ser afrontados con los mismos ingresos familiares. El fiado tiene, además, una característica particular: permite que una familia mantenga el acceso a bienes de consumo sin disponer en ese momento del dinero necesario para pagarlos. El almacén, el supermercado de barrio u otros comercios pueden terminar funcionando como una fuente de financiamiento informal de corto plazo.
Algo similar ocurre con los alquileres. Una deuda de vivienda no se presenta como un crédito tomado para consumir, pero genera una obligación mensual que, cuando se acumula, compromete una porción creciente de los ingresos futuros. El mismo razonamiento puede aplicarse a impuestos, expensas y servicios. Son gastos que no desaparecen porque no se paguen en la fecha correspondiente y que pueden convertirse en obligaciones acumuladas.
La educación privada representa el 2,2 por ciento del total de las deudas relevadas, mientras que los servicios de empresas privadas explican 4,3 por ciento y los servicios públicos otro 1,8 por ciento. Sumados, muestran otra parte del problema: la deuda de los hogares también se construye a partir de la postergación de pagos vinculados con servicios que forman parte del presupuesto mensual.
El IETSE sostiene que el fenómeno no puede ser explicado únicamente como resultado de decisiones individuales de los deudores. El informe vincula la capacidad de pago con la relación entre ingresos, precios, tarifas, salarios, empleo, crédito y condiciones de acceso al financiamiento. También plantea que la modificación de subsidios y tarifas puede aumentar el peso de los gastos fijos sobre los presupuestos familiares, mientras que una evolución de los salarios por debajo de los costos reduce la capacidad adquisitiva.
El 92,3 por ciento registrado en agosto es cercano al 91,7 por ciento de marzo, al 91 por ciento de mayo de 2025 y al 93 por ciento de julio de 2024. Sin embargo, durante ese período aumentó la cantidad de obligaciones por hogar, creció la proporción de deudas incumplidas y se incrementó el peso de los ingresos destinados a pagarlas. El dato más significativo, por eso, no es solamente que nueve de cada diez hogares tengan algún tipo de deuda. Es que una parte creciente de esas familias debe recurrir a más de una fuente para financiar su vida cotidiana y que casi la mitad de las obligaciones relevadas no queda reflejada directamente en los registros del sistema financiero.
El informe resume esa situación al advertir que "una familia puede no aparecer altamente endeudada en los registros financieros formales y, simultáneamente, encontrarse sometida a una fuerte presión económica por alquileres, servicios, impuestos, fiado, préstamos informales y otras obligaciones". La dificultad para salir del circuito también aparece en las expectativas. En agosto, el 47,5 por ciento de los hogares consideró que no podrá afrontar todas sus deudas, frente al 37 por ciento de marzo, 24 por ciento de 2025 y 18 por ciento de 2024. Otro 15 por ciento directamente no logra proyectar cómo será su situación financiera.