El 64,7% de los jóvenes más pobres no terminó la secundaria: qué revela el informe de la UCA

Un informe de la UCA revela que la desigualdad social condiciona el futuro de los jóvenes: la mayoría de los más pobres no termina la secundaria y el empleo precario se triplica. ¿Qué otros datos esconde el estudio?

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El 64,7% de los jóvenes más pobres no terminó la secundaria: qué revela el informe de la UCA
El 64,7% de los jóvenes más pobres no terminó la secundaria: qué revela el informe de la UCA

Un reciente informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA) expone una brecha educativa y laboral que golpea con dureza a los jóvenes de los sectores más vulnerables del país, en especial a los del Conurbano bonaerense. El estudio, titulado «Juventudes desiguales: entre la promesa y la exclusión», se elaboró con datos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (2021-2025) sobre jóvenes de 18 a 25 años.

La escuela, primera gran barrera

Las cifras educativas son contundentes: mientras que el 69% de los jóvenes del estrato medio alto inició o completó estudios universitarios o terciarios, el 64,7% de los jóvenes del estrato muy bajo no pudo finalizar la escuela secundaria obligatoria. En ese grupo, apenas un 9,8% logró acceder a la educación superior.

El informe subraya que las oportunidades de progresar no dependen del esfuerzo individual, sino que están fuertemente condicionadas por el origen socioeconómico. Esta fractura social se profundiza en las barriadas del Conurbano, donde la exclusión se vuelve más visible.

Trabajo precario y desempleo: la otra cara de la desigualdad

La inequidad educativa se traslada al mercado laboral. En la Argentina, solo el 14,2% de los jóvenes de entre 18 y 25 años tiene un empleo pleno de derechos. La calidad del trabajo empeora a medida que se desciende en la escala social: en el estrato medio alto, el 38,9% accede a empleos regulares y solo un 11,6% padece empleo irregular o desempleo reciente. En el estrato muy bajo, el empleo regular cae al 19,7%, mientras que el empleo precarizado o la desocupación reciente se triplican hasta alcanzar al 30,6%. Además, el desempleo de larga duración afecta al 14,9% de los jóvenes más pobres.

La desvinculación total de las instituciones también marca diferencias: el 34,2% de los jóvenes de los sectores más vulnerables no estudia ni trabaja (NiNi), mientras que en el estrato medio alto esa cifra baja al 8,3% y el 41,2% se dedica exclusivamente a formarse.

El «efecto cuna» y la salud mental

El informe destaca el «efecto cuna» o herencia laboral: cuando el jefe o jefa de hogar atraviesa subempleo o desocupación, las posibilidades de que los hijos sostengan sus estudios caen del 27% al 16,5%, multiplicando el riesgo de exclusión social.

Las privaciones materiales también impactan en la salud mental. Según datos de la UCA, el malestar psicológico alcanza al 28,5% de los jóvenes de sectores muy bajos, mientras que la falta de vínculos de amistad (15,7%) y las experiencias de violencia de género entre las jóvenes (19,4%) casi triplican las marcas de los sectores de mayor ingreso.

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